El debate sobre el consumo de tabaco en México ha entrado en una nueva era. Con la reciente publicación de la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco (ENCODAT) 2025, el Estado mexicano reconoce oficialmente que el panorama ha cambiado: ya no hablamos solo de cigarrillos, sino de un ecosistema complejo que incluye vapeadores, tabaco calentado y bolsas de nicotina.
A medida que la regulación se endurece, surge una interrogante que la política pública suele omitir: ¿Por qué la gente fuma y por qué es tan difícil dejarlo? La respuesta parece estar en la ciencia, más allá de las prohibiciones.
LOS DOS PILARES DE LA ADICCIÓN: QUÍMICA Y RITUAL
Para muchos fumadores, el hábito no es una elección caprichosa. Según la Dra. Mariana Hoyo Vázquez, especialista en medicina integrativa, el tabaquismo se sostiene sobre dos estructuras que la política punitiva suele subestimar:
- Dependencia Fisiológica: La nicotina activa receptores en el cerebro que liberan dopamina, ayudando al usuario en la gestión del estrés y la concentración.
- El Ritual Conductual: El acto físico de manipular el producto y la “pausa” en el día crean un hábito psicológico difícil de romper.
“Si no ofrecemos alternativas que satisfagan tanto la necesidad química como la del ritual, los usuarios seguirán buscando la recompensa en la ilegalidad”, advierte la especialista.
EL GRAN EQUÍVOCO: ¿ES LA NICOTINA EL VERDADERO ENEMIGO?
Durante décadas, los términos “fumar”, “tabaco” y “nicotina” se han usado como sinónimos de enfermedad. Sin embargo, la ciencia moderna plantea una distinción crucial: la nicotina es adictiva, pero no es carcinógena.
Instituciones de prestigio mundial como la FDA en Estados Unidos y el Real Colegio de Médicos del Reino Unido coinciden en que, aunque la nicotina genera la adicción, el riesgo para la salud es significativamente menor comparado con el acto de fumar tabaco convencional. De hecho, la nicotina no figura en la lista de carcinógenos de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) de la OMS.
EL VERDADERO PELIGRO: LA COMBUSTIÓN
La clave para entender el daño a la salud reside en el “triángulo del fuego”: combustible (tabaco), oxígeno y calor (encendedor).
- El proceso: Al encender un cigarrillo, la temperatura supera los 400°C, iniciando la combustión.
- El resultado: Se generan más de 6,000 compuestos químicos.
- El riesgo: De esos compuestos, unos 100 son catalogados como dañinos (HPHCs) y aproximadamente 70 son cancerígenos conocidos.
Es la exposición repetida a los químicos del humo —producto de la combustión— y no la nicotina, lo que causa el cáncer y las enfermedades cardiovasculares.
HACIA UNA POLÍTICA DE REDUCCIÓN DE DAÑOS
La revelación de la ENCODAT 2025 abre la puerta a una discusión necesaria en México: la reducción de daños. Reconocer que existen opciones sin combustión podría ser la clave para atender a aquellos fumadores adultos que no pueden o no quieren dejar la nicotina, pero que buscan alternativas con un perfil de riesgo menor para su salud.
Mientras la regulación avanza, la ciencia sugiere que separar la nicotina del humo podría ser el paso más importante para combatir las enfermedades relacionadas con el tabaquismo en el país.










































