Cuarta transformación "a la mexicana"
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Entre columnas

Cuarta transformación “a la mexicana”

 

Durante su campaña hacia la Presidencia de los Estados Unidos Mexicanos, Andrés Manuel López Obrador influyó en los corazones de sus simpatizantes asegurándoles que era el momento de una cuarta transformación en el país, con la finalidad de vivir en un estado de derecho, y evolucionar a una auténtica democracia que garantice elecciones libres, tan es así que asegura, enviará una iniciativa al Congreso para que los delitos electorales se consideren graves, lo anterior como mecanismo para terminar con la corrupción y la impunidad, e inclusive, propone reformar el artículo 102 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos para que el presidente en funciones pueda ser juzgado por corrupción, así como establecer políticas públicas de austeridad, reduciendo tanto su salario, como el de los altos funcionarios del gobierno, la eliminación de lujos, como el no vivir en la residencia oficial de “Los Pinos”, dejar de utilizar el avión presidencial, los servicios del Estado Mayor Presidencial, y aunque aún no se encuentra en funciones, claramente existe una tendencia a ajustar el discurso a una realidad más cruda en México.
Y hablamos de una “cuarta transformación” porque han existido diversos acontecimientos históricos que nos han definido como país: la Independencia, la Reforma y la Revolución Mexicana, pero algo que nos caracteriza como mexicanos, es nuestra arraigada costumbre de hacer política “gatopardista”, es decir, bajo el esquema que refería Guiseppe Tomasi Di Lampedusa en su obra “El gatopardo”, que nos deja un mensaje para la reflexión: “que todo cambie para que todo siga igual”.
Por lo que, si analizamos los acontecimientos que llevaron a México a su Independencia, sabremos que don Miguel Hidalgo y Costilla originalmente no buscaba que nos independizáramos dejando de ser una colonia española, pues el grito de dolores fue: “¡Viva nuestra madre santísima de Guadalupe!, ¡Viva Fernando VII y muera el mal gobierno”, es decir, Hidalgo buscaba reivindicar el reconocimiento legítimo del gobierno de Fernando VII y desconocer al usurpador José I Bonaparte, hermano mayor de Napoleón Bonaparte, iniciando así una gesta independentista que culminó con la formación del primer Imperio Mexicano, con un gobierno monárquico, cuyo emperador fue Agustín Iturbide, mismo que duró solamente nueve meses y fue revocado por la rebelión republicana en 1824, siendo nombrado primer Presidente de México, José Miguel Ramón Adaucto Fernández Félix, quien gobernó bajo el seudónimo de Guadalupe Victoria.
En relación a la Guerra de Reforma, que se dio entre grupos conservadores y liberales, surgió el Tratado McLane-Ocampo, el cual era un acuerdo entre los Estados Unidos de Norteamérica y el Gobierno Liberal de México, encabezado por Benito Pablo Juárez García, mediante el cual se vendía a perpetuidad el derecho de tránsito por el Istmo de Tehuantepec a los Estados Unidos, por el pago de 4 millones de dólares, para financiar a favor de los liberales, la guerra civil que se suscitaba en México, y culminó con la promulgación de las Leyes de Reforma que suprimieron los fueros a la iglesia y el ejército, se decretó la libertad de imprenta, la desamortización de bienes eclesiásticos, la libertad de credo y se creó el Registro Civil, quitándole así el monopolio de los matrimonios y la defunciones a la iglesia.
Aún con los dos ejemplos citados anteriormente, nos sorprendemos ante la licencia otorgada a Manuel Velasco Coello y lo cual logra que históricamente una misma persona sea a la vez, Senador de la República y Gobernador del Estado de Chiapas, situación que se encuentra expresamente prohibida por el artículo 125 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, pues es una medida de control necesaria para evitar la acumulación de funciones en un mismo individuo, pero eso, a nuestros Senadores no les importó, incluso, el Senador por Morena, Ricardo Monreal, defendió con toda su retórica, el derecho que tienen los Senadores a separarse de su cargo cuando así lo quieran hacer, mencionando que defendería ese derecho cuando se tratase de cualquiera de sus compañeros, lo cual por supuesto que resulta falso, pues no es un derecho, sino un permiso, pues si algún Senador quiere dejar de desempeñar su cargo, es necesario que su licencia sea aprobada por la mayoría de los Senadores, de no ser así, no se requeriría someterlo a votación, quedando así en el discurso el “estado de derecho” que caracterizaría esta cuarta transformación, tan pregonada por su líder moral Andrés Manuel López Obrador.
Pero tampoco es la primera vez que sucede algo así en México, pues hablando de la tercera transformación, podemos recordar el papel que tuvo Victoriano Huerta en la decena trágica, y que también utilizó estrategias de esta clase para acceder al poder, ya que, después que Ignacio I. Madero presentara su renuncia tras la traición de Victoriano Huerta, era el Ministro de Relaciones Exteriores quien debería ocupar de manera interina la Presidencia de la República a falta del presidente electo, y quien ostentaba dicho cargo era Pedro Lascurain Paredes, y fue precisamente él quien llevó las dimisiones de Madero y Pino Suarez al Congreso, tomando el cargo de Presidente de los Estados Unidos Mexicanos a las 17:15 horas del 13 de febrero de 1913 y entregándole el poder a Victoriano Huerta a las 18:00 horas de ese mismo día, pero se negó a presenciar la ejecución de Madero y Pino Suarez porque su religión no se lo permitía.
Quien no conoce su historia está condenado a repetirla, por lo que, más que sentirnos engañados, debemos estar muy atentos a los mensajes que nuestros gobernantes nos envían, tanto con sus acciones como con sus discursos, pues ya el propio Andrés Manuel López Obrador hablaba de una “rebelión en la granja”, y quienes pudimos leer dicha obra de George Orwell, podemos recordar que al final, los cerdos, que son quienes logran dominar la granja, terminan brindando con los granjeros e incluso se confundían entre ellos, pues se habían convertido en una misma especie.