En el colmo de la inseguridad que hemos padecido en los últimos tiempos, la semana pasada un sujeto, presuntamente operador de un autobús urbano, fue ejecutado en el Centro Histórico de la capital oaxaqueña, a sólo unos pasos de la Alameda de León. Los autores –según testigos presenciales- fueron dos sujetos a bordo de una motocicleta quienes le dispararon al occiso. Ya se están haciendo comunes este tipo de prácticas por lo cual la capital del estado ha sido catalogada como una de las más inseguras de la entidad. Como mencionamos ayer, la ciudadanía ha aplaudido el operativo permanente que se montó en la zona del Mercado de Abasto. Pues bien, no estaría mal que dichos operativos se pongan de manera aleatoria o itinerante en diversos sitios de la capital y la zona conurbada, sobre todo en áreas en donde se presume abundan los antros, las cantinas, burdeles y otros sitios de poco sano esparcimiento. Para ejemplificar sólo tres: Santa Lucía del Camino, Santa Cruz Xoxocotlán y Santa Cruz Amilpas. En dichas demarcaciones las autoridades ponen como pretexto por la inseguridad, que no tienen los suficientes elementos para poder brindar seguridad a la población.
Amén del homicidio que apuntamos líneas arriba, el pasado sábado en la madrugada otro sujeto fue ejecutado a la altura del puente de “Cinco Señores”. Los autores materiales le dejaron una cartulina suscrita por conocido cártel criminal. El martes pasado, a raíz de las diferencias enconadas de los sindicatos que regentean el transporte concesionado, la Confederación Autónoma de Trabajadores y Empleados de México (CATEM) y el Sindicato Libertad, en virtud de la disputa por obras, se enfrascaron en un enfrentamiento violento, dejando dos personas muertas por impacto de bala. La seguridad en Oaxaca –lo hemos dicho muchas veces- es una falacia. Lamentablemente todo apunta a que seguiremos así pues por lo que se ve, no hay un convencimiento pleno de las autoridades respecto al problema. Vivimos tiempos violentos en los cuales ni el propio centro de la ciudad ha quedado exento de acciones criminales, como son las ejecuciones. Miles de ciudadanos han manifestado en redes sociales y otros medios, que ya no se atreven a pasear por el Centro Histórico o acudir a atender sus asuntos personales, pues han visto con preocupación que la delincuencia anda desatada, en tanto que a las autoridades les importa un comino la desconfianza o el temor de la ciudadanía ante este clima de violencia y muerte.
¿Combate a la corrupción?
Según boletín emitido por el Comité Coordinador del Sistema Estatal de Combate a la Corrupción de Oaxaca (SECCO), la lucha contra este flagelo en la entidad va en serio e incluso aprobaron enviar exhortos a ciertas áreas que han sido balconeadas en medios impresos y digitales, sobre presuntos actos de corrupción. Sin embargo, poco se dijo de esta práctica que se lleva a cabo de manera subrepticia en otras áreas en donde lo ilícito va aparejado con lo institucional. Aunque se busca por todos lados otorgarle la autonomía operativa, presupuestaria y financiera para la Fiscalía Anticorrupción, ésta ha dejado mucho qué desear luego de los procesos fracasados en los cuales los indiciados y procesados, prácticamente salieron en libertad y exonerados, como es el caso del ex titular de la Secretaría de Vialidad y Transporte (SEVITRA), del gobierno anterior, Carlos Alberto Moreno Alcántara. El órgano colegiado, del que forman parte instituciones como la Secretaría de la Contraloría y Transparencia Gubernamental, el Órgano Superior de Fiscalización del Estado (OSFEO), el Instituto de Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (IAIP), entre otros, debe caminar al tenor de las medidas de austeridad a que convocó el gobierno federal, que tal parece que en Oaxaca simplemente no aplica.
Más allá de los exhortos para evitar prácticas ilícitas también deben ponderar la racionalidad en el gasto público. No se puede justificar que sólo en el primer trimestre de este año se hayan gastado más de 93 millones de pesos en pasajes aéreos o que las giras de trabajo del ejecutivo se coticen de manera espectacular. Los excesos son también corrupción o apartarse de la dinámica nacional para hacer de nuestra entidad una ínsula aparte. Otro de los temas que se han omitido tratar es la cantidad de efectivos policiales que se ocupan de andar cuidando funcionarios o a sus esposas. Es uno de los vicios más arraigados en esta administración, sin que nadie levante la voz para detener este gasto innecesario y absurdo. Si la inseguridad es un flagelo que sigue lastimando al pueblo oaxaqueño, qué hacen cientos de elementos de la Agencia Estatal de Investigaciones (AEI) y de la Policía Estatal, llevando bolsas de mandado o niños a la escuela. Esta práctica también es corrupción, pues es utilizar recursos humanos que significan erogaciones importantes del erario. En fin, hay demasiados temas para que el Sistema Estatal Anticorrupción pueda abordar.


































