Conciencia ciudadana
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Opinión

Editorial

Conciencia ciudadana

 

Un comentario trivial: ¿se ha percatado usted de que en varios cruceros de la capital han sido retirados los semáforos y han sido sustituidos por letreros que dicen: uno por uno: primero tú y luego yo? Hace años era impensable atentar en contra de la terquedad de unos cuantos –que los hay- que siempre se empeñan en pasar antes que los demás. La iniciativa ciudadana, que ahora ha capitalizado muy bien el gobierno de la ciudad, inició hace poco tiempo. Sin embargo, se ha ido generalizando, en lo que los sociólogos llaman, “la conciencia colectiva”. Los problemas de nuestra compleja vialidad pueden irse superando en tanto cada uno de los que circulamos en nuestras calles seamos responsables. Y poco a poco ya nadie se molesta. Hemos ido creando conciencia de que entendernos es la mejor manera de convivir de manera civilizada. Cuando los promotores de los bloqueos, dirigentes sociales, maestros y otros entiendan que la protesta que lacera los derechos civiles y la libertad de terceros no es tal, sino una afrenta a los mismos derechos humanos, tal vez asuman como propio el repudio generalizado.

Aprendimos de los forjadores del Derecho Positivo que los derechos ciudadanos conllevan asimismo obligaciones, pero básicamente, el respeto a las libertades de los demás. En la genealogía del poder, del filósofo alemán, Nietzsche, nos dejó para la posteridad que la multitud por su propia naturaleza, intimida, amenaza y conculca, frente al ciudadano solitario e inerme. ¿Qué siente el trabajador que tiene que cumplir un horario de trabajo; el transportista que tiene que circular para ganarse el jornal diario; el empleado de gobierno, que tiene que checar tarjeta, y de no hacerlo será objeto de descuentos, cuando sale de su casa y encuentra muy temprano, vehículos secuestrados atravesados por la ruta diaria? Los términos pueden ser muchos, pero pocos comprenden la genealogía de la frustración, la impotencia, el trago amargo cotidiano. Luego entonces, cualquier ley o iniciativa que envíe el ejecutivo estatal; que sea producto de las exigencias de ciertos grupos o por presión de la sociedad civil, es viable, en tanto se trate de erradicar un mal que no sólo lastima a la sociedad en su conjunto, sino que ha devenido una industria que sólo es rentable para unos cuantos vivales. Así de simple. Quienes están en contra de regular marchas, manifestaciones y bloqueos, son aquellos que se habrán de oponer como gato boca arriba, que se mate a la gallina de los huevos de oro.

UABJO: Situación crítica

Como nunca en su historia contemporánea, la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca (UABJO), atraviesa por uno de sus peores momentos. Está totalmente descapitalizada. No cuenta ya con recursos para hacer frente a una crisis económica que no le permitirá en breve, cumplir a cabalidad con los compromisos de tipo laboral que tiene con sus trabajadores. El problema que atosiga a nuestra Máxima Casa de Estudios no es fortuito. Tiene que ver con la forma tan ruin en que es explotada por al menos seis sindicatos que perviven de prebendas y dádivas; de extorsión y de chantaje. Recientemente hubo movilizaciones y protestas por parte del Sindicato de Trabajadores Académicos (STAUO), pues tratándose de un gremio que se ha fracturado al menos en cuatro partes, la Junta Local de Conciliación y Arbitraje (JLCyA), le concedió la toma de nota a un segmento. Antes, le dio reconocimiento legal al Sindicato Universitario de Académicos (SUA), que aglutina a un grupo reducido de catedráticos, pero se ha convertido en un ente beligerante manejado como trampolín de intereses personales de viejos caciques que han pervivido del erario universitario de tres a cuatro décadas. Es admirable la capacidad de rapiña y voracidad de quienes se enquistaron en nuestra Alma Mater desde hace tanto tiempo y pretenden seguir medrando de la misma.

Como lo publicamos en EL IMPARCIAL. El mejor diario de Oaxaca la semana pasada, para resarcirse de su crisis económica la UABJO requiere de al menos 1 mil doscientos millones de pesos. El rector Eduardo Bautista Martínez se entrevistó con la Junta de Coordinación Política de la Cámara de Diputados local para demandar que en el Presupuesto de Egresos para 2018, la UABJO pueda contar con un presupuesto más adecuado a sus necesidades. Es una incongruencia que instituciones como el Sistema de Universidades Estatales de Oaxaca (SUNEO), tengan mayor presupuesto y una matrícula significativamente inferior a la que tiene la llamada Máxima Casa de Estudios. No hay que olvidar que si bien es cierto que ésta sigue acotada por poderes fácticos como sindicatos, grupos caciquiles y porros, sigue siendo la más socorrida por los jóvenes oaxaqueños que siguen tocando a sus puertas para formarse profesionalmente. Pero ese acoso de los poderes fácticos ha hecho que nuestra universidad pública más populosa, haya sido estigmatizada como una de las peores del país.