El tema de la inseguridad ha sido recurrente en este espacio editorial. Parte del elevado índice de criminalidad que se ha dado en el estado, tiene que ver con la falta de políticas de prevención y de la apatía de los responsables de las áreas gubernamentales respectivas.
Las zonas geográficas de mayor incidencia han sido las ya conocidas de Tuxtepec, Juchitán y los Valles Centrales, sin que ello implique que sólo ahí se cometen ilícitos. Figura asimismo la zona de Matías Romero y Santa María Petapa; Asunción Ixtaltepec y comunidades cercanas, en donde el robo de gasolina se ha convertido en móvil favorito de los grupos criminales para ejecuciones y otros ilícitos. Sin embargo, uno de los delitos que no han cesado desde la administración pasada es el asesinato de mujeres, llámese feminicidios o simplemente crímenes cometidos por cuestiones de género.
En la edición del pasado domingo, en EL IMPARCIAL. El Mejor diario de Oaxaca, dimos a conocer que en lo que va del año, se han cometido treinta homicidios de esta naturaleza. El más reciente fue en la comunidad de Santa Cruz Tacache de Minas, Huajuapan de León, en donde una mujer fue asesinada por su pareja, en tanto que la hija de 17 años de edad, resultó gravemente herida.
Vale la pena subrayar que el crecimiento en este tipo de ilícitos es mayor a la actuación de la Fiscalía General del Estado que, pese a las críticas, ha logrado echarle el guante a varios de los presuntos responsables. No obstante, el catálogo de hechos que han quedado en la impunidad es impresionante. Los asesinatos de mujeres, sean por violencia intrafamiliar, por cuestiones de género o por hechos criminales vinculados a la delincuencia organizada siguen al alza.
Las protestas en contra de las autoridades se han hecho algo común, como las marchas realizadas el pasado 8 de marzo en ocasión del “Día Internacional de la Mujer” y decenas de mujeres tiradas en el piso simulando estar muertas, en el Andador Macedonio Alcalá. Justamente esa noche, una fémina fue acribillada por desconocidos en un bar de San Antonio de la Cal, en tanto que otra resultó herida.
Se entiende que las autoridades hacen su trabajo y que tal vez no haya los recursos suficientes para acotar dicho ilícito, pero hay indicios de que el mismo ha rebasado la capacidad institucional. Las redes sociales han sido un instrumento eficaz no sólo para la protesta o la descalificación del gobierno, sino también foro de denuncia para encontrar a los presuntos responsables.
Elefantes blancos
Las famosas rutas turísticas han sido hasta hoy un rotundo fracaso, desde hace al menos cuatro sexenios. Un ejemplo es la llamada Ruta Dominica, que llevaría a los visitantes del país y el extranjero por los ex conventos de la Mixteca oaxaqueña: San Pedro y Pablo Teposcolula, Coixtlahuaca y Yanhuitlán. Para este efecto, tal como lo publicamos en nuestra nota principal el pasado domingo, se construyó con una inversión millonaria, un parador turístico en esta última comunidad, obra del hermano de quien entonces era gobernador del Estado: Ulises Ruiz.
La crítica se volcó sobre lo que entonces se calificó como un conflicto de intereses. Sin embargo, la obra quedó terminada para estar poco tiempo después sumergida en el abandono. De la famosa Ruta Dominica sólo el recuerdo, al igual de otra que fue planeada desde el gobierno de Heladio Ramírez (1986-1992), que fue la llamada: Ruta a la Ciudad de los Muertos, que significaba hacer un recorrido de la Ciudad de Oaxaca, pasando por El Tule, Teotitlán del Valle, Tlacolula y hasta Mitla. Jamás se ha concretado como un proyecto turístico que sea rentable. Por fortuna, para éste no hubo desembolso millonario como para la primera.
El directorio de elefantes blancos, obras a medias y motivo de millonarias inversiones está en decenas de hospitales que en su momento fueron un proyecto importante, pero que al cambiar de administración fueron dejados en el abandono. Por todo el estado se pueden observar cascarones de lo que serían hospitales, pero que jamás se han concluido, mucho menos tomados en cuenta para reconstruirlos. Con paredes, cimientos y techos de concreto, han sido ocupados por indigentes o son refugio de fauna nociva. Un buen proyecto gubernamental sería la revisión de dichas construcciones y hacerlas funcionar. Pero no. Sólo sirven para exhibir a quienes se desempeñaron en el pasado y echarles la culpa.
El mejor ejemplo de ello es el edificio de Yanhuitlán, cuyo costo fue mayor a los 20 millones de pesos, prácticamente tirados a la basura. Es necesario rehabilitarlo y darle otro uso. Es dinero del pueblo que por una mala decisión política no se previó su fin anticipado e inoperancia.
Pero nada se gana con echar la cinta atrás y responsabilizar al pasado, sino que viendo hacia delante darle un uso adecuado. Ahí podría funcionar un instituto de capacitación turística, musical, de rehabilitación de inmuebles coloniales, etc. Pero hace falta voluntad política para ello.

































