El Instituto Nacional Electoral (INE) incorporará una vigilancia inédita sobre la forma en que radio y televisión se refieran a las personas que competirán por una diputación federal en las elecciones de 2027. La metodología de monitoreo contempla identificar no sólo ataques directos, sino también ironías, sarcasmos, burlas y otras expresiones que puedan desacreditar a precandidaturas y candidaturas sin hacerlo de manera explícita.
La medida busca detectar aquellas coberturas en las que una frase aparentemente neutral. O incluso elogiosa pueda esconder una intención de menosprecio, cuestionamiento o descalificación.
NO TODO ATAQUE SERÁ DIRECTO
La metodología contempla una variable específica denominada “Mecanismos discursivos indirectos de descalificación de personas precandidatas o candidatas”.
En este apartado se analizarán expresiones cuyo significado literal pueda ser distinto de la intención con la que fueron pronunciadas. Entre ellas estarán la ironía y el sarcasmo, particularmente cuando sean utilizados para ridiculizar o desacreditar a una persona candidata.
El análisis también considerará prácticas como la minimización, infantilización, cuestionamiento implícito de la legitimidad y asociaciones negativas relacionadas con la identidad.
De esta manera, el monitoreo buscará identificar formas de descalificación que pueden pasar inadvertidas cuando no contienen un insulto o una acusación directa.
RADIO Y TELEVISIÓN QUEDARÁN BAJO OBSERVACIÓN
El seguimiento abarcará los programas de radio y televisión incluidos en el catálogo aprobado para el proceso electoral federal 2026-2027.
Durante las precampañas, previstas del 4 de enero al 12 de febrero de 2027, serán monitoreados 73 programas: 59 noticiarios, 10 de espectáculos y revista, y cuatro de debate, opinión y análisis.
Para el periodo de campañas, del 4 de abril al 2 de junio de 2027, la vigilancia crecerá hasta 503 programas, de los cuales 489 serán noticiarios, 10 de espectáculos y revista y cuatro de debate, opinión y análisis.
El monitoreo se enfocará en las piezas informativas que mencionen a precandidaturas y candidaturas a diputaciones federales, partidos, coaliciones y candidaturas independientes.
EL SARCASMO TAMBIÉN DEJARÁ REGISTRO
Una de las particularidades de la metodología es que las expresiones consideradas como mecanismos indirectos de descalificación deberán ser justificadas por quienes realicen el monitoreo.
No bastará con registrar una frase. El análisis tendrá que explicar por qué esa expresión puede clasificarse como ironía, sarcasmo u otra forma de descalificación indirecta.
Los registros serán elaborados a partir de los testigos de grabación de los programas y posteriormente incorporados a un sistema informático.
Esto busca evitar que una expresión sea clasificada de manera arbitraria y obliga a documentar los criterios utilizados para determinar su carácter descalificador.
TAMBIÉN MEDIRÁN SI AFECTA MÁS A LAS MUJERES
El monitoreo tendrá además un componente de perspectiva de género y no discriminación.
La información será desagregada por género para determinar si este tipo de expresiones afecta de manera diferenciada a mujeres candidatas o a personas pertenecientes a grupos históricamente discriminados.
El objetivo es identificar si detrás de comentarios aparentemente humorísticos existen patrones que reproduzcan estereotipos o cuestionamientos relacionados con el género, origen étnico, edad u orientación sexual de quienes participan en la contienda.
LOS RESULTADOS SERÁN PÚBLICOS
El seguimiento contará con mecanismos de validación y controles cruzados para buscar consistencia en los registros. También deberán documentarse las incidencias y las acciones correctivas que se adopten.
La institución de educación superior que participe en el monitoreo entregará informes semanales y finales. Cuyos resultados serán publicados en el Portal de Monitoreo del INE.
El desafío será distinguir entre una crítica legítima, el humor propio de un programa y una expresión que realmente constituya una descalificación indirecta. Esa frontera puede ser particularmente compleja en una contienda electoral donde el debate político, la sátira y la opinión conviven diariamente en los medios.
Con esta metodología, la forma en que se habla de las candidaturas tendrá el mismo peso de análisis que el contenido explícito de las críticas, colocando bajo observación expresiones que tradicionalmente podían quedar fuera de los registros por no constituir ataques directos.










































