El gobierno de la 4-T-Morena, y en particular la presidente de México, Claudia Sheinbaum, han hecho de su lucha en contra del pasado neoliberal de México una gesta: su gesta.
Y acusan que con aquel sistema económico impuesto por Margaret Thatcher y Donald Reagan durante los años ochenta, transformaron el modelo de doctrina teórica a política de Estado, aplicando recortes al gasto público, desregulación y privatizaciones…
Generaron una cúpula económica cuya derrama de riqueza –dijeron- habría de ser distribuida hacia la base de la pirámide, aunque la gran opulencia quedaba en los ricos, cada vez más ricos y los pobres, cada vez más pobres.
Y eso: el gobierno de la 4-T-Morena se llena la boca de luchar en contra de ese fatídico neoliberalismo, aunque hay una enorme contradicción en lo dicho y hecho.
El gobierno de la 4-T, desde que presidía al país Andrés Manuel López Obrador ha buscado vincularse con las cúpulas empresariales, enfrentándolas –si-, pero al mismo tiempo favoreciendo su enriquecimiento mediante apoyos, canonjías, contratos…
Empresarios que son ejemplo vivo del neoliberalismo, aunque por otro lado, la 4T-Morena se autodefine como gobierno de izquierda y anti neoliberal. Si. Pero no.
El ejemplo más reciente es cómo el gobierno dela 4-T-Morena se dejó seducir por una de las organizaciones más neoliberales de nuestros tiempos: la FIFA y colabora con ella.
La Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA) es la empresa encargada de organizar el deporte del futbol en el mundo, de reunir a las Federaciones de futbol de cada país, establecer las reglas deportivas, al mismo tiempo que las reglas de capitalización y ganancias…
Es la responsable de organizar los “Mundiales” y de paso hacer un negocio voraz y excesivo de estos eventos a los que ha transformado, al grado de expulsar de ellos al “pueblo bueno”, al pueblo que el gobierno mexicano dice defender desde Palacio Nacional. Para ellos no hay acceso a los estadios de futbol en donde juegan los equipos contendientes… El gobierno lo sabe y lo tolera.
Y esto es así porque ya está a la vista la forma cómo la FIFA ordena el todo alrededor del evento mundial. Exige. Impone. Regula. Desde la forma como deben organizarse en cada país sede estos juegos, haciendo que –en el caso mexicano- el gobierno invierta millones de la hacienda obra pública en “vialidades para facilitar el acceso al Estadio Azteca” (que seguirá nombrándose así, aunque quieran cambiarle el nombre y el apelativo).
Se imponen regulaciones que, al ser aceptadas de forma obediente y sin chistar por el gobierno mexicano –Federal y de la Ciudad de México- han hecho que la capital del país se convierta en un caos inaudito y en una cauda de enojo porque las obras de infraestructura “para el Mundial”, las obras viales “para el Mundial”, ornamentación costosísimas “para el Mundial” son un desastre.
Todo ello como resultado de las exigencias de Gianni Infantino, presidente de la FIFA, elegido originalmente para el cargo en febrero de 2016 y quien actualmente se encuentra en su tercer mandato al frente del máximo organismo rector del fútbol mundial.
Los precios de acceso a los estadios en donde compiten 48 países son inaccesibles para el pueblo bueno. El más barato cuesta 70 mil pesos. Quienes pueden pagar esas cifras estratosféricas son gente que tiene recursos y puede darse el gusto de hacerlo. El pueblo bueno debió conformarse con verlo en pantallas gigantes en vía pública y en distintos lugares de la capital y en estados. O en casa. El precio por boleto para la clausura del Mundial es de 13 mil dólares.
“El país que quiere organizar un mundial tiene que pagar derecho de piso. Estadios, carreteras, aeropuertos, seguridad, telecomunicaciones, transporte urbano: la factura completa recae sobre el anfitrión, que, además, se compromete a no cobrarle impuestos a la FIFA. Ésta aporta solemnidad, logotipos y conferencias de prensa, pero ni un franco suizo.”
Las compañías que anuncian en los estadios y en la televisión, tienen que ser “patrocinadores” de la FIFA y pagan millones de dólares. Por supuesto, los derechos de transmisión por diferentes medios de comunicación, corresponden a la FIFA.
Otra exigencia de la FIFA-Infantino, fue que la gente tenía que consumir bebidas o alimentos exclusivamente dentro del Estadio Azteca, asimismo a precios accesibles sólo para unos cuantos. Los restaurantes y bares del país no exhibieran en sus televisiones los eventos de futbol a menos que paguen a la FIFA una cuota por evento y en base al número de mesas del local.
Los precios de las playeras con el color verde de la Selección Mexicana estaban a precios inalcanzables. Días previos, cumpliendo con el mandato de la FIFA, se hicieron redadas para incautar playeras y accesorios alusivos al mundial consideradas como “piratas”.
Esto y mucho más está siendo el gran negocio del futbol mundial. La FIFA como empresa vela por sus intereses, no los de los espectadores que hacen que el futbol sea un fenómeno mundial deporte-espectáculo. Hoy la FIFA es una empresa que quiere ganar-ganar-ganar… ¿para quién?
Hacer estos eventos de élite no es más neoliberal porque no es posible.
De hecho Gianni Infantino es más un político-empresario que un deportista contumaz. No fue un futbolista profesional. Llegó a la presidencia de la FIFA en 2016 y se había desempeñado en el ámbito legal y administrativo, destacando como abogado y como Secretario General de la UEFA.
Se estima que como responsable de la FIFA, Gianni Infantino percibe un paquete salarial anual de aproximadamente 6 millones de dólares. Este monto se divide en: Salario base anual 3.3 millones de dólares. Bonificaciones e incentivos: Cerca de aproximadamente 2.78 millones de dólares…
El mismo Infantino que, por quedar bien con Donald J. Trump le entregó el “Premio de la Paz”, luego de que al mandatario estadounidense le negaran el Nobel de la Paz. El mismo Infantino que se reúne con la presidente de México, Claudia Sheinbaum, para establecer reglas y exigencias de la FIFA luego de que le querían quitar a nuestro país la sede del Mundial por razones de inseguridad.
Un Mundial de élite, es lo que ha hecho la FIFA de este deporte-espectáculo que, a pesar de todo, seguirá siendo el deporte del pueblo, aunque el pueblo haya sido marginado.


































