Resulta inverosímil que a sabiendas de que se encuentran en el ojo del huracán político del país, dos de los hijos del ex presidente Andrés Manuel López Obrador, acudan a reunirse con empresarios, de forma pública, en lo que se ha llamado el “Cónclave de la Condesa”.
Según reportó el lunes pasado el periodista y cronista Héctor de Mauleón, Andy López Beltrán y Gonzalo López Beltrán tuvieron una reunión de por lo menos cinco horas en un exclusivo restaurante en la colonia Condesa el lunes 24 de agosto.
‘Al encuentro acudieron el líder del imperio tequilero José Cuervo, Juan Domingo Beckmann, uno de los 15 empresarios que integran el Consejo Asesor de Desarrollo Económico de Claudia Sheinbaum, y el acaudalado Mauricio Garduño, uno de los perfiles más consolidados a nivel internacional en tecnología y transformación digital, cuyas estrategias dejan ganancias de miles de millones de dólares’.
Estuvo, asimismo, ‘Daniel Asaf, el exjefe de la Ayudantía de la Presidencia en tiempos de AMLO: uno de los operadores de la red que recibió contratos millonarios en el sexenio pasado y uno de los personajes que protagonizó el escándalo de Tokio en 2025, durante el viaje en el que el hijo de López Obrador pagó cenas de hasta 47 mil pesos y noches de hospedaje de 22 mil.’
Por supuesto ellos sabían antemano que su presencia pública llamaría la atención, no sólo de quienes estuvieran en torno al lugar, o en el lugar –aunque mandaron a cerrar el restaurante para estar sólo ellos—sino, sobre todo, de la prensa, de los medios de comunicación, y en consecuencia del espectro político nacional.
Así que a sabiendas de ello acudieron para reunirse y tratar asuntos que sólo ellos conocen. Esto es: o son muy ingenuos creyendo que podrían pasar desapercibidos o son malévolos, porque lo hacen en un tono extremadamente provocativo:
Un restaurante de súper lujo (en un país de pobres), vinos y platillos de súper lujo (en un país de pobres), llegada de súper lujo con una caravana de camionetas blindadas (en un país de pobres), y exclusividad, aunque de forma extraña se ubican ambos con vistas a la ventana externa – ¿a propósito?- y manipulando el teléfono celular cuya pantalla activa se percibe a través de la ventana…
En contraposición a la opinión pública del país se sienten seguros. Saben que el gobierno federal ha dicho que no encuentra razones ni pruebas de que pudieran involucrarlos en algún delito.
Los tres hijos mayores de AMLO no son excepción. Esto del poder da para mucho y para muchos, sobre todo para aquellos que buscan medrar con la fuerza política y de mando, en la que se envuelven ya en lo federal, estatal o municipal. La seducción del poder es infinita, pero sobre todo sus beneficios contantes y sonantes.
Hijos incómodos ha habido a lo largo de la historia de los distintos gobiernos en México. También hay hermanos incómodos, primos incómodos, sobrinos incómodos, esposas incómodas y hasta choferes cercanos al poder a quienes también toca el manto escarlata del poder político-económico.
Pero resulta que lo de hoy es distinto. Por varias razones. La primera de ellas es que a la llegada a la presidencia de México en 2018, el entonces presidente López Obrador prometió que ya nada sería como antes, prometió que se acabaría la corrupción, que se acabarían fueros y privilegios para los políticos de antes y sobre todos los que llegaban con él: “Ya no somos como antes” “Ya no somos los de antes”, decía AMLO de forma enfática y reiterada. Lo creímos.
Y sobre todo aquella frase que aun hoy resuena a lo largo de todo el país: “No mentir, no robar y no traicionar al pueblo” decía. Lo creímos. Y se repetía por todos lados, sobre todo sus funcionarios públicos, sus legisladores, sus ministros, sus gobernadores, sus presidentes municipales, la coreaban como un salmo, como un himno, como una espada de Damocles.
Hoy los hijos de AMLO están en entredicho. Se presumen actos que van en contra de aquella consigna de gobierno y consigna de moral y ética política.
A Andy, el gobierno de Estados Unidos, por algo que conocen, le retiró la visa. Le niegan acceso a Estados Unidos. No lo necesita, dijo Andy en una carta flamígera dirigida al presidente de los Estados Unidos, Donald J. Trump, quien por cierto no le ha contestado. Se presume que está involucrado en el tema del Huachicol Fiscal y de tráfico de influencias. El gobierno federal reitera que no hay pruebas de delito alguno.
José Ramón todavía tiene encima aquel recuerdo de la ‘Casa Gris’ en Estados Unidos. Gonzalo tiene encima la presunción por el balasto para el Tren Maya, obra emblemática de su padre.
Nada de esto se ha probado ni hay delito que perseguir según las leyes mexicanas.
Pero lo que sí es cierto es que todas estos señalamientos que son presunciones aun, y las mismas actitudes de los tres hijos, que muestran sin pudor alguno un tren de vida ostentoso y ajeno a la política de austeridad que pregonó su padre, contribuyen a que el partido Morena y la 4T, estén dañados en su imagen pública…
… Y esto, sin duda, junto con otros casos como el de Rocha Moya y más ejemplos de lo que no debe ser, hacen que el partido que hoy está en el poder pierda fuerza política, voluntad ciudadana y esté comiéndose las uñas por lo que podría pasar en 2027, para lo que ya adelantaron campañas y comienzan a acomodar piezas e instituciones para evitar su caída democrática.
Mientras tanto los hijos de López Obrador siguen su vida felices, ricos en recursos, contentos, dinámicos, ostentosos, indiferentes al entorno en el que está el país mexicano.
Las leyes mexicanas, hoy, dicen que no hay nada que perseguir. Que todo está bien con ellos.

































