Todo parece indicar que las campañas electorales se han terminado y que en México, la educación se ha degradado y se ha empeñado en hacerlo futbolero y analfabeta funcionalmente, nos vamos a dedicar a ver cuáles son los juegos del campeonato mundial del futbol y a cruzar los dedos para que el equipo de Emilio Azcárraga y la Federación Mexicana de Futbol logre pasar de los cuartos de final.
El último acto solemne de las campañas presidenciales fue el debate de los candidatos presidenciales en Mérida Yucatán; si analizamos lo que han dicho los comentaristas políticos de uno u otro signo, todos ganaron como en una fiesta de los Óscar. Uno por la mejor actuación, otro por el mejor argumento, otro por la dirección. La verdad es que según los indicadores, encuestas y lo que le dicen las tripas a los políticos los números de preferencias de los votantes no han cambiado. Sigue estando adelante AMLO y atrás están el candidato del PAN y del PRI, despedazándose entre sí y según estos ejercicios matemáticos todo parece indicar que tendremos una votación en la que habrá tres contendientes y no dos como se estaba especulando hace unas semanas. Independientemente de lo que se opine de las encuestas y lo que se ha estado haciendo para desprestigiarlas, el candidato de Morena, Andrés Manuel López Obrador, está recogiendo lo que ha sembrado, 18 años de lucha en el escenario de las campañas presidenciales, cuatro o cinco recorridos por toda la República Mexicana.
El conocimiento de las principales ciudades de cada entidad federativa, el contacto permanente con la gente, el conocimiento de los problemas, la relación con los líderes sociales, y lo que es más importante “conectar” con la población. Andrés Manuel López Obrador es un hombre que se conecta. Abraza a sus electores, sonríe con ellos, los ve directamente a la cara, les inunda optimismo y esperanza.
En términos de comunicación podemos decir que Andrés Manuel López Obrador tiene el código del pueblo de México. Cuando él habla los mexicanos lo entienden, porque sus mensajes son breves, cortos y van al fondo de los problemas y lo que es lo más importante le creen. En México hemos tenido en el siglo XX algunos ejemplos de políticos que se conectaban con el pueblo. Don Adolfo López Mateos, “El Toluco”, era un hombre que emocionaba a sus auditorios cuando se refería a los problemas de México como presidente; Lázaro Cárdenas hablaba poco, era un presidente solemne pero sin lugar a dudas cuando hablaba de la tierra, de los problemas del campo, de la calidad de vida, de los campesinos, éstos lo escuchaban, máxime si las prédicas se daban dentro de un marco de comunicación personal, por eso recorría siempre el país para ver de cara a cara a sus interlocutores. Francisco Villa, hombre de pocas palabras pero que entendían y seguían los revolucionarios del norte, fue ante todo un gran comunicador, que incluso utilizó a John Reed como decodificador. Lo mismo ocurría con Emiliano Zapata, que los conceptos más abstractos de Otilio Montaño y de Soto y Gama lograba traducirlos al lenguaje vernáculo de los campesinos del sur de México. Por eso levantó uno de los más combativos ejércitos participantes en la revolución. El último político mexicano al que escucharon los campesinos fue Augusto Gómez Villanueva, quien sabía conectarse con ellos y movilizarlos, inaugurando métodos que el PRI todavía utilizaba para sus grandes movilizaciones.
En la Dirección de Estudios de Comunicación de la empresa Televisa, uno de los principales trabajos que se hacen es ver cómo se pueden conectar con el auditorio, tener un auditorio atento es la razón de su existencia y su objetivo central de esta empresa, mientras más se conectan, más audiencia tienen y más publicidad e ingresos. Cuando platicaba con algunos directivos de esta empresa sobre el motivo de que hubiera tan bajo nivel en las telenovelas, en algunos programas de concurso en las series infantiles me respondían llenos de tristeza que ese era el nivel de la gran mayoría del pueblo de México, Emilio Azcárraga Milmo, dijo: somos un país muy “jodido”. Pasaban a explicarme que el número de carbohidratos y proteínas que consumían los mexicanos no les permitían que los circuitos eléctricos del cerebro se conectaran y pudieran ascender a estadios más amplios de comprensión e información. Para qué hacer temas más complicados. Por eso existían preguntas y programas tan simples “casi para retrasados mentales”, porque el mexicano promedio, al cual ellos dirigían sus programas en las barras de la mañana y tarde, no tenía capacidad de entender temas sofisticados. Ésa era su justificación y explicación.
