La mayoría de las familias trabajadoras en el estado se enfrentan día a día a un sinfín de carencias, pese a que se encuentran en el mercado laboral su poder adquisitivo es mínimo, explicado de otra manera, los oaxaqueños viven en la pobreza. Pese al intento de disminuir los índices de pobreza con programas asistenciales, los tres niveles de gobierno no han podido dar una solución concreta al desempleo y al hambre que se padece en el estado. Con base en la información proporcionada por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), en Oaxaca el ingreso laboral per cápita real mostró una disminución anual de 1.5% el primer trimestre de 2018 comparado con el año 2017, al pasar de $947.23 a $933.26 pesos. El desempleo ha crecido y el comercio informal también, ante la falta de trabajo formal la población ha tenido que recurrir a las calles para obtener ingresos, afectando la economía de los dueños y trabajadores del comercio establecido, además de que el gobierno deja de recibir impuestos y por ende la población en general es afectada.
En los parques de la ciudad, que antes eran espacios lúdicos, se puede observar un constante flujo de operaciones mercantiles, por ejemplo, en el Parque San Francisco del Centro Histórico de la capital, día a día aumenta la presencia de vendedores ambulantes, de operaciones financieras como la compra-venta de bienes raíces, hasta la venta de comida, ropa, aparatos electrónicos y más en los coches que se estacionan a un lado. De igual forma, profesionistas ofrecen sus servicios como contadores o abogados en las bancas, que ahora son sus oficinas. Mostrando así la precariedad en la que se está viviendo ante la falta ingresos seguros, aumentando también la presencia de delincuentes que aprovechan cualquier oportunidad para asaltar a las personas que compran y venden. Así como este parque hay muchos lugares públicos que han modificado sus funciones básicas y se han convertido en mercados. De igual forma la pobreza y el desempleo han obligado a las personas y niños a caminar todos los días por muchos kilómetros vendiendo comida, principalmente postres por las calles del Centro, de la colonia Reforma y Avenida Universidad, entre otras más. Y sumado al desempleo, la pobreza y el hambre, los grupos chantajistas que inundan el estado bloquean calles, carreteras y plazas comerciales anulando las actividades económicas, y afectando principalmente a la población que busca poder cubrir sus necesidades básicas.
Niñez explotada
Los principales cruceros de la capital están llenos de infantes, muchos de ellos migrantes de Chiapas, que se atraviesan entre los coches ofreciendo un servicio de limpieza para los parabrisas, mientras otros realizan actos circenses para obtener una moneda y algunos más pidiendo limosna, que la mayoría de las veces no es para que coman, sino para llenar los bolsillos de personas explotadoras que los tienen en condiciones de esclavitud. La LXIII Legislatura local declaró el 2018 como el año de la eliminación del Trabajo Infantil, entonces qué pasa con el gobierno, con el DIF y las diferentes instancias que deberían intervenir. No pueden o no quieren frenar estas violaciones de los derechos de los niños que en lugar de trabajar deberían estar en la escuela, y en sus ratos libres realizar actividades recreativas en lugar de laborar, y en el peor de los casos como esclavos sexuales.
En cuestión del campo, las actividades que realizan a la par con sus padres son parte del día a día para obtener alimentos y en la ciudad, los pequeños son en algunos casos los que ayudan a la manutención de una casa por algún motivo extraordinario y en la mayoría de los casos son explotados por personas que generalmente no son sus progenitores. El Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI) informa que Oaxaca es uno de los tres estados del país con mayor tasa de ocupación laboral infantil, principalmente en temporada vacacional incrementa la presencia de pequeños vendiendo frutas, dulces y hasta dibujos, como los niños que se colocan en el Andador Turístico a partir de las 22:00 vendiendo sus trazos plasmados en papel a los turistas. Estos pequeños también son adiestrados para pedir limosna, robar y en algunos casos ofrecer servicios sexuales. Es un tema prioritario asegurar su bienestar, es un delito tipificado la explotación laboral infantil, pero las autoridades están rebasadas y no pueden dar una solución a esta problemática social.
La realidad en la que vive la mayoría de ellos es infrahumana, son obligados a laborar jornadas de más de 8 horas diarias de lunes a domingo, comer solamente una vez al día y en algunos los castigos incluyen el dejarlos sin comer, además de ser golpeados, a algunos los drogan y otros son utilizados para el comercio sexual. Existen 50 casos denunciados en Oaxaca de explotación infantil, atendidos por la Fiscalía Especializada en Atención de Delitos de Alto impacto, dependiente de la Fiscalía General de Justicia en Oaxaca, presuntamente están identificados los tratantes, pero hasta la fecha no han detenido a ninguno de los tratantes y los niños siguen siendo explotados.

































