México quedó en el centro de la nueva estrategia antidrogas de Estados Unidos luego de que la administración de Donald Trump ampliara a 21 las organizaciones criminales de América Latina y el Caribe clasificadas como “organizaciones terroristas extranjeras”.
De ese universo, ocho operan en territorio mexicano, la mayor concentración de grupos de un solo país dentro de la lista estadounidense: Cártel de Sinaloa, Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), Cártel del Golfo, Cártel del Noreste, Cártel de Juárez, Nueva Familia Michoacana, Cárteles Unidos y Los Viagras.
La designación representa un cambio relevante en la política de Washington, que históricamente había utilizado esta clasificación principalmente contra organizaciones como Al Qaeda o el Estado Islámico.
Ahora, Estados Unidos incorpora a esta categoría a organizaciones cuya actividad está relacionada principalmente con el narcotráfico, la extorsión, el tráfico de personas y otras actividades criminales.
OCHO GRUPOS MEXICANOS, EN LA MIRA DE WASHINGTON
La lista coloca a México por encima del resto de los países latinoamericanos en número de organizaciones señaladas.
Entre los grupos incluidos se encuentran dos de los principales actores del crimen organizado mexicano: el Cártel de Sinaloa y el CJNG.
También aparecen organizaciones con presencia regional como el Cártel del Golfo y el Cártel del Noreste, particularmente relevantes en zonas fronterizas, así como grupos con fuerte actividad en Michoacán.
La clasificación estadounidense no equivale por sí misma a una condena penal emitida por un tribunal mexicano o estadounidense. Se trata de una determinación del gobierno de Estados Unidos que activa consecuencias legales y financieras dentro de su jurisdicción.
SINALOA Y CJNG, LOS PRINCIPALES OBJETIVOS
El Cártel de Sinaloa figura entre las organizaciones que concentran mayor atención de las autoridades estadounidenses.
La organización desarrolló durante décadas una extensa infraestructura para transportar drogas mediante rutas terrestres y marítimas, aeronaves y otras vías de traslado.
La captura de Ismael “El Mayo” Zambada abrió una nueva etapa de disputas internas y enfrentamientos entre facciones del grupo, situación que ha impactado su estructura y operación.
El otro gran objetivo es el Cártel Jalisco Nueva Generación, organización que adquirió una importante capacidad operativa durante la última década y que ha sido señalada por las autoridades por utilizar armamento de alto poder y métodos cada vez más sofisticados.
Uno de los episodios que evidenció su capacidad de fuego ocurrió en 2020, cuando un comando atacó al entonces secretario de Seguridad Ciudadana de Ciudad de México, Omar García Harfuch.
FRONTERA, DROGAS, MIGRACIÓN Y DINERO
La ofensiva estadounidense también alcanza a grupos con presencia en la frontera norte.
El Cártel del Golfo y el Cártel del Noreste aparecen entre las organizaciones señaladas por Washington por sus actividades en rutas utilizadas para el movimiento de drogas, armas, migrantes y recursos financieros.
El Cártel del Noreste, surgido de estructuras relacionadas con la fragmentación de Los Zetas, mantiene especial presencia en Nuevo Laredo, uno de los principales corredores comerciales entre México y Estados Unidos.
La ubicación geográfica convierte a esta zona en un punto estratégico para las organizaciones criminales y, al mismo tiempo, en un foco prioritario para las autoridades estadounidenses.
MICHOACÁN, OTRO FRENTE DE LA PRESIÓN
Tres de las organizaciones incluidas tienen una presencia significativa en Michoacán: Nueva Familia Michoacana, Cárteles Unidos y Los Viagras.
Además del tráfico de drogas, estos grupos han sido vinculados con el control de actividades económicas regionales mediante prácticas como la extorsión.
Entre los sectores afectados se encuentra la producción agrícola, particularmente actividades relacionadas con productos de exportación hacia Estados Unidos.
El fenómeno muestra que el poder de las organizaciones criminales no se limita al tráfico de estupefacientes: también puede extenderse al control territorial y a economías locales.
LA LISTA TRASPASA LAS FRONTERAS DE MÉXICO
La estrategia estadounidense no se limita al territorio mexicano.
En Centroamérica aparecen MS-13 y Barrio 18, mientras que Colombia figura con el Clan del Golfo y Venezuela con el Tren de Aragua y el denominado Cártel de los Soles.
Ecuador concentra cuatro organizaciones: Los Lobos, Los Choneros, The Chone Killers y Los Tiguerones, grupos vinculados por autoridades de ese país con la escalada de violencia y las disputas por rutas del narcotráfico.
Brasil aparece con Commando Vermelho y Primeiro Comando da Capital, mientras Haití está representado por Viv Ansanm y Gran Grif.
En conjunto, Washington extiende así su estrategia contra organizaciones criminales desde México hasta Sudamérica, Centroamérica y el Caribe.
UNA ESTRATEGIA QUE GENERA DUDAS
La nueva política estadounidense también ha abierto cuestionamientos sobre hasta dónde llegará la presión de Washington sobre los gobiernos latinoamericanos.
El gobierno mexicano enfrenta un escenario particularmente delicado: por un lado, mantiene la cooperación con Estados Unidos en materia de seguridad; por otro, busca evitar cualquier intervención militar unilateral estadounidense en territorio nacional.
La clasificación de los cárteles como organizaciones terroristas extranjeras eleva el nivel político del conflicto y podría ampliar las herramientas con las que Estados Unidos busca perseguir sus operaciones, recursos y redes internacionales.
MÉXICO, EN EL CENTRO DEL DEBATE SOBRE EL “NARCOTERRORISMO”
Con ocho organizaciones dentro de una lista de 21, México se convierte en el principal escenario latinoamericano de la nueva política estadounidense contra el crimen organizado.
El cambio no es menor.
Durante décadas, la etiqueta de organización terrorista estuvo asociada principalmente con grupos que perseguían objetivos políticos o ideológicos mediante la violencia. Ahora Washington la aplica también a estructuras dedicadas fundamentalmente a actividades criminales.
El reto para México será contener la actividad de estas organizaciones sin permitir que la nueva clasificación se convierta en un argumento para una intervención extranjera.
Para Estados Unidos, en cambio, el mensaje es claro: la lucha contra los grandes grupos del narcotráfico dejó de ser únicamente un asunto de seguridad fronteriza y pasó a ocupar un lugar central en su estrategia regional.








































