Mis estancias en la Mixteca Alta, la Mixteca Baja y la Costa durante más de 50 años me permiten entender su heroísmo, su historia, sus leyendas y sus costumbres. Por ello puedo afirmar que Huajuapan es un municipio atípico, ya que actualmente tiene su territorio dividido en dos porciones de tierra que no están unidas entre sí, formando dos polígonos separados.
Todo esto tiene su origen mucho antes de que existieran los límites municipales como hoy los conocemos. Desde la época prehispánica, cuando se habitaba el Cerro de las Minas, las comunidades de la Mixteca ya poseían tierras comunales, es decir, ancestrales, que posteriormente fueron reconocidas como ejidales a partir de la Ley Agraria de 1915 y hoy cuentan con reconocimiento legal. Cuando se formalizaron los municipios con la Constitución del 5 de febrero de 1917, algunas de esas comunidades quedaron en medio, perteneciendo a otros municipios. Tal es el caso de Huajuapan, que conservó dos bloques territoriales separados.
La herencia indígena y agraria se reflejó en el reconocimiento de sus títulos antiguos; por lo tanto, fueron las resoluciones agrarias posteriores a la Revolución Mexicana y los acuerdos entre pueblos mixtecos los que influyeron para que el actual Huajuapan de León quedara conformado así, reflejando una organización territorial más antigua que el propio municipio moderno.
Otra ciudad importante de la Mixteca es Santa María de la Asunción Tlaxiaco, conocida como la tres veces Heroica Tlaxiaco. Es la ciudad de los siete barrios: San Pedro, San Nicolás, Barrio Séptimo, San Miguel, San Bartolo, San Nicolás y San Sebastián.
Es cierto que, a través de los siglos, algunos pueblos desaparecieron y otros se fueron fundando, por lo que la geografía ha cambiado y parte de la historia antigua actualmente es poco conocida. Esto se observa cuando se habla de la Mixteca Alta, la Mixteca Baja y del reino de Tututepec, pero muy poco de la cultura mixteca de los Valles Centrales. Por ello, hoy comparto que en la región mixteca colindante con los Valles Centrales de Oaxaca existe una población llamada Nochixtlán, la cual fue establecida como una guarnición militar fundada por Ndazahuíndandaa. Por ello, sus habitantes son considerados descendientes de los “guerreros jaguar”, los Ñuu Savi, quienes a su vez fueron descendientes de Mixtecátl.
Su historia está marcada por batallas épicas narradas en códices prehispánicos. Sus hazañas les valieron el respeto de otras culturas, que los describieron como un pueblo militar que realizó diversas conquistas, como las encabezadas por Ocho Venado Garra de Jaguar.
También son identificados por la leyenda del guerrero Mixtecátl, Yacoñooy, también conocido como Tzauindanda, el flechador del Sol.
Los hijos del señor de la lluvia
La historia cuenta que en el año 909 d. C., Ndazahuíndandaa o Dzahuindanda —“Señor de la lluvia” o “Hijo del cielo”— realizó una expedición militar al sur del reino de Ñuu Yúcha (Apoala) hasta llegar a la cima del Yuku Ndukandu (Cerro de la Nopalera), donde ordenó construir una guarnición militar para vigilar el valle que se extendía ante su vista. Así nació el antiguo pueblo de Nochixtlán, llamado en mixteco Ñuu Anduko (según el calendario mixteco, esto ocurrió en el año 3 Casa 4 Conejo).
En un principio, el asentamiento dependió del señorío de Apoala; posteriormente pasó a Tilantongo y, a la llegada de los españoles en 1521, ya pertenecía al señorío de Achiutla.
En 1516, Nochixtlán había sido conquistado por el ejército del emperador Moctezuma II, por lo que la población se vio obligada a pagar tributo consistente en tenates de grana, canutos de oro en polvo, 40 mantas finas de algodón, 100 vestidos bordados, un tenate de piedras preciosas, plumas finas y hachas de cobre, según la relación que aparece en el Códice Mendocino.
Durante la caída de México-Tenochtitlan, el 13 de agosto de 1521, lograda por 680 españoles y alrededor de 80 mil aliados indígenas, el pueblo vivió momentos trágicos, pues una gran cantidad de sus habitantes murieron por enfermedades como cólera, peste, sarampión y viruela. Esta situación obligó a muchos mixtecos a abandonar sus tierras y emigrar hacia otras poblaciones más remotas y fértiles.
