Mientras en otros países se le ha apostado a las energías limpias, como la que produce el viento o el sol, aquí en Oaxaca, desde hace mucho estamos enfrascados en una disputa respecto a la energía eólica. Y ello se dio, cuando falsos redentores se dieron cuenta que era un negocio muy rentable obligar a los comuneros a exigir condiciones de pago estratosféricas por la renta de la tierra o ellos mismos llenarse los bolsillos con el chantaje. Eso es lo que está detrás de los grupos anti-eólicos, que abanderan el territorio o la cultura indígena, asumiéndose los depositarios de los derechos de las comunidades. En el Istmo de Tehuantepec, quienes arriendan sus tierras han estado en contra, pues no obstante las consultas comunitarias que se han realizado, a través de asambleas, como lo mandata la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y sobre todo, las comisiones de derechos humanos, sigue imponiéndose el manipuleo de ciertos grupos, dirigentes y organizaciones. El caso de la empresa “Eólica del Sur”, que antes fue “Mareña Renovables”, ilustra un ejemplo del largo peregrinar de una empresa para poder instalarse, pese a haber agotado todas las instancias y requisitos.
Un caso similar es el de quienes manejan a los grupos anti-minas. Oaxaca es, desde tiempo remoto, un lugar en donde existen decenas de yacimientos no sólo de minerales preciosos sino además de minerales no metálicos y hasta estratégicos como el uranio. En la Sierra Sur, en comunidades como Santiago Amoltepec, Santa María Zaniza, San Lorenzo Texmelucan y Santigo Textitlán, entre otros, se encuentra ubicado el yacimiento de hierro más rico del mundo. Pero no se puede explotar gracias a la influencia nociva y a la manipulación de parte de los citados redentores sociales que pactan por debajo de la mesa, pero públicamente se rasgan las vestiduras. Se entiende que la explotación de las riquezas que la naturaleza da a nuestros pueblos debe ser racional, además de representar beneficios a los mismos. No se puede explicar que se extraiga oro, plata u otros, sin que las empresas mineras alienten la creación de empleos o produzcan una derrama económica en las comunidades depositarias tanto del viento para producir energía eólica; la insolación para energía solar o yacimientos mineros. Pero entre los acuerdos que pueden darse entre las comunidades y las empresas siempre existen intermediarios. Y son justamente quienes se oponen a todo por sistema o, en tanto no se les caliente la mano.
Añejos conflictos agrarios
Cada en cuando explota alguno de los más de 350 conflictos agrarios que hay en el estado. Algunos más violentos que otros, ciertamente pasivos, pero latentes. Hace poco más de un mes el viejo conflicto entre Santa María Zacatepec y una comunidad vecina trajo consigo la muerte de trece personas, todas ellas de la primera comunidad, los cuales fueron sorprendidos y asesinados con armas de alto poder. Y es que ya no son sólo los pleitos añejos por tierras, como es el caso de estas comunidades pertenecientes a San Carlos Yautepec, sino por la protección de cultivos ilícitos que todos –hasta las autoridades- saben que existen, pero prefieren fingir demencia antes que enfrentarlos. Hace poco más de un año, algo similar ocurrió con vecinos de Quiechapa. Hubo cinco muertos. En la Sierra Sur, en comunidades como Santiago Amoltepec, Santo Domingo Teojomulco o San Mateo Yucutindoo, las viejas rencillas se resuelven segando la vida de los vecinos. El caso más emblemático se da en dos comunidades de la Mixteca: San Juan Mixtepec y Santo Domingo Yosoñama. Los muertos de ambas comunidades, en los últimos diez años, se cuentan por decenas.
La zona de los huaves –ikoots, se llaman a sí mismos- no está exenta de estos conflictos. Hace algunos meses se pactó el paso por tierra de los vecinos de Santa María del Mar, en virtud de que sus vecinos de San Mateo del Mar tenían bloqueados los caminos, lo que obligaba a los primeros a llegar o salir de sus comunidades por mar. No fueron pocos los accidentes mortales que generó esta cerrazón. Aunque ya se sentaron las bases para un arreglo pacífico, el conflicto está latente. Hace unos días explotó el añejo diferendo que tienen San Francisco del Mar con su agencia, Pueblo Viejo. Las autoridades municipales optaron por medidas severas en contra de su agencia y habitantes, como fue el hecho de cortarles la energía eléctrica y, aunque el gobierno lo negó, también se habrían incendiado viviendas. Detrás de todo –dicen algunos- está la negativa de Pueblo Viejo a la instalación de un parque eólico. Justamente el lunes se recrudeció el conflicto político en San Dionisio del Mar. De nueva cuenta aparecieron los bloqueos a la comunidad y los dolores de cabeza para el gobierno de Alejandro Murat. Más allá de éstos hay cientos que están como la Espada de Damocles pendiendo sobre la inestable gobernabilidad oaxaqueña.

































