Desde el fondo de su corazón Tata le dijo: “María del Carmen, eres un sol y debes aprender a brillar, a dar luz y calor a todos los seres vivientes a través de pequeñas, constantes y trascendentes gotas de miel; guarda estas palabras en tu mente y en tu corazón porque algún día las comprenderás y entonces deberás ponerlas en práctica por amor a la humanidad”.
Esta es la historia:
Una tarde Came estaba en el regazo de Lita y le pregunto: “¿Lita cómo puedo ser un sol?” “mi vida, yo no te puedo contestar esa pregunta, daría todo lo que tengo por poderlo hacer”; a continuación hizo otra pregunta “¿Nono fue un sueño?”, “No mi vida, no fue un sueño, él realmente te quiso mucho y al marcharse te dejó la fuerza que te acompañará siempre”.
Mira: ya tienes tres años y debes ser presentada en el templo; vuela a la colmena que está en el viejo ahuehuete del Marquesado y pregunta por el maestro, él contestará tus preguntas y aclarara todas tus dudas. El viejo ahuehuete había sido quemado por un rayo y en el hueco estaba la colmena que llamaban Redención.
Era el inicio de la primavera, el maestro conversaba en calles y plazas públicas haciendo preguntas para que cada quien encontrara su propia verdad, y repetía que sólo sabía una cosa: “que no sabía nada”. También enseñaba en la orilla del río Atoyac, pero la mayor parte del tiempo, enseñaba en la rosaleda del Ojito de Agua y hasta allí voló Came.
Y allí estaba el maestro en la plazoleta, de pie y rodeado por una parte inmensa de la gran colmena; su vestido era un taparrabo blanco, de algodón tejido por él; del hombro izquierdo colgaba un manto blanco, también hecho por él, doblado a lo largo, sólo le tapaba el hombro y sostenía con el antebrazo del mismo lado.
Todas escuchaban únicamente la voz interior; se percibía el espíritu de la colmena que señaló que era hora de recibir a Came en el templo. Sería una presentación a cielo abierto. En silencio los maestros formaron un círculo; sus compañeras se colocaron en un segundo círculo y las obreras se situaron en un tercer círculo.
Came portaba un vestido largo, blanco. Por primera escuchó una voz interior que le ordenaba que se colocara de pie en el ámbito sagrado. Así lo hizo en una actitud profundamente receptiva y percibió, por revelación, la sabiduría cósmica en su forma más pura.
Al terminar la cesión se acercó el maestro y ciño sus sienes con una guirnalda de flores blancas.
La voz interior que llaman el Espíritu de la Colmena le dijo: “para la gran colmena es un día trascendente porque perdurará a través del tiempo; Came este es el camino para llegar al Jardín Secreto en el que florecen las acacias”.
Con emoción y una mirada que iluminaba todo preguntó: “¿Tata, soy un sol?” y antes de recibir la respuesta volvió a preguntar: “¿Puedo fabricar miel?
“Si eres un sol; la razón por la que nos llaman hijas del sol es porque siempre buscamos la luz, y moviendo la cabeza afirmativamente contesto la segunda pregunta: sí puedes producir miel y debes hacerlo; ten en cuenta que para que logres elaborar una sola gota de miel es necesario que sepas primero lo que es una abeja”. “Somos los seres vivientes más grandes del universo”. “Las reinas de la creación”. “Cuando aprendemos a volar nos hacemos transparentes y entonces sucede el milagro: todos pueden ver el sol que llevamos dentro”.
“Aprender a volar no es fácil, para hacerlo tienes que ser estudiosa, inteligente, trabajadora, constante y humilde. Una abeja sabe guardar silencio, no pregona a los cuatro vientos lo que es; tiene sentido común, sabe cuáles son sus limitaciones; es libre y ejerce su derecho a la libertad renunciando voluntariamente a ella, cuando lo que importa es el bien de la colmena, no el individual; es paciente y espera su turno; aprende estudiando, observando, escuchando; es activa; práctica —esta es la mayor virtud—; es tenaz, perseverante; es un sol, no un reflejo; da luz para todos”.
“Came, cada palabra la iras descifrando poco a poco, a medida que vayas creciendo y vayas aprendiendo. Cuando te des cuenta del proceso total de ti misma, poco a poco escucharas una voz en tu interior que te guiará en toda su vida; cuando obedezcas esta voz, empezaras a volar hacia el Jardín Secreto donde florecen las acacias y producirás, para todos, gotas de miel indispensable para la paz y la salvación de la humanidad”.
“Recuerda siempre que si sabes a dónde vas, encontrarás el camino”
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