Nuestra insistencia en el tema de la inseguridad no es una invención ni, mucho menos un propósito insano de cuestionar al gobierno. No. Es sólo poner en la mesa de las decisiones institucionales una problemática lacerante que, en esos círculos, pareciera ser de menor importancia. Hace un par de semanas trascendió que la llegada de la Guardia Nacional a Oaxaca no sería pronto, habida cuenta de que, según las mediciones del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), nuestra entidad no registra aún cifras preocupantes en materia de inseguridad. Esto es, volvemos a los lugares comunes de regodearnos en dichas mediciones para no reconocer lo que realmente ocurre en Oaxaca, como si el estado estuviera ya blindado de por vida en comisión de crímenes y otros ilícitos. Por ejemplo, la semana pasada, de los más de 12 o tal vez más homicidios dolosos registrados, hubo algunos que tuvieron un impacto brutal en las redes sociales. En menos de 24 horas en la región de Tuxtepec fueron ejecutadas tres personas. Más aún, el viernes por la mañana, en la zona triqui perteneciente a Santiago Juxtlahuaca, desconocidos ejecutaron a tres personas, incluyendo una mujer. Y otras tres más en Jalapa de Díaz, el pasado sábado, además de otra el lunes.
A pesar de la crítica que se ha volcado sobre las redes, particularmente por la difusión de las llamadas “fakenews” y la inmediatez de las noticias, han sido en los últimos tiempos un mecanismo eficaz para casos de emergencia y siniestros. Las autoridades no tienen control sobre lo que se difunde. He ahí el porqué en cuestión de minutos la noticia ya invadió la red, de tal manera que aunque las dependencias responsables de otorgar seguridad no lo quieran admitir, los hechos están ahí, a la vista. Los casos que comentamos líneas arriba y de muchos otros más, se han dado a conocer en las redes sociales. No obstante la situación, preocupante para quienes viven en la Cuenca o el Istmo; la Costa o los Valles Centrales, ya es tiempo de que en el gobierno estatal deje la modorra y la comodidad y actuar en consecuencia. La inseguridad ha tocado las puertas de la ciudad con dureza. ¿Cuándo se había visto que un centro de rehabilitación fuera baleado y hasta dejaran una granada? Jamás. Pero ya ocurrió y no hay que permitir que esta situación se siga dando. Que la confianza en las supuestas mediciones que nos ubican como una entidad segura, no sea instrumento para incumplir con la responsabilidad del Estado de proteger la vida y la propiedad de los ciudadanos.
Vialidad en entredicho
Pese a los constantes operativos y alcoholímetro para sacar dinero que disponen las autoridades estatales y locales, en realidad el consumo de alcohol no es el único factor de accidentes mortales. Hay un total relajamiento para cumplir con un añejo Reglamento Municipal, que muchos no conocen porque las mismas autoridades se han encargado de esconderlo o nunca publicarlo. Un fenómeno que se observa a diario es el de motociclistas que conducen sin casco protector o que llevan detrás a niños o mujeres, a veces dos o tres. Sin ninguna precaución conducen a velocidad por calles y avenidas, incluso el Periférico o los cuatro carriles del Cerro de El Fortín, sin que nadie los detenga o sancione. Es decir, lo hacen una y otra vez y no pasa nada. Adicionalmente no hay campañas de vialidad, de respeto al peatón, al ciclista, al motociclista. No obstante que ya se ha vuelto parte de la conciencia colectiva el “uno por uno” o “primero tú, luego yo”, hay aún cientos de automovilistas que no lo respetan, no obstante la existencia de señalamientos que así lo indican. Esto, que empezó como una iniciativa ciudadana, se ha ido materializando haciendo el flujo vial más ágil. Pero, insistimos, hay aún resistencia.
Otro de los graves problemas que minimizan las autoridades es la persistencia ciudadana a estacionarse en doble fila. Nadie es sancionado por este ilícito, que en ciertas horas del día se convierte en un serio problema de vialidad. No pasa lo mismo con aquellos que invaden los espacios destinados a personas con capacidades diferentes. Es más, se observa a elementos de Vialidad Municipal materialmente cazando a los infractores, que pueden evadir la sanción administrativa con una lana. La escasez de estacionamientos y la falta de regulación de éstos en torno a los cobros, hace que muchas personas recurran a buscar en la calle un lugar para estacionar su vehículo, pese a los riesgos de cristalazos y robo de baterías u otras partes. Los abusos en los estacionamientos llegan a niveles intolerables, desde los que cobran hasta 25 pesos la hora o fracción hasta otros más moderados. El ayuntamiento de la capital no se ha tomado la molestia de regular los estacionamientos, algunos de los cuales funcionan incluso en plazas comerciales, con cobros que muchos consideran indebidos. Pero nada se ha hecho a la fecha y seguimos como un pueblo anárquico y sin leyes que rijan la convivencia ciudadana.

































