Al interior de la catedral metropolitana de Oaxaca, la imagen de la Virgen María fue adornada con un altar en el que cada elemento (germinados, aguas, semillas y demás) representaba la solemnidad del Viernes de Dolores, día en el que la feligresía católica le acompaña en sus 7 dolores o sufrimientos.
El paisaje era un tanto distinto afuera, en mercados y espacios comerciales donde la tradición se convertía en varios casos en un momento de unión entre comerciantes, de compartir la fe ante alguna imagen de bulto. Pero en otros casos más, también era de celebración, en el que el significado religioso pasaba a ser más de alegría, de espera por parte de los transeúntes por las aguas frescas, el tejate, algún dulce regional, las nieves e incluso el mezcal.
Las aguas que se comparten en este día simbolizan las lágrimas de la virgen María, según cuentan creyentes católicos sobre el significado de obsequiar aguas de sabores.
Solemnidad en Catedral

En la catedral metropolitana y otros templos de la ciudad de Oaxaca, la solemnidad del Viernes de Dolores quedaba de manifiesto no solo con los adornos blancos y morados de la Cuaresma sino el silencio, la fe y la devoción de quienes acudieron a ver a la virgen dolorosa, también al altar en el que la fe católica se fusionó con las prácticas ancestrales en torno a la siembra.
Veladoras, platos con semillas de lentejas y maíz, animales de barro con germinados de chía (característicos de Santa María Atzompa), macetas de milpa, además de banderas, recipientes con aguas de colores (en alusión a las lágrimas de la virgen), floreros con hierbas aromáticas para hacer menos penoso el momento de la virgen y siete veladoras.
El papel picado, la mesa del altar que se viste con manteles en blanco y morado, evocan el luto, la tristeza y la pureza, y lo mismo se vio en los altares de las iglesias como en las galerías, comercios y mercados que recordaron la tradición este viernes.
En el mercado 20 de Noviembre, el obsequio de las aguas frescas que comenzó hace 45 o 50 años, aproximadamente, a propuesta de la fallecida cocinera Dina Rodríguez de Victoria, se mantuvo este viernes, en un ambiente que mezclaba el recuerdo y simbolismo de la tradición católica, pero también la popularización de la misma entre visitantes y público local.








































