En Oaxaca, el huarache es territorio y es historia; es el polvo del camino comunal y el asfalto de la ciudad. Pero, sobre todo, es dignidad en movimiento.
Así, El Huarachazo nace como alegoría al golpe seco y necesario con el que nuestra gente oaxaqueña responde ante la ofensa, el desprecio o la agresión del poder.
Es el sonido de la realidad que se quita el calzado para ponerle un alto a la soberbia del escritorio. Es la “justicia de suelo” hecha opinión: un golpe seco y necesario que despierta a los distraídos y pone límites a la soberbia del poder.
Representa la respuesta colectiva ante el agravio y la mentira, usando la identidad de nuestra propia suela para que no nos quieran “tantear”. Aquí la política se analiza desde abajo, con la voz de quien ha caminado nuestros territorios, nuestras realidades, nuestros pueblos; esa gente común y corriente, como tú o como yo, que vive, siente y se da cuenta de nuestra realidad.
Porque en esta tierra, “arrieros somos y en el camino andamos”, y cuando el discurso oficial nos quiere pisotear, la respuesta suena fuerte, clara y con aroma a pueblo, ahí le va El Huarachazo. – “¡Que se hague compadre!, ¡que se hague!” – “¡No compadre!, se dice ‘¡que se haga!’”. – “Ta bien compadre, ‘que se hagua’”.
¿La presa va porque va? ¡Dichoso el árbol que da fruto!
¡Qué chiquito es Oaxaca, de veras! Uno piensa que las cosas cambian, pero nomás cambian de color, porque las mañas son las mismas. Dice el dicho que “el que tiene más saliva, traga más pinole”, y en la última mañanera estatal, al gobernador Salomón Jara y a su secretario de Gobierno, Jesús Romero, les sobró saliva para querer endulzarnos el oído con el tema de la Presa Mujer Solteca en Sola de Vega. Pero miren, entre el dicho y el hecho, hay un trecho bien largo, y aquí no nos vamos a dejar “tantear”.
Resulta que ahora, si un colectivo ambientalista o una organización civil como el Foro Oaxaqueño del Agua levanta la ceja para preguntar por el impacto ambiental, ¡zaz!, les cae el estigma. El gober, muy quitado de la pena, aplicó la de “a falta de pan, tortillas”, comparando a los defensores del agua de aquí con los de la derecha y Claudio X. González. ¡Vaya salto acrobático! Como si cuidar el cerro y el río tuviera color de partido. “Cada quien cuenta la feria según le va en ella”, y al gobierno le urge que la obra pase sin que nadie le mueva el tapete técnico.
Dice Jesús Romero que “desde la comodidad de una mesa es fácil cuestionar”. ¡Ah, caray! Pues que nos digan en qué mesa se sientan ellos, porque la realidad en las comunidades no se firma en un papelito de asamblea a modo. “Al nopal lo van a ver solo cuando tiene tunas”, y así parece que ven a Sola de Vega: solo cuando hay proyecto de por medio. Descalificar al Observatorio Comunitario del Agua diciendo que no tienen “legitimidad” es como querer tapar el sol con un dedo; la experiencia técnica y el amor a la tierra no se compran en la Secretaría de Gobierno.
Y para rematar, el tema de los activistas. Dicen que “sus cuentas son otras”. Pues claro, “el que parte y reparte, se queda con la mejor parte”, hasta con las estadísticas de la sangre. Negar que Oaxaca es zona de riesgo para quien defiende el territorio es no tener memoria o no tener vergüenza. El asesinato de la comisariada de Totolápam, Nazaret Cortés, no es cualquier cosa para que la despachen con un “nosotros no teníamos temas pendientes con ella”. Echarle la culpa a los “actores externos” de mentir es el viejo truco de “echarle la culpa al muerto” para lavarse las manos en la fuente de la impunidad.
“Arrieros somos y en el camino andamos”, y en este camino de la Presa Mujer Solteca, más vale que el gobierno se quite la soberbia y se ponga los huaraches de la gente, antes de que el pueblo les acomode un buen “Huarachazo” de realidad. Porque aquí, la dignidad no se negocia ni se apaga con discursos mareadores.

































