No son pocos los pendientes que dejó el cuestionado gobierno de Gabino Cué. Obras a medias y otras bajo sospecha de favoritismo o desvío de recursos. Un ejemplo es la construcción del Centro de Iniciación Musical de Oaxaca (CIMO), que aunque fue entregado por la anterior administración, el proyecto estuvo plagado de errores de tal magnitud que no ha podido ser usado los alumnos de dicho centro, en virtud de una serie de anomalías que tiene en su construcción. Para algunos conocedores lo mejor es demolerlo y dejar que los millones invertidos se vayan simplemente a la basura o, en caso contrario, hacer una remodelación y corregir errores. Al menos éste fue el ofrecimiento que hizo la actual administración a través de la Secretaría de las Infraestructuras y Ordenamiento Territorial Sustentable (SINFRA) que, por supuesto, no ha llegado a concretar. Pero no es lo único. En el imaginario colectivo durante el actual gobierno no se han llevado a cabo obras dignas de encomio, salvo cuestiones menores. La pregunta es: ¿de qué habrá de informar el ejecutivo estatal en su comparecencia ante la LXIV Legislatura del Estado, con tantas cosas pendientes más que acciones realizadas?
No hay que olvidar que el Centro Cultural y de Convenciones de Oaxaca (CCCO) era una obra que estaba ya presupuestada y lista para ejecutarse. Lo único que llevó a cabo esta administración fue su ejecución. La celeridad con la que fue construido dicho centro generó algunas carencias y fallas en el proyecto de construcción original, de lo que poco se ha hablado. Así como las obras antes citadas hay otras más que vienen de atrás. ¿Alguien sabe el uso que tienen los paradores turísticos que se construyeron en la Mixteca, uno de ellos en Santo Domingo Yanhuitlán, que a poco de ser terminados, sus impulsores se dieron cuenta que en breve serían unos elefantes blancos? En el trayecto por la antigua Carretera Federal Oaxaca-Huajuapan de León, puede verse una gran construcción que está en pleno deterioro. Y nadie hace nada para darle un uso adecuado. En los pasados festejos de julio, las quejas fueron constantes en contra de quienes administran el estacionamiento frente al Auditorio Guelaguetza, de donde sale el famoso “puente chueco”. Son éstas entre otras, las anomalías, inconsistencias y pendientes que quedaron de regímenes anteriores, pero que no se advierte aún si serán corregidos en el actual gobierno.
Prepotencia y discriminación
La muestra de que algunos funcionarios del actual gobierno, que llegaron a Oaxaca sin conocer ni tener elementos, tanto de la administración pública como de la idiosincrasia de los oaxaqueños, es el trato discriminatorio, prepotente y a veces arbitrario, que asumen con los empleados bajo su servicio. Hace un par de semanas trascendió que la titular de la Coordinación de Atención Ciudadana de la Gubernatura y dos de sus directivas cercanas, estaban en la mira de los empleados de base, ante el trato grosero y altanero que les habían otorgado. Como algunos de otros funcionarios, que han actuado en contra de las instrucciones que les ha girado el gobernador Alejandro Murat, en el sentido de actuar con modestia en el cargo que les ha sido asignado, han visto tanto a empleados como a ciudadanía en general, con el rabillo del ojo y con expresiones discriminatorias y soeces. Hay que recordar hace poco más de un año las redes sociales hicieron pedazos a una joven funcionaria del DIF estatal, quien hizo comentarios superficiales y pedestres del traje istmeño, al que calificó de manera burda como “disfraz”. Con menos de ello cualquier administración gubernamental que asume la responsabilidad de gobernar para todos, la hubiera despedido. Pero aquí no.
Ha trascendido que en breve el ejecutivo estatal realizará algunos cambios y designaciones en su administración. Se espera que por el bien de la misma llame a sus colaboradores a tratar a los gobernados con respeto y sin tratos discriminatorios. Los oaxaqueños estamos hartos de funcionarios arrogantes, copados de guardaespaldas, que viven como virreyes del raquítico presupuesto estatal, como para tolerar que todavía vengan a humillarnos. No se concibe una gestión gubernamental que se diga cercana al pueblo y vea a los ciudadanos con afanes de dominio, de segregación, como si viviéramos otros tiempos. Es más, existen instancias en donde llevar dichos casos de discriminación. Los empleados del gobierno del estado deben ser dignos de respeto, sean de confianza, contrato o de base. Los últimos tienen sus derechos establecidos en el contrato único que tiene celebrado el Sindicato de Trabajadores al Servicio de los Poderes del Estado e Instituciones Descentralizadas de Carácter Estatal con el gobierno, de tal manera que cuentan con la protección de dicho gremio. Habrá pues que evitarle problemas al ejecutivo asumiendo los funcionarios, un comportamiento civilizado y congruente con la política de su jefe.

































