Con bombo y platillo se celebraron 486 años de que Oaxaca de Juárez se elevó a rango de ciudad y si bien se realizaron importantes eventos, donde se insistió en la conservación de su centro histórico y de una verdadera voluntad para no seguir creciendo en la anarquía, el reto es convertirlos en realidad.
Consolidar la planeación del crecimiento urbano de las ciudades medias del estado, detener el crecimiento desordenado a través de instrumentos que permitan establecer los usos y destinos de suelo, así como establecer las zonas de crecimiento habitacional, son prioridades que no se han logrado atender.
La Zona Metropolitana de Oaxaca y las 15 ciudades con un mayor número de habitantes a 150 mil, no cuentan con Planes de Desarrollo Urbano vigentes, pues los realizados en su gran mayoría en la década de los noventa han quedado obsoletos y rebasados por el tiempo transcurrido y el crecimiento poblacional.
En nuestro estado es un reto, pero más en la zona metropolitana de Oaxaca de Juárez, pues la falta de control en el crecimiento urbano y de suelo seguro para familias de bajos ingresos, ha limitado el desarrollo de las ciudades que en muchos casos ha visto desbordado sus límites municipales, como sucede con la zona metropolitana de Oaxaca que abarca 25 municipios.
Ante esa situación es necesaria la intervención y la participación coordinada de las autoridades federales, estatales y municipales para alcanzar el desarrollo urbano, la adquisición de reservas territoriales y el aprovechamiento del suelo interurbano.
Además, lograr el ordenamiento territorial y ecológico, la identificación de riesgos y el financiamiento para la vivienda, que actualmente los municipios no cuentan con la visión y los recursos para poder invertir en la planeación del crecimiento de sus ciudades.
A pesar de que Oaxaca tiene una superficie total de 9.5 millones de hectáreas, poco más de 75 por ciento son propiedad social, es decir, pertenecen a comunidades, ejidos y colonias agrícolas. Aunado a ello, la marginación es un elemento que influye significativamente en el tema de vivienda, pues deriva de la combinación de una enorme dispersión poblacional en una superficie que es en 70 por ciento montañosa, lo cual implica gran dificultad para hacer llegar la infraestructura social y productiva a las localidades, así como el encarecimiento de los bienes y servicios.
Agobios de la pobreza
Cuando los especialistas sostienen que en México no tenemos un proyecto de largo plazo y en el Plan Nacional de Desarrollo (PND) no hay metas cuantitativas, se puede entender porqué la pobreza aumentó debido al crecimiento económico mediocre que no alcanza para dar más ingresos a los pobres. Ya que mientras el gobierno no sea capaz de generar un crecimiento mayor y más estable, esta cantidad seguirá en aumento.
Reducir la pobreza de manera estadística es muy sencillo para los gobiernos a través de dar subsidios transitorios a los ingresos, pero esto no resuelve el problema estructural de los pobres y la única manera de hacerlo es generando empleos permanentes y bien remunerados, lo cual solo se logra con crecimiento mayor y estable. Hoy, el principal problema que explica un mayor número de pobres es la falta de creación de empleo con ingreso adecuado, porque se crece poco y eso es insuficiente para generar los empleos que se requieren.
A pesar de los esfuerzos que se han realizado para abatir la pobreza en nuestra entidad, esta sigue campeando porque no se ha logrado alentar un desarrollo económico sostenido que ayude a generar inversiones y más fuentes de empleo permanentes y bien remuneradas.
No es un secreto que los programas sociales en los últimos 20 años solo han contenido la pobreza y no la han abatido, por lo que se requiere rediseñarlos para hacerlos efectivos y que un crecimiento sostenido y vigoroso sea el camino más eficaz para combatir este problema.
El monto creciente de participaciones federales –que no ha incidido en una reducción de las condiciones de precariedad en que viven dos de cada tres oaxaqueños– ha incrementado la dependencia del gobierno estatal respecto de los recursos que recibe de la Federación.
A la luz de los resultados a nivel nacional y estatal, no hay un proyecto macroeconómico de mediano y largo plazos que dé confianza a las empresas para invertir; además, los mercados son poco flexibles y la estrategia en materia laboral no contempla la incorporación de ese sector. A pesar de que prácticamente todos los indicadores de pobreza en el modelo del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) tuvieron mejoras en la última encuesta, los niveles de desigualdad siguen elevados, por lo que es fundamental hacer esfuerzos adicionales, principalmente en materia de la eficiencia del gasto público.



































