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“Por favor, no cierren la Casa de la Cultura”, piden usuarios y maestros

Docentes inconformes acusan que hay intención de “donar” este espacio cultural a una fundación privada; titular de Cultura rechaza responder incógnitas

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“Estoy conmovida hasta las lágrimas de que quieran cerrar este lugar”, dice Karen, estudiante de la Casa de la Cultura de Oaxaca, la rodean niños, hombres, mujeres y ancianos, todos vinculados con este espacio histórico que ha visto formarse a decenas de artistas oaxaqueños.

Ante la amenaza por parte del Gobierno del Estado de dejar de pagar a los maestros que imparten talleres en este edificio, todos coinciden en una cosa: sin talleres la Casa de la Cultura de Oaxaca desaparece.

Con una leve llovizna adornando la mañana en la Verde Antequera, los inconformes se postran en la entrada de la vieja construcción de cantera; a través de los altavoces se escuchan las voces de aquellos que vieron su niñez y su formación pasar al interior de los imbatibles muros.

“Para mí la Casa de la Cultura significa la oportunidad para que la sociedad aprenda cultura”, continúa Karen, pues para ella es el nutriente principal de las expresiones, con lo que dejas de seguir al sistema y confrontarlo si es necesario. “Cerrar la Casa de la Cultura significa un retroceso para la sociedad y espero que el gobierno pueda ver esto y haga conciencia de que está frenando el desarrollo social y económico de Oaxaca, por favor, no lo hagan”, implora.

 

Después de agosto, nadie sabe

La Casa de la Cultura inició actividades en 1954, miles de alumnos y maestros han pisado su sede, miles de sueños se han forjado dentro de las canteras que iluminaron las manos, las mentes, las voces de los oaxaqueños: artistas natos.

“Nos dicen que nos van a llamar de pocos para conocer nuestra situación y ver cómo va a quedar y al final somos todos los que hacemos Casa de Cultura y que la institución se quede sin maestros significa que desaparece”, señala uno de los oradores.

El 15 de agosto los maestros dejarán de percibir un sueldo, su raquítico contrato, renovado cada dos meses, los desampara, pues no hay antigüedad, no hay prestaciones, no hay aguinaldo, no hay certeza laboral.

“Ya no vamos a permitir que se pisoteen nuestros derechos, ya no más, estamos maestros con tres años de experiencia, pero también hay de 40 o más de servicio y que les dieron las gracias”, resalta el orador.

La CCO presta servicio a más de dos mil alumnos, quienes reciben clases de 54 maestros, a quienes nadie ha atendido luego de la protesta iniciada desde el miércoles. Pero no son los únicos trabajadores afectados, pues “a nuestros compañeros de servicios generales les dijeron ya no tienen trabajo”.

 

Rumores que parecen verdad

Dentro de los inconformes los rumores corren, pero no hay forma de probarlo, “quieren sacarnos para darle el edificio a un particular”, dice una tallerista, “ya lo intentó en el sexenio de Gabino Cué, pero los trabajadores lo impidieron”, refuta.

Y es que de acuerdo a algunos de los profesores, el edificio que alberga la Casa de la Cultura de Oaxaca es objeto de deseo de un filántropo, quien vive en Oaxaca, por lo que al desaparecer los talleres, le abriría el paso para que él entrará al rescate, “pero no puede comprobarse esta versión”, reconoce.

Para los alumnos y maestros, resulta increíble que en los conciertos de la Guelaguetza 2019 se hayan gastado más de 29 millones de pesos, de acuerdo a las licitaciones de la Secretaría de las Culturas y Artes de Oaxaca (Seculta), mientras que el presupuesto para la Casa de la Cultura sea apenas de 26 millones de pesos para este ejercicio fiscal.

Cabe resaltar que EL IMPARCIAL buscó a Adriana Aguilar Escobar, titular de la Seculta para que diera la versión oficial acerca del despido de los trabajadores de la Casa de la Cultura, sin embargo, personal de Comunicación Social de la dependencia se negó a recibir la llamada.

 

Carencias y mala planeación afectan a la institución

Maribel Sánchez, docente de canto de la Casa de la Cultura, no entiende cómo con la gran demanda que tiene este lugar, sólo exista un baño para las mujeres en la planta baja; en el baño para discapacitados ni siquiera colocaron la barra de apoyo.

“Las carencias son muchas”, dice la docente mientras camina en el interior del edificio, “los salones para todos los grupos son muy pequeños. No es falta de espacio, es falta de planeación”.

Al llegar al salón de danza, una vieja grabadora adorna el lugar, “solo eso tiene la maestra para sus alumnos, no hay más”, afirma Maribel. “Pedimos que nos vean como trabajamos y a cuántos niños, adolescentes y adultos mayores atendemos”.

Hasta el momento, los maestros y trabajadores de la Casa de la Cultura de Oaxaca no saben lo que viene, pero de algo están seguros, de que los alumnos, exalumnos, padres de familia y la sociedad en general no los dejarán solos.

 

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