Entre el borrador de cadáveres, el ineficiencia de Yesenia y el “disque” amor al arte de Flavio
¡Válgame Dios! Si no fuera porque uno ya sabe de qué lado masca la iguana, el gobierno de veras pensaría que en Oaxaca los derechos humanos son de seda y la justicia es de terciopelo. Pero no, seguimos aquí, donde la política se hace con pura saliva y el desprecio se disfraza de “rigor técnico”.
Esta semana, el huarachazo va por partida triple: para los que borran muertos, para los que matan de hambre al arte y para los que han convertido nuestras calles en una selva sin ley.
Resulta que la titular de Derechos Humanos, Flor Estela Morales, salió muy “leída y escribida” a darnos clases de retórica. Dice ella, con una calma que ofende, que las 23 organizaciones que reportan 32 crímenes contra activistas están “mal de la cabeza” o de la estadística. Según su lógica de oficina, si no se demuestra con peritaje de oro que el balazo fue por defender el río, entonces el muerto no es activista, ¡es difunto por pura coincidencia! Es como decir que “si el muerto no trae el gafete de defensor puesto, entonces se cayó solo sobre las balas”.
¡Qué elegancia la de Francia para lavarse las manos! Aplicar ese “sofisma” es querer tapar el sol con un dedo y, de paso, escupirle a la memoria de Nazaret Cortés y de tantos otros que ya no están para desmentirla. Mientras la ONU y la CIDH dicen que hay que investigar la labor de defensa desde el primer minuto, aquí prefieren decir que fue una “riña de cantina”, “andaba en malos pasos” o “líos de faldas” para que la cifra no les afee el Power Point de la mañanera. “El que quiere azul celeste, que le cueste”, y al gobierno le sale muy caro aceptar que en Oaxaca defender la tierra sigue costando la vida. No se confundan: la paz no se construye borrando nombres con el borrador de la Secretaría, se construye con justicia, y aquí lo que sobra es soberbia.
Pero si de ineficiencias hablamos, hay que dar una vuelta por la SEMOVI, donde despacha Yesenia Nolasco. La misma que dejó a Tehuantepec sumido en el desorden allá por el 2017, ahora pretende convencernos de que el transporte en la capital es de primer mundo. ¡Vaya chiste! Esta semana circuló un video donde una unidad del “flamante” BinniBus le cierra el paso a un camioncito de Tucdosa en pleno centro histórico. No era una carrerita, era un bloqueo alevoso, una demostración de que aquí el que tiene el volante más grande se siente dueño de la calle.
La respuesta de institución, dependiente de Nolasco, fue de “manual de excusas”: que si era una maniobra de ruta, que si fue un error de cálculo. ¡Mentira! Fue la estampa perfecta de la falta de regulación seria. ¿Dónde está la mano firme para ordenar la vialidad? ¿Dónde está el control real sobre los operadores? Lo que vimos es el resultado de una secretaría que solo sirve para entregar concesiones pero no para poner orden. Con ello, opacando los aciertos, cualidades y buenas intenciones del BinniBus.
Y por si no fuera suficiente con el desorden del BinniBus, la SEMOVI de Yesenia Nolasco ahora nos sale con su ‘domingo de Ramos’ para los transportistas: una autorización de tarifas en el Valle Etla que huele más a pacto político que a estudio técnico. Mientras al usuario le aprietan el pescuezo con el pasaje, la Secretaría entrega el garrote a los taxistas para que sigan cobrando lo que se les pega la gana, demostrando que en esa oficina la prioridad no es la movilidad del pueblo, sino quedar bien con los dueños de las concesiones.
“Genio y figura hasta la sepultura”, y la señora Nolasco sigue demostrando que lo suyo es administrar el caos vial, no resolverlo. El transporte público en Oaxaca sigue siendo una moneda al aire donde la seguridad del usuario no vale ni un peso.
Y hablando de “cuentos chinos” y para rematar el cuadro de ineptitud, ¿qué me dicen de nuestro gran “luchador social”, Flavio Sosa? El hombre que en el 2006 se rasgaba las vestiduras por el pueblo, hoy parece que ya encontró una silla muy acolchonada en la Secretaría de Cultura y ya se le olvidó de qué lado se amarran los huaraches. “Tanto amor al arte, y los músicos estirando la mano”. Ahí tienen a la Banda de Música del Estado, con sus 150 años de historia a cuestas, protestando “Bajo el Laurel” porque no les han soltado el aumento de enero, febrero y marzo. ¡Qué ironía!
Es una vergüenza que utilicen nuestra música como imán de gringos y “cliché de Guelaguetza” para la foto internacional, pero a la hora de pagar sueldos dignos, salgan con que “no hay suficiencia presupuestaria”. Flavio dice que “agradece la paciencia”, pero “la paciencia es mucha, pero el hambre es más canija”. Reconocer que la demanda es justa pero no soltar el billete es como invitar al mole y no poner ni las tortillas.
Oaxaca está herida: le matan a sus defensores en el campo, le matan de hambre a sus artistas en la ciudad y la ciudad es un caos con la anarquía vial. Pero “arrieros somos y en el camino andamos”, y no duden que ante tanta egolatría, ante tanto “parásito” que vive del erario, el pueblo se cansará de que lo ‘tanteen’, y no habrá oficina que los esconda ni retórica que los salve de un huarachazo bien puesto, seco y tronado, que les baje los humos de una buena vez.
¡Pásenle a lo barrido, que aquí la verdad no pide permiso… y menos perdón!


































