El 23 de diciembre es una noche para admirar un espectáculo único en donde los protagonistas son los rábanos.
Desde finales del siglo XIX, en el centro de la capital oaxaqueña tiene lugar la llamada Noche de Rábanos.
En ella, los ciudadanos realizan creativas figuras hechas con rábanos, con el fin de vender los productos y realizar concursos de esculpir figuras en estos vegetales.
El primer concurso fue organizado a instancias del entonces presidente municipal Don Francisco Vasconcelos.
Desde entonces, las figuras caprichosas de los rábanos, la filigrana de la flor inmortal y la suave textura del totomoxtle son sometidas por nuestros artesanos a formas simbólicas que recrean escenas tradicionales del patrimonio cultural.
Recordaron cómo el antiguo mercado de flores y legumbres fue el primer escenario en el que los horticultores de Trinidad de las Huertas destacaron el colorido, texturas y aromas de hortalizas y demás vegetales que se consumían en la comida de abstinencia del 24 de diciembre.
Esta celebración ascética, junto con las calendas y la Misa de Gallo, eran las festividades navideñas del siglo XIX.
Para las autoridades es un honor el celebrar la tradición que ha perdurado a través de más de cien años, una fiesta de creatividad e ingenio que llena de colorido el zócalo de la ciudad.






































