Ya es común en nuestro ambiente oaxaqueño que las campañas políticas estén plagadas de promesas y demagogia. Hay algunos candidatos que ofrecen el oro y el moro. La historia registra no uno sino decenas de casos en los que quienes buscan el voto popular, muchas veces jamás vuelven a pisar la tierra en donde lo obtuvieron. Hay casos emblemáticos de quienes haciendo alarde de cinismo dijeron a los ciudadanos: — “Véanme porque jamás volveré”. Eso ya no puede ocurrir en estos tiempos, porque los votantes potenciales, tarde o temprano cobrarán esta ofensa. He ahí el por qué la ciudadanía, sea que haya recibido despensas o vales de materiales para construcción o una y mil dádivas, lo que quiere es escuchar propuestas. Hay quienes comentan que una candidata al Senado por la coalición “Juntos Haremos Historia”, ofrecerá cierta cantidad de conciertos para adeptos y leales a su causa, pero ello no significa que sean propuestas sobre lo que hará de llegar al escaño senatorial a favor de los oaxaqueños. Es ya común pues que todos ofrezcan y digan y repitan la misma cantaleta, que de arribar a las curules o escaños harán maravillas. No hemos escuchado hasta hoy, en los pocos días que llevan las campañas, propuestas viables y susceptibles de llevarse a cabo.
Es importante subrayar asimismo, que los candidatos de los diversos partidos y coaliciones se han olvidado de algo de suma relevancia: invitar a la ciudadanía a participar en las urnas. No hay que olvidar que el gran triunfador en algunos de los comicios del pasado ha sido el abstencionismo. La apatía ciudadana no puede paliarse con discursos fatuos o demagogia, sino con llamados convincentes a participar. Hay quienes recogen las demandas de la población y son cuidadosos en ponderar las necesidades más apremiantes del ciudadano de a pie, pero son los menos. Éste busca, así sea de fingido, congruencia entre lo que el candidato dice y lo que hace. En la semana las redes sociales se dieron vuelo para destacar un hecho: una candidata al Senado por el estado de Campeche, cuyo discurso estaba cifrado en que: no puede haber un pueblo pobre, con candidatos ricos, haciendo su labor de proselitismo en una camioneta Volvo, con un costo de un millón doscientos mil pesos. No se ha entendido pues que ya no se puede jugar tan fácilmente con la dignidad de los mexicanos, mucho menos seguirnos viendo como si fuéramos discapacitados mentales.
¿Oaxaca violento?
No es la primera vez que el gobierno de los Estados Unidos de América nos pone ficha roja. Una de las primeras veces fue en 2006, cuando recomendó a sus connacionales no venir a Oaxaca, en virtud de las barricadas, la protesta callejera y la violencia que incubó en ese entonces, la tristemente célebre Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO). En 2007 el fenómeno se repitió luego de los hechos ocurridos en el Cerro de “El Fortín”, en donde la Policía Estatal impidió la toma del auditorio Guelaguetza, por parte de maestros y adláteres que a toda costa pretendían emular el radicalismo del año anterior. Y las advertencias se han seguido dando. Oaxaca se ha ubicado hoy en día como una de las entidades más violentas del país. Esta afirmación crea un sentimiento de molestia en las autoridades, pero no somos nosotros los que afirmamos dicha especie, sino que ahora es el gobierno norteamericano que nos ha ubicado en un nivel de alta peligrosidad. Podemos seguir con el viejo ardid de que somos una entidad segura y en donde se vive en paz. No es así. Recientemente se dio un nuevo llamado a los norteamericanos que viajan a México y particularmente a nuestra entidad, para advertirles de los riesgos de viajar a nuestra entidad.
Es posible que el Departamento de Estado y el gobierno de Donald Trump exageren respecto al grado de inseguridad, no obstante, dicho llamado representa un golpe severo al turismo que llega a Oaxaca, incluso desoyendo las recomendaciones de su gobierno. He ahí el porqué de nuestra insistencia en reforzar los mecanismos de seguridad en la entidad, de tal manera que esa delincuencia común o bandas locales –según los jefes policiales oaxaqueños- eviten seguir cometiendo ilícitos y afectando la endeble seguridad oaxaqueña. ¿Cómo contrarrestar esa publicidad negativa que nos hace el gobierno norteamericano? Con acciones enérgicas. El pasado Sábado de Gloria, una célula criminal fue desmantelada en Puerto Escondido. En el transcurso y poco después de la Semana Santa, se recrudecieron las ejecuciones en la Cuenca y el Istmo. Unos días antes fue descubierta una casa de seguridad en donde un par de sujetos, presuntamente miembros de un conocido grupo delictivo, tenía almacenada droga sintética por valor de al menos, cinco millones de pesos. Hay evidencias pues que no estamos nada bien y que el gobierno norteamericano nos tiene en la mira, además, claro, por la constante y permanente agitación.



































