en lo que va del año 2026, la Procuraduría Federal de Protección al Medio Ambiente (Profepa), ha clausurado al menos 5 bancos de extracción ilegal de material pétreo, todos en el río Tonameca.
Las clausuras, mismas que derivaron en procedimientos administrativos, se han realizado en el mes de marzo. En la primera, abarcó cuatro bancos, con una superficie afectada de 45,411 metros cuadrados. En un segundo momento, fue en otro banco con daños en 1,480 metros cuadrados del cauce del afluente.
La dependencia ha informado que “ninguno de los bancos inspeccionados contaba con autorización de impacto ambiental emitida por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), por lo que se les impuso, como medida de seguridad, la clausura temporal total”.
Aunque por ahora solamente se ha reportado la clausura de bancos ilegales en ese río, la extracción de material pétreo también afecta a otros afluentes del estado en las regiones Istmo de Tehuantepec, Valles Centrales y Cañada.
En la Cañada
En este mes, por ejemplo, han sido habitantes de San José del Chilar, Cuicatlán (región Cañada), los que se han manifestado en dos ocasiones en contra de la extracción de material pétreo del río Grande. Los manifestantes, en sus protestas, acusan que es una empresa (Grupo 44) la que ha devastado el río y acabado con los recursos del afluente.
Persecución caciquil
Aparte de estos ríos, la comunidad de Eloxochitlán de Flores Magón también ha denunciado la extracción de material pétreo por parte de la familia de la diputada Elisa Zepeda Lagunas en el río Xangá Ndá Ge. A raíz de la defensa del afluente, la comunidad también ha denunciado una persecución política y la emisión de más de 200 órdenes de aprehensión en contra de defensores mazatecos.
La asociación civil Servicios para una Educación Alternativa (EDUCA) señala que “los principales ríos explotados por la industria de la construcción en el estado son: el río Atoyac, especialmente en la zona metropolitana, incluyendo jurisdicciones como Santa María Atzompa y Pueblo Nuevo; el río Zanatepec: a la altura del puente vehicular en la carretera federal hacia Santiago Niltepec; el Río Grande, en Cuicatlán; la Laguna de Manialtepec también en la costa”; así como las cuencas de los ríos Tehuantepec, Papaloapan y Verde.
De igual manera, refiere que “en el río de los perros en el Istmo de Tehuantepec, se concentra en la parte baja de la cuenca, identificándose al menos 18 zonas de extracción que contribuyen a la degradación del afluente”.
Erosión y afectación de hábitats
Tanto la asociación civil como la Profepa han advertido de los daños que se causan al medio ambiente con este tipo de prácticas.
“La extracción de material pétreo dentro de los cauces de los ríos provoca alteraciones en el flujo natural del agua, erosión de las riberas y afectaciones a los hábitats de diversas especies, además de incrementar el riesgo de inundaciones y deterioro ambiental”, explica la Profepa.
Por su parte, Educa señala que “la extracción ilegal y no controlada de material pétreo está acabando con los ríos de Oaxaca”. Además de que es “una actividad económica relevante pero desordenada y en su mayoría sin planeación ni permisos ambientales”. Incluso refiere que esta actividad la desarrollan empresas locales y contratistas “a quienes se les ha ligado con grupos delictivos, servidores públicos o caciques regionales”.






