Fue hasta 1527 cuando Francisco de Orozco y un grupo de 50 sobrevivientes conocidos como “guerreros jaguar” fundaron la nueva población, nombrándola Santa María de la Asunción Nochixtlán en honor a la Virgen de la Asunción.
Los nuevos habitantes desarrollaron el comercio, teniendo como principal actividad económica el cultivo de la grana cochinilla, parásito del nopal del cual se obtiene un colorante natural rojo. De ahí deriva el nombre náhuatl Nochiztli (“grana” o “cochinilla”) y Tlan (“lugar”), es decir: “Lugar de la grana cochinilla”.
Durante el siglo XVII la población creció y se formaron en torno a Nochixtlán comunidades como San Francisco Chindúa, La Luz, San Mateo Etlatongo, Santiago Tillo, Tecomatlán, San Andrés Sinaxtla, Santa María Chachoápam, San Juan Sayultepec, San Juan Yucuita y Apoala, entre otras.
Reino mixteco
En 1904 se realizaron las primeras excavaciones en el cerro Ñuu Anduko (pueblo viejo de Nochixtlán). Como resultado, se encontraron tres ollas decoradas tipo códice donde se narra el origen del pueblo, piezas que estuvieron resguardadas en el Museo de Oaxaca.
A pesar de este descubrimiento, tuvieron que pasar 66 años para que en 1970 el doctor Alfonso Caso continuara los trabajos arqueológicos, logrando localizar una tumba en cuyo interior apareció la osamenta de un hombre de aproximadamente 2.15 metros de estatura, que algunas personas consideran podría corresponder al guerrero Ndazahuíndandaa.
En 1978, al abrirse un camino de terracería con maquinaria de la Junta Local de Caminos para entroncar con la carretera internacional, las máquinas cortaron un gran mogote. Tras dar aviso al arqueólogo Marcos Winter, este acudió al sitio y, después de años de trabajo, exploró y descubrió la gran ciudad que tuvo su esplendor del año 909 d. C. al 1521.
Sin embargo, los mixtecos temían a los habitantes de la región de los zapotes —los zapotecas— quienes tenían su atalaya y sus fronteras en Huitzo, donde recientemente se han encontrado nueve tumbas de Huijazoo, incluida una décima que ha sido ampliamente difundida por los medios y que actualmente preserva el INAH.
Las zonas arqueológicas exploradas son pocas si se considera la gran cantidad de sitios aún en ruinas en Oaxaca, cuya investigación requeriría recursos extraordinarios.
Por ello, existe esperanza en la actual dirección del INAH, encabezada por Joel Omar Vázquez Herrera, antropólogo social con estudios de maestría en Administración Pública por la Universidad Autónoma de Querétaro. Durante su gestión en Oaxaca, entre 2015 y 2025, impulsó importantes trabajos de restauración en cerca de 650 inmuebles arqueológicos e históricos, incluyendo templos como La Merced, San Agustín, Santa María la Mayor (Las Nieves), Guadalupe, la Catedral y La Soledad.
Actualmente es director general del INAH a nivel nacional. Durante su estancia en Oaxaca, donde vivió diez años, mostró un profundo interés por las culturas mesoamericanas. Recientemente firmará, en el Museo Nacional de Antropología, un convenio con el representante de la UNESCO en México, Andrés Morales Arciniegas, para la develación de una placa del Escudo Azul en dicho recinto.
Evento al que he sido invitado, junto con Gael García Bernal y Yalitza Aparicio, ambos embajadores de buena voluntad de la UNESCO por su labor en favor del patrimonio afectado por los sismos de 2017, 2018 y 2020. Asimismo, el maestro Omar impulsó la reapertura del Museo Ervin Frissell en Mitla y la protección del polígono de Monte Albán mediante una cerca de aproximadamente 42 kilómetros de longitud, que resguarda la zona arqueológica.
Oaxaca de Juárez, a 23 de marzo de 2026.
JORGE BUENO
Cronista de Oaxaca.
Presidente de la A.E.C.O.
Secretario General de la
Federación Nacional de Asociaciones
de Cronistas Mexicanos A.C.






































