¡Maletas de lujo, mantas de miedo y calles sin ley!
¿Austeridad de nuera o vacaciones de diseñador? El terror en Juchitán y los rines de pelea que nos heredó la Semovi
¡Ave María Purísima! Dice el refrán que “la que de amarillo se viste, en su hermosura confía”, pero en la política oaxaqueña de hoy, hay quienes confían tanto en su árbol genealógico y relaciones familiares que ya se les olvidó que el suelo está parejo para todos. Bienvenidos a otra entrega de El Huarachazo, donde no venimos a contar cuentos chinos, sino a sacudirle el polvo a los que se sienten intocables en las alturas de la “transformación”. Pasen y vean, que hoy la función trae maletas pesadas, choferes bravucones y un Istmo que arde ante la mirada de sus autoridades.
La “nuera” y el turismo legislativo
La que se llevó la semana, y de paso el trofeo a la desfachatez, fue la diputada Tania Caballero Navarro. ¡Vaya meteoro político! De regidora a mandamás de la JUCOPO en lo que uno se toma un tejate. Pero miren, “aunque la mona se vista de seda, mona se queda”, y aunque la diputada se disfrace de “agenda migrante”, las fotos en el aeropuerto de California con su cuñada Bixido Jara cuentan la historia que ella quiso ocultar. Esas maletas de marca que lucían en la Unión Americana no traían leyes, traían el aroma del “turismo legislativo” que tanto criticaban cuando eran oposición.
Salió Tania a decir que el viaje fue de su bolsillo. ¡Por favor! “A otro perro con ese hueso”. Si de veras quería trabajar por los paisanos, ¿por qué saltarse a la Comisión de Migración? ¿Por qué irse con la familia? Resultaron “más papistas que el Papa” pero con las mañas de los de antes. “Hay que ser cuches, pero no tan trompudos”, sobre todo cuando se llena la boca hablando de una austeridad que no se asoma ni por asomo en sus etiquetas de viaje.
Semovi: donde la ley se arregla a golpes
Y mientras la “familia real” pasea, la Semovi nos recuerda que en Oaxaca la autoridad es un cero a la izquierda. La señora Yesenia Nolasco cree que gobernar es sacar boletines para justificar lo injustificable. Nuestras calles ya no son vías de transporte, ¡son rines de boxeo! Se ha vuelto el pan nuestro de cada día ver a los choferes del transporte público y conductores particulares arreglando sus diferencias a golpes en pleno asfalto, frente a los pasajeros y ante la mirada ausente de una Secretaría que no pone orden ni en su propia casa.
La violencia de los transportistas ha escalado a niveles de selva: unidades que se cierran, insultos que terminan en sangre y una anarquía total donde el ciudadano es el que siempre pierde. ¿Dónde está la regulación? ¿Dónde están las sanciones ejemplares? Yesenia Nolasco parece pensar que con un comunicado de “estamos capacitando o estamos tomando cartas en el asunto” se limpian las manchas de impunidad y el miedo de los usuarios. “Zapatero a tus zapatos”, y la titular debería entender que la movilidad se arregla con mano firme y quitando concesiones a los violentos, no con sonrisas para la foto mientras nuestras calles se vuelven rines de pelea con permiso oficial. La incapacidad de la Semovi para frenar este desmadre es el reflejo de un cargo que le quedó inmenso.
Juchitán: el abandono tiene dueño
Para cerrar con broche de plomo, en Juchitán de Zaragoza el horno no está para bollos. Al presidente Miguel Sánchez Altamirano, el mentado “Quetú”, el cargo le quedó como saco prestado. Juchitán está en el atolladero, sumido en una psicosis donde las mantas del crimen ya son el único periódico que la gente lee con miedo. “¡Na’ela, Dios!”, dicen en el Istmo, porque entre padrinazgos de Emilio Montero, falta de pantalones o la simple complicidad, a Juchitán se lo está llevando la corriente de la inseguridad.
La manta aparecida en el puente de la Octava Sección es el acta de defunción de la autoridad municipal. Una advertencia directa entre grupos delictivos mientras la ciudadanía vive con el alma en un hilo. Dicen que “el que con lobos anda, a aullar se enseña”, y aquí la impunidad ya tiene oficina en el palacio municipal. ¿Dónde están los operativos reales? Lo único que hay es incertidumbre y un alcalde que parece más preocupado por no hacer ruido que por la vida de los juchitecos que hoy viven bajo el terror del cobro de piso.
Oaxaca hoy se debate entre la cursilería de una diputada viajera, el miedo de un pueblo olvidado en el Istmo y la violencia salvaje en las calles que Yesenia no sabe —o no quiere— controlar. Pero que no se confundan esos parásitos que hoy se perfuman con el incienso del poder: ‘Arrieros somos y en el camino andamos’, y este huarachazo va con puntería fina para que recuerden que el poder es prestado y la vergüenza, esa sí, debería ser propia.
¡Pásenle a lo barrido, que aquí la verdad no pide permiso… y mucho menos perdón!


































