Nada será más pernicioso para la educación pública del país que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador siga cediendo espacios ante el chantaje que ha montado la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) y su punta de lanza, el Cártel 22. La primera condición que debieron haber impuesto el Jefe del Ejecutivo federal y el Congreso a los mentores que bloquearon los accesos al edificio legislativo de San Lázaro fue haber permitido la discusión de la iniciativa de Reforma Educativa, pues no es posible aprobar una tan importante a través de presión y chantaje. Ningún legislador o legisladora puede emitir un voto bajo la amenaza de que no podrá entrar o salir del recinto. Ese juego ya no debe permitirse en todo lo que concierne a la política educativa.
Al final de todo surgió el móvil que siempre hemos mencionado en este espacio editorial: el Cártel 22 insiste en mantener sus privilegios y en manejar a su arbitrio plazas y nómina, lo cual no es ni debe ser, conforme a derecho, su competencia. A nivel nacional el magisterio oaxaqueño quedó exhibido en sus ambiciones, al exigir 5 mil 500 plazas, que el Estado de ninguna manera le debe conceder.
El magisterio disidente oaxaqueño ha devenido en los últimos años un verdadero Cártel delictivo. Opera bajo mecanismos de terror, chantaje e intimidación, con los que pretende mantener sus privilegios y nichos de confort. Desde que el ex gobernador Heladio Ramírez López les entregó el control del Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca (IEEPO), aquel mes de octubre de 1998, creyeron que dicho coto lo podrían mantener eternamente, es decir, lucrando con plazas docentes, horas/clase, salarios, prestaciones, promociones, premios y castigos.
Es decir, se amañaron y pretender seguir con esas prácticas, no obstante lo que ya apuntó el presidente López Obrador: eso es corrupción. Precisamente por ello, desde la trinchera que representa este espacio editorial de EL IMPARCIAL. El Mejor diario de Oaxaca, hacemos un llamado a los Poderes Ejecutivo y Legislativo, para no ceder en absoluto nada de aquello cuya responsabilidad sea del Estado. Otorgar el manejo de plazas y nómina a la Sección 22 será un craso error. Todo mundo en México sabemos que dicho gremio está cebado en prácticas nocivas de extorsión, simulación, corrupción y demagogia.
Un espectáculo pésimo
La indolencia e irresponsabilidad de algunos ciudadanos, además de la falta de sanciones para castigar a quien lo haga, ha contribuido a que nuestro Centro Histórico luzca cada vez más sucio y maloliente. Personas sin escrúpulos a quienes les da flojera esperar al camión recolector y depositan la basura en las esquinas, junto a comerciantes en la vía pública que han hecho de nuestros espacios comunes su patrimonio, contribuyen a este espectáculo pésimo que recibe los turistas y los propios oaxaqueños, al cruzar el zócalo de la capital.
En este espacio editorial y en las páginas de EL IMPARCIAL. El Mejor diario de Oaxaca, hemos sido recurrentes en denunciar la situación tan penosa que representan nuestros antes emblemáticos espacios públicos. Sin embargo, vemos con preocupación que no hay respuesta de parte de las autoridades, quienes se hacen simplemente las desentendidas en tanto que el problema sigue creciendo. El pasado fin de semana, gracias a una iniciativa ciudadana, un grupo de citadinos se dieron cita para hacer un tequio por el Centro Histórico. Cabe señalar que lo mismo hizo el edil, Oswaldo García Jarquín en San Felipe del Agua, cuando acudió con los vecinos a limpiar.
No obstante, lo que da un espectáculo en realidad triste y deprimente, es la presencia de decenas de alcohólicos e indigentes, que se han apropiado prácticamente del zócalo de la capital. Pese a las constantes denuncias de la sociedad civil o de ciudadanos comunes, el gobierno de la capital no ha movido un dedo para convencer a los que ahí viven, pernoctan o hacen sus necesidades fisiológicas, para irse a otro lugar o acondicionarles otro espacio para que dichos enfermos de alcoholismo, puedan seguir en lo suyo sin afectar la imagen visual del corazón de la ciudad. En efecto, vivimos en un país de libertades y cada quien puede hacer de su vida lo que le plazca, siempre que sus actos no afecten a terceros. Y el caso de los indigentes que se han afincado en el zócalo, sí afectan a la ciudadanía, habida cuenta de que el turismo es uno de los pivotes de la economía oaxaqueña.
Por el lado que quiera verse, es importante que las autoridades municipales tomen medidas ante esta situación, imponiendo sanciones a quienes depositan la basura en la calle, a aquellos que insisten en hacer del Centro de la ciudad un gigantesco tianguis y a desalojar a enfermos alcohólicos e indigentes que ahí perviven, dotándolos, de ser posible, de otro espacio.

































