Para saber dónde estamos hoy, es necesario saber cómo llegamos a este lugar, a este momento, a esta circunstancia, saber de dónde vinimos, cuál es nuestro origen, dónde está nuestra raíz, dónde está el tronco, o como decían nuestros abuelos, ¿dónde está enterrado tu ombligo?
Tengo información documental de que hace 494 años ya se celebraba el Jueves de los Compadres.
Genaro V. Vásquez cuenta que en un testamento de 1525 escrito en zapoteco y que se encuentra en el Archivo de la Nación en la Ciudad de México, tres encomenderos, uno de El Marquesado, otro de San Martín Mexicapan y otro de Xochimilco para cumplir una promesa hecha al Señor de Santa María de la cual eran devotos, tenían la costumbre de servir personalmente la comida a sus trabajadores el jueves anterior al Miércoles de Ceniza.
Para esta celebración los tres patrones y sus trabajadores se reunían en el barrio de El Marquesado y se rotaban el puesto de quien encabezaría el festejo.
La fecha del documento fuente es cercana a la invasión de los españoles por lo tanto, estos hacendados debieron ser españoles que despedían el uso de la carne del cuerpo y de la mente para guardar estrictamente, como era costumbre en ese tiempo, la vigilia de la cuaresma que inicia el miércoles de ceniza.
Esta costumbre se vino repitiendo desde entonces hasta convertirse en una tradición que los habitantes de la villa de Santa María Oaxaca siguen celebrando hasta nuestros días para celebrar la fiesta religiosa del santo patrón del barrio; el Señor de Santa María.
La fiesta consta de dos partes, la religiosa que se celebra dentro del templo con los oficios religiosos y la que se celebra en el exterior, en el atrio, en el curato, en la casa del mayordomo y en las calles del barrio alrededor del templo.
En 1908 el pueblo independiente de Santa María Oaxaca, “también conocido como El Marquesado” por un decreto del gobernador Emilio Pimentel, el 8 de diciembre de 1908, pasó a formar parte del Municipio de Oaxaca de Juárez como cuartel noveno.
Desconozco cuándo se incorporó la Danza de los Jardineros que era propia del barrio o tal vez sea, en tiempo presente, ¿es? De niño y hasta mi adolescencia le llamamos los danzantes y para nosotros era la única danza que conocimos; nunca supe de dónde venían pero bajaban por el callejón al panteón hacía calzada Madero cargando un poste de 3 metros de largo y que en uno de sus extremos estaba coronado por una granada roja.
Conocí a Fernando, el Rezador porque era trabajador de papá Nufo, mi abuelo materno y era uno de los danzantes, con su hermano Ramón; a Melitón Rojas, al Coralillo, a Mingo el lechero; ensayaban en la casa de don Elías López en Calzada Madero 531; en su patio había un sabino y dos laureles de la india y bajo su sombra ensayaban dirigidos por Mingo el del paliacate rojo, que era su capitán.
Era una danza ritual que bailaban 24 hombres de los cuales doce se disfrazaban de mujeres; el baile se divide en dos grupos, el de los moros y el de los cristianos, quienes se clasifican en pareja de Reyes, Capitán Primero, Capitán Segundo, los peones y una pareja que representan al escribano. Bailaban para pagar una promesa hecha al Señor de Santa María por los favores recibidos durante el año.
Acompañados de la banda de música bailaban durante horas interminables en el atrio del templo polka, vals, shotis, mazurcas, varsiviana, danzas, cuadrillas, paloteo, tecomateo y jotas. Bailaban con sus huaraches de uso diario y algunos pasados de cucharadas para poder aguantar.
El rey cristiano y el rey moro acompañados de sus reinas portaban sus coronas. Los que se vestían de mujer: usaban máscaras de cartón, las únicas que había entonces
Los sombreros eran los sombreros normales de palma de la mixteca que conocemos y que pintaban de negro, y para darle el toque femenino los adornaban a la mitad del lado derecho con plumas de guajolote.
Chalecos cortos de charmes color verde, abiertos, sin botones y con un golpe de lentejuelas en las orillas. Sus faldas eran cortas y del mismo color. Las blusas y camisas eran blancas, amarillas y azules. Usaban medias de hilo color carne y para que no se cayeran, hacían una bolita que iban retorciendo hasta que quedara ajustada y luego la metían en la misma media.
La comida se servía en cuatro mesas largas bajo la sombra de los laureles de dónde vinimos y en todo caso adaptarnos a los tiempos actuales, a las nuevas circunstancias y necesidades.



































