A casi seis meses de haberse estrenado la nueva administración municipal, no se atisba por ningún lado una solución al problema del comercio en la vía pública, que amenaza con invadir espacios que han estado a salvo de dicho problema social. Como lo comentamos en nuestras páginas el pasado sábado, hay personas que han encontrado en dicho comercio una forma de ganarse la vida, lo cual es correcto. Lo grave es que lo hagan pagando elevadas cuotas a dirigentes y vivales que lucran con los espacios públicos. El ambulantaje es un flagelo en las grandes ciudades y Oaxaca no puede estar al margen. No obstante, mientras el edil anda de viaje, cuestión que mucho se le ha criticado, el comercio en la vía pública sigue creciendo de manera anárquica y sin control, al no haberse impuesto medidas que contribuyan a evitar ese crecimiento. Nada se sabe del famoso censo que habría realizado el Ayuntamiento de la capital, menos del diálogo con aquellos (as) que controlan a los ambulantes. Se sabe, y ello lo hemos expuesto en este mismo espacio, que para acotar este flagelo hay que realizar una labor coordinada con el gobierno estatal, habida cuenta de que en este negocio tienen metidas las manos grupos criminales que operan asimismo en la zona del Mercado de Abasto.
No obstante lo anterior, lo que llama la atención es la apatía con la que el gobierno municipal ve las cosas. Tal parece que no le preocupa que lleguen las fiestas de julio, que ya están en puerta, y el turismo que nos visita se lleve una pésima imagen de nuestra capital. Baches por doquier, basura regada en parques y jardines; indigentes que le dan una imagen deplorable a nuestro Centro Histórico, que ahora ocupan atrios de iglesias y el mismo zócalo de la capital para pernoctar o hacer sus necesidades. Una y otra vez hemos mencionado en este espacio editorial la urgencia de desalojar, con la supervisión de la Defensoría de los Derechos Humanos del Pueblo de Oaxaca (DDHPO), el zócalo de la capital, convertido en dormitorio y baño público. No hay razón para dejar que dicho espacio se pierda, ya de por sí invadido por el comercio ambulante, por temor a violentar las garantías individuales de indigentes y alcohólicos que ahí viven. Tanto para el turismo como para los propios citadinos, es un exceso, producto de la apatía y la abulia oficial seguir permitiendo esta situación.
Situación crítica
La industria local de la construcción arrastra una severa crisis. Ya lo hemos dicho en este mismo espacio editorial. Pese a la millonaria suma de inversión y aportaciones del gobierno federal, dicha industria, hasta hace pocos años pujante, refleja pobreza y temor. En entrevistas realizadas por aparte con dirigentes de dicho sector, revelan la difícil situación que enfrentan, de tal manera que muchos constructores han decidido emigrar ante la falta de oportunidades que existen en el actual gobierno. No es una afrenta a la administración de Alejandro Murat reconocer que a lo largo de 2 años y medio de gestión, no hay una sola –insistimos, una sola- obra digna de ser reconocida. Todo se ha ido en minucias y obras sin gran trascendencia. Se habla mucho, eso sí, de proyectos de gran envergadura, como la construcción del Centro Cultural, en donde existió alguna vez el Teatro “Álvaro Carrillo”, sin embargo no se ha avanzado un ápice. Algunos grandes proyectos como las súper carreteras al Istmo y a la Costa, tampoco se han convertido en expectativas reales para la industria de la construcción.
En algunas áreas como el Instituto Oaxaqueño de Construcción de Infraestructura Física, Educativa y Deportiva (IOCIFED), se comenta que se dieron obras a granel al principio de este gobierno, muchas de las cuales no fueron terminadas y si lo fueron, aún no se termina de liquidar a los contratistas. Un caso similar ocurre con la reconstrucción luego de los sismos de septiembre de 2017. Hay grandes pendientes pero en muchos sentidos se ha optado por contratar empresas foráneas provocando una severa crisis en la industria local. Ésta pues, está peor que en los años en que gobernó la entidad Gabino Cué, cuando era un escándalo el otorgamiento de obras a no más de cinco constructoras foráneas. Hay quienes advierten en el horizonte un deseo insano y perverso de afectar a dicho sector oaxaqueño. Por lo pronto sólo podemos decir que no se atisba por ningún lado que las cosas vayan a mejorar. Miles de empleos directos e indirectos se han perdido, pero sobre todo, miles de familias se han quedado sin sustento diario, justamente porque albañiles, maestros de obras, chalanes y hasta contratistas se han quedado sin trabajo, ante la mirada complaciente del gobierno estatal. El tiempo se acorta y de seguir así, la actual administración pasará a la historia sin haberle dejado a sus gobernados, más que minucias.


































