Ya es parte del discurso oficial durante el gobierno de Alejandro Murat, insistir en el tema de las inversiones. Sin duda alguna se trata de los buenos propósitos del ejecutivo estatal. Oaxaca, en efecto, tiene vastos recursos en donde los inversionistas pueden buscar rentabilidad para sus capitales. No obstante, parece siempre omitirse que nuestra entidad está considerada como un lugar en donde permea la inseguridad, la inestabilidad política y la perpetua protesta social. No está por demás subrayar que uno de esos polos de desarrollo que figuran entre las zonas que pueden ser susceptibles de nuevas y cuantiosas inversiones es el Istmo de Tehuantepec. Sin embargo diario, sin faltar un solo día, circulan en las redes sociales, fotografías de ejecuciones, homicidios, asaltos carreteros y bloqueos de organizaciones y grupos. ¿Cómo asegurar el flujo de las inversiones en un ambiente pernicioso e inseguro? Antes fue sólo Juchitán de Zaragoza, pero el problema se ha extendido a otras cabeceras como Tehuantepec o Salina Cruz, por decir sólo dos. En esta ciudad y puerto por ejemplo, hay datos sobre ejecuciones recientes, ello sin contar con las mafias del transporte, que hacen imposible cualquier beneficio social o económico.
Otra de las regiones con gran atractivo para los capitales es la Cuenca del Papaloapan, hoy mismo desangrada por cientos de muertos. La presencia de grupos criminales disputándose la plaza es un secreto a voces. Ya es común ver ejecuciones en plena vía pública y a la luz del día. Sicarios que penetran a zonas habitacionales con su mensaje de muerte. En la misma Cuenca y en comunidades vecinas de Veracruz, la matazón es infame. No hay un solo día en que no trasciendan hechos criminales. Esta rica región se contaminó por completo de mañosos y sicarios. De esta suerte pues, no se les puede engañar a quienes pretenden arriesgar sus capitales en Oaxaca, con el señuelo de que nuestra entidad es segura y un remanso de paz. En lo que se refiere a la Costa oaxaqueña mejor ni hablar. Desde hace mucho se sabe que ni las cadenas hoteleras que pretendían construir en Huatulco ni otras que trataban de realizar obras de infraestructura tienen el menor interés en invertir en nuestra franja costera. Aquí están no sólo los grupos delictivos sino además organizaciones sociales violentas y chantajistas, que sólo buscan trastocar la economía turística.
Rezago legislativo
Un análisis minucioso del deplorable papel que hicieron nuestros (as) diputados (as) locales, en la Legislatura que está por concluir, dará cuenta de que en efecto se trató de un órgano improductivo, corrupto, voraz y opaco. Según lo publicamos hace unos días, más de 500 iniciativas se quedaron en el tintero sin que nuestros representantes populares pudieran aprobarlas y enriquecer, que de ello se trata, el entramado jurídico y constitucional acorde a los nuevos tiempos. Es ya tema de medios nacionales la cantidad que se auto-asignan en el Congreso local desde hace al menos tres períodos: más de 600 millones de pesos de presupuesto anual, ello sin contar con los recursos públicos adicionales que recibe cada legislador (a), por el llamado “pago por evento”, al que desgraciadamente se acostumbraron. ¿Alguien cree que la camada legislativa que se estrena a mediados de noviembre, tiene el sano propósito de reducir dicha cantidad para su operación anual? Hay un gran escepticismo. Nadie cree que ni aún la bancada del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), que ya ha enseñado el cobre y el doble discurso, vaya a hacerse el harakiri. Por el contrario, se estima a priori que seguirán las mismas prácticas amañadas y perniciosas que hemos visto.
Muchas iniciativas pues quedaron enlatadas por la falta de voluntad política en la legislatura que en breve concluye. Hay que recordar que al menos durante seis meses de este año, dicho órgano estuvo prácticamente paralizado, en virtud de que diputados y diputadas locales buscaron ser tanto presidentes municipales como las diputaciones federales. La mayoría fracasó y retornó sin gloria a terminar de cumplir con sus tareas legislativas, más por la paga, el aguinaldo y el bono de retiro, que para desempeñar su papel como representante popular. Está por ejemplo el de la diputada Sofía Castro, que solicitó licencia para incorporarse al gabinete de Alejandro Murat, en donde volvió a pedir permiso para buscar el escaño en el Senado, sin haberlo cuajado. Hecho lo anterior, volvió a sus labores legislativas, sin haber permanecido en ellas más que los últimos meses. Casos como éste han sido la constante y común en estos tiempos de conveniencias política y políticos acomodaticios. He ahí el por qué las cuentas que entrega la LXIII Legislatura son algo más que lamentables y confirma lo que mucho se ha dicho: se trata de la peor de la historia en Oaxaca.


