Creo que en realidad Televisa y otras series de organismos de comunicación masiva estaban enganchados en una campaña por mantener al pueblo de México con ciertos niveles de desinformación, ineficiencia e ignorancia, para que no reclamaran una sociedad más democrática, una política plural, una mayor permeabilidad social que permitiera la ascensión a los puestos políticos y directivos de la industria y el comercio. Los medios de comunicación y la oligarquía mexicana trataron de tener a los mexicanos en el subdesarrollo intelectual durante todo el siglo pasado. Los bienes materiales y culturales fueron siempre para grupos privilegiados.
Con los avances tecnológicos y sociales del país, se ha roto este esquema que mantenían el PRI gobierno y se han abierto otros mecanismos de respiración del sistema y de ascenso social, sin embargo estos ubicados dentro de un modelo económico neoliberal, no son suficientes para alcanzar el desarrollo. Habrá que ver los diagnósticos socioeconómicos que se han hecho en esta campaña, para darnos cuenta de las brutales injusticias sociales que existen, del desarrollo del país, que tiene más de cincuenta millones de pobres, ochenta millones de analfabetas funcionales y analfabetas a secas, donde no se lee un libro al año por mexicano y donde el sistema educativo del sector público se ha convertido en un lastre para el desarrollo. Si bien es cierto que el uso del internet, las redes sociales, las computadoras, los teléfonos celulares han contribuido a democratizar la información, esta es solamente un muestrario del nivel intelectual y cultural de la población. Es una verdadera tristeza el uso que se le da a estos instrumentos que pueden ser utilizados en muchas formas para transmitir información útil a la población y convertirse en un vehículo formidable de superación, como son utilizados en un 99 por ciento como instrumentos de diversión y entretenimiento.
Por lo pronto, en esta campaña el candidato que le taloneo recorriendo, pueblos, ciudades intermedias y en general todo el país y logró establecer un código de comunicación común con los mexicanos, para ser más preciso, con la mayoría de mexicanos tiene mayor número de posibilidades de que voten por él, las diversas encuestas muestran que será como un tsunami o una barredora. Su idea es muy seductora, en un país que está hundido en un pozo infinito de corrupción, se ha propuesto como eje de gobierno y de política la honradez y la eficiencia, iniciar una gran movilización nacional que cambie paradigmas, objetivos y para reestructurarlo sin violencia.
Así como se sentaron las bases para que el Estado dejara de ser rector de la economía y se instalara el neoliberalismo, ahora se van a sentar las bases para un estado ético, de servicio y atención a las demandas populares y donde la columna vertebral sea tratar con honestidad todos los asuntos del estado.
Las otras alternativas José Antonio Meade y Ricardo Anaya no han logrado conectarse. Meade cuenta con una gran parte de los grupos priistas que saben mandar y obedecer, acarrear y a obligar a votar, festejar y soportar los malos gobiernos; Anaya unido con los grupos más reaccionarios del país y del exterior que quieren más de los mismo, pero manejado por ellos, está inmerso en una serie de negocios corruptos de lavado de dinero especulaciones y apropiación de los recursos de la Cámara de Diputados que eran para toda su bancada y se quedó con ellos.
Pero como esto no se acaba hasta que se acaba, vamos a ver como pinta el verde en estas elecciones, muchos dicen que ya pintó, yo como Santo Tomás, hasta no ver no creer.

































