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Opinión

Vialidades, un desastre

Editorial

 

 

Aceptando sin conceder que la competencia de rehabilitar calles y avenidas de la capital no es sólo del ayuntamiento de la capital, sino de los otros dos órdenes de gobierno, federal y estatal, lo cierto es que el estado de las calles de la ciudad está para llorar y por todos los rumbos. El gobierno de José Antonio Hernández Fraguas, nos hemos percatado de ello, ha hecho su mejor esfuerzo. Se entiende asimismo que la carencia de recursos es indispensable para corregir una situación de deterioro no sólo temporal sino permanente. Y es que resulta paradójico que se esté haciendo campaña para atraer al turismo y decirles a los visitantes potenciales, que la capital oaxaqueña está de pie y que los recibirá con los brazos abiertos, cuando las condiciones físicas de la ciudad son sencillamente deplorables. Están en puerta ya los festejos del “Día de Muertos”, que siguen siendo un atractivo turístico, sin embargo, existe preocupación por el mal estado del Panteón General de San Miguel, afectado por los sismos del 7 y 19 de septiembre. Ello no es un argumento válido para no darle a la capital una manita de gato y evitar en lo posible daños y malestar al turismo.

Sería pecar de ignorante no ver, que se han hecho arreglos básicos a las vialidades. Sin embargo cuestión sólo de observar los baches y enormes hoyancos en Avenida Universidad, los que se encuentran en los rumbos del Mercado de Abasto y hasta en el mismo Centro Histórico, dando a todo el entorno un aspecto de olvido y abandono. En la periferia de la capital la situación es en verdad dramática. La carretera 190 que entra por Viguera y Pueblo Nuevo, tiene meses de que está en reparación sin que los trabajos hayan sido concluidos. Ello compete a la SCT. Otro ejemplo lamentable lo es el puente de La Garita, de Santa Cruz Xoxocotlán, en donde los socavones ya son algo común. Recién apareció uno, que de inmediato fue atendido por Caminos y Aeropistas de Oaxaca (CAO). El pasado fin de semana apareció otro. Situación lamentable la de los pasos a desnivel y puentes, debajo de los libramientos que rodean el Mercado de Abasto, los cuales se han convertido en trampas mortales. No existen pues soluciones verdaderas a esta situación, sino sólo pequeños correctivos que más tarde que temprano exhiben la abulia y el desinterés oficial. Cualquier observador puede detectar que no hay en la ciudad una sola colonia, barrio o el propio Centro, cuyas vialidades no estén en situación de deterioro.

No más arreglos subrepticios

Sólo risa generó una reciente declaración del dirigente de la Sección 22, Eloy López Hernández, hace unos días, en la que pide la salida del Ejército Mexicano de la zona siniestrada del Istmo de Tehuantepec, pues en su atolondrada opinión, las Fuerzas Armadas podían militarizar la región, para favorecer la operación de las Zonas Económicas Especiales (ZEE). Nada más inoportuno en estos momentos, cuando han sido los soldados los que han participado de manera activa en la remoción de escombros, el rescate de sobrevivientes tanto en las poblaciones istmeñas que resultaron afectadas como en la distribución de la ayuda humanitaria. Nadie puede regatearle a nuestras Fuerzas Armadas, más que mentes obtusas y atolondradas, como los provocadores y violentos de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa, Guerrero, que en un acto de cobardía asaltaron y vandalizaron una zona militar hace al menos tres semanas, a sabiendas de que los soldados están en labores de auxilio. Lo que generó más indignación es que estos vándalos y delincuentes juveniles, se asumen luego como víctimas. Si mal no recordamos, quienes desaparecieron a los 43 normalistas fueron grupos de la delincuencia organizada, coludidos con policías municipales de Cocula e Iguala, no militares.

Y si ese hecho desafortunado ocurrió no fue porque los jóvenes estuvieran en su escuela, sino porque habían asaltado autobuses que no debían. Por todo esto y en general por la actitud de los maestros de la Sección 22, existe en la sociedad oaxaqueña coraje e indignación. Estos falsos educadores le han hecho más daño a Oaxaca que todos los siniestros naturales de los últimos tiempos. He ahí el por qué, desde la semana pasada surgieron en la sociedad civil voces que demandan al gobierno del estado, no otorgar ni un peso más fuera de presupuesto a los maestros y sus rapaces dirigentes. No más canonjías a este sector parasitario de la educación pública, que asumen no como un compromiso o vocación, sino como un empleo de confort que les rinda buen salario que no desquitan ni merecen. Los arreglos en torno a temas educativos deben hacerse ante la Secretaría de Educación Pública no ante el gobierno estatal. Ni un peso, ni una sola prebenda, mucho menos que se sigan cargando al erario estatal, hoy tan magro y con la reconstrucción por delante, recursos para engordar a esta casta parasitaria e insaciable.