Desde hace algunos años, el Congreso del Estado, a la par de otros en el país, aprobó una iniciativa para proteger a los animales del mal trato y estipulando la sanción a que se harían acreedores aquellos que en posesión de mascotas, no les dieran atención tanto alimentaria como médica. Ello fue exigencia de organizaciones y sociedad protectoras de perros, gatos y otros, incluso animales silvestres o en vías de extinción, que están en domicilios a veces sin las condiciones adecuadas para sobrevivir. Hay casos de castigos a perros, que son dejados a la intemperie en azoteas, sin agua y sin alimento. Varias casas han sido detectadas en la ciudad, como por ejemplo un domicilio en la calle Brasil, Colonia América Sur, en donde tiene cachorros en condiciones insalubres, sometidos a castigos y cuyo resultado es penoso: se la pasan con aullidos lastimeros todo el día y la noche. Vecinos de dicho domicilio han enviado quejas a los grupos que se publicitan proteger los derechos de los animales, sin éxito alguno. Y es que una de las condiciones para liberar a los animales del suplicio es poner una denuncia ante las autoridades, situación que pone a los quejosos en condiciones de ser objeto de agresiones por parte de los propietarios de los animales, objeto de la denuncia.
Es importante subrayar que en la Ciudad de México y otras capitales y estados del país, las penas para quienes maltraten a los perros y otras mascotas, van desde fuertes sanciones administrativas hasta prisión preventiva, incluso en el nuevo sistema de Justicia Penal. Maltratar a un animal no es un delito menor. Hace unos días, en las redes sociales, se dieron vuelo miles de ciudadanos para denunciar la actitud burda de un sacerdote que retiró los recipientes para agua, que almas altruistas habían dejado frente a su iglesia, para que tomaran de ella los perros que están en condiciones de calle. Y ello fue a raíz del llamado en redes sociales, de personas conscientes y amantes de los animales, que pidieron poner frente a sus domicilios utensilios con el vital líquido. Hay pues una conciencia generalizada de cuidar a los animales, protegerlos y darles una vida digna. Eso nos ubica como una sociedad madura y sana. Incluso, algunos propietarios de mascotas los sacan a defecar a la calle, llevando consigo una bolsa de plástico para recoger sus heces, evitando así con ello, la proliferación de enfermedades que pudieran producir el excremento animal. Sin embargo las leyes que los protegen no se aplican.
Inconciencia ciudadana
La pasada crisis que se vivió en la capital oaxaqueña, a raíz del infame cierre del basurero municipal, por parte del supuesto agente municipal de la “Vicente Guerrero” y sus seguidores, que cancelaron el acceso a los camiones recolectores, exhibió con claridad la necedad e indolencia de comerciantes y ciudadanos que, viendo la problemática, insistieron en sacar la basura y dejarla en las banquetas y esquinas. Inclusive, un grupo de vecinos exhibió con letreros a una persona que hizo tal barbaridad. No obstante los llamados que hizo el gobierno de la ciudad para evitar la contaminación visual de la capital e incluso no propiciar las enfermedades y la fauna nociva, se hizo caso omiso y las calles lucieron repletas de bolsas de desechos sólidos. El espectáculo fue deplorable, más aún porque no era imputable a las autoridades, a merced de grupos de presión y líderes sin escrúpulos, como el tal Pablo Martínez Calderón, presunto agente municipal, en un pleito casado con la presidenta municipal de la Villa de Zaachila, Marisela Martínez Coronel, por los recursos de los Ramos 28 y 33, que el aludido quería en sus manos.
En la temporada de lluvias se han hecho algo común las inundaciones propiciadas por la basura que se acumula en las alcantarillas. Hay pues una inconsciencia generalizada respecto a la protección que debemos tener entre la misma ciudadanía. En las zonas de los mercados se tira la basura, desechos de frutas y verduras, en los huecos que quedan en alcantarillas vacías, aquellas a las que sujetos inconscientes han retirado las tapas metálicas para venderlas como fierro viejo. Con las precipitaciones pluviales, la basura que queda en las rampas de descarga de las bodegas en el Mercado de Abasto, baja a las calles y avenidas, convirtiéndose en peligrosos tapones para el flujo del agua, Inclusive, dicha situación se vive en zonas residenciales como la colonia Reforma y otras zonas altamente pobladas. Un día o dos que no pase el camión recolector de los desechos, es suficiente para que al amparo de la oscuridad, madrugada o noche, salgan ciudadanos irresponsables con su cargamento de desechos para dejarlos en las esquinas o camellones. Ante ello, no es una idea descabellada que el gobierno de la ciudad imponga sanciones severas a quienes hagan dichas acciones. La salud es una corresponsabilidad de todos no sólo de las autoridades. Y el tema del manejo responsable de los desechos sólidos nos compete a todos por igual.


































