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El olvido sepulta tesoros de Etla

Huijazoo, la zona arqueológica de Reyes Etla y San José Mogote son tesoros heredados que desaparecen ante el olvido de las autoridades de los tres niveles de gobierno

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Durante más de 500 años, los habitantes de Huijazoo controlaron la entrada a los Valles Centrales de Oaxaca desde una estratégica posición, en donde actualmente, se ubica el cerro de la Campana, entre los municipios de Huitzo y Suchilquitongo, Etla.

Construido en lo alto del cerro, Huijazoo era una fortaleza guerrera zapoteca, que ahora luce abandonado, sin turistas, sin guías, sin guardianes. Y lo que fue un pasado glorioso, se desvanece ante la inacción del Instituto de Antropología e Historia (INAH), organismo encargado de preservar las zonas arqueológicas de México.

Desde Huijazoo, se observan algunas elevaciones de tierra ubicadas en Reyes Etla, que realmente son ruinas arqueológicas, que con el paso del tiempo fueron sepultados por los árboles, por la tierra y por el olvido.

Llegar a la zona arqueológica de Reyes Etla es casi imposible, solo con la imaginación se puede admirar la grandeza de una ciudad tan antigua como las memorias de los habitantes del Valle de Etla. A pesar de que los vestigios, de lo que alguna vez fueron pirámides, se elevan al menos 30 metros desde el suelo, ahora se mantienen ocultos por la maleza, no existe ningún tipo de protección.

A unos cuantos kilómetros, se ubica San José Mogote, en donde las ruinas de un templo zapoteca, que data de 1500 años Antes de Cristo (A.C.), domina el paisaje; las piedras del montículo indican la existencia de una majestuosa construcción.

Ahora, la falta de cuidados y de exploración provocan que el desgaste sea mucho más rápido; las viviendas, ubicadas a escasos metros de las ruinas, provocan que funcionen como un parque de juegos para los niños.

 

Huijazoo, la fortaleza guerrera

Desde la cima de la construcción más alta de Huijazoo, que se traduce como fortaleza guerrera, el Valle de Etla parece pequeño, la vista es esplendorosa, lo cual dio poder a los habitantes de esta ciudad zapoteca que tuvo su esplendor de los años 300 a 800 Después de Cristo (D.C.), aunque los primeros asentamientos humanos, de acuerdo a investigaciones del arqueólogo oaxaqueño Enrique Méndez Martínez, se presentaron hasta mil años A.C.

Su ubicación estratégica le permitía a sus habitantes controlar el ingreso y la salida de personas y productos al y desde el Valle de Oaxaca, esto hasta su abandono, probablemente en el año 1200 D.C.

El juego de pelota no podía faltar, como en casi todas las zonas arqueológicas de Oaxaca, además de otras edificaciones que adornan el cerro de la Campana, llamado así porque los actuales habitantes de la zona creen que en el lugar está enterrado una campana de oro, pero lo que realmente llamó la atención de los arqueólogos es la Tumba 5.

Esta tumba fue descubierta el 23 de noviembre de 1984 por trabajos encabezados por el mismo Méndez Martínez, como lo documenta la revista Proceso y aunque no se encontraron grandes tesoros de metales preciosos, el hallazgo en el tema cultural fue invaluable.

La tumba 5 es considerada por los expertos como el elemento funerario más bello de Mesoamérica por sus características arquitectónicas, escritura y pintura; su fragilidad ha hecho que actualmente esté cerrado al público.

 

Una fortaleza olvidada

Las ruinas arqueológicas ubicadas en el Cerro de la Campana, si bien están conservadas y limpias de maleza, hasta cierto punto, están olvidadas por el Instituto de Antropología e Historia (INAH), pues no existen trabajadores ni guías para orientar a los visitantes, que tampoco son muy abundantes ante la falta de señalización para llegar al sitio.

Al arribar al pueblo de Suchilquitongo, Etla, por la carretera federal 190, no existe ninguna señalización que indique la presencia de la zona arqueológica, por lo que para llegar forzosamente hay que preguntar a los habitantes de la comunidad.

En la zona arqueológica no existen sanitarios, señaléticas ni ningún tipo de servicio que le facilite la experiencia a los turistas y los visitantes sólo aparecen la zona en las fiestas patronales de la comunidad, en el caso de Santiago Suchilquitongo, el 24 de julio.

 

Un turista perdido

David sudaba a chorros. Luego de caminar por un kilómetro de Suchilquitongo a las ruinas de Huijazoo, las fuerzas comenzaban a faltar, pues aunque la distancia es poca, la subida es dura.

El objetivo de David Pérez Vela, turista de la Ciudad de México, era visitar las ruinas arqueológicas de Huijazoo, leyó todo lo disponible en internet sobre la zona, pero no fue tan fácil al llegar al lugar, ante la falta de guías y de señaléticas.

“Ya sabía de la zona nada, más nunca había venido”, explica el único turista en las impresionantes edificaciones zapotecas, “me vine caminando, pero no hay nadie. Le hace falta señalización en el pueblo, pero si te metes a internet hay bastante información”.

Su último objetivo era la tumba 5, pero ahí no tuvo éxito, pues el joya de Huijazoo está bajo llave, “no hay nada de vigilancia y la tumba por ejemplo no sé dónde está”, explica David, quien no pierde la esperanza de vivir una aventura inolvidable.

Ruinas en ruina; en Reyes Etla un tesoro se pierde a la vista.

En medio de cuatro montículos que a simple vista parecen montones de tierra, una piedra fue motivo de veneración en la comunidad de Reyes Etla, lo que ahora se ha perdido, pues se ha profanado lo sagrado de la Piedra de la Serpiente; abandonado entre la hierba y con grafitis visibles, la cultura en esta comunidad se pierde ante la vista.

La zona arqueológica de Reyes Etla, según un documento del Instituto de Investigaciones Sociológicas de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (IISUABJO), tiene aproximadamente un kilómetro de este a oeste y unos 700 metros de norte a sur, por lo que es enorme.

“Su fundación pudo ser durante la época de Monte Albán (500-200 A.C.). Es evidente que este sitio es un centro urbano y ceremonial en el que es posible identificar más de treinta estructuras monumentales, entre los que destacan templos, residencias, un juego de pelota y dos adoratorios”, destaca el documento.

Sin embargo, estás estructuras sólo son visibles con imaginación, pues la zona arqueológica prácticamente no ha sido explorada, y cada vez es más pequeña, perdiendo la batalla en contra de las zonas habitacionales y de cultivo.

En lo más alto

de las pirámides es palpable el pasado glorioso de la antigua ciudad zapoteca, que murió hace cientos de años, pero que sus bases fueron hechas con rocas tan sólidas como el tiempo mismo.

Aquí, el INAH no ha metido la mano ni para tomar fotografías y la fe católica ha puesto sus ojos en el Señor de las Peñitas, cuyo santuario se ubica casi sobre las ruinas de los antiguos pobladores del Valle de Etla, cuyo legado esta por desvanecerse.

 

San José Mogote; aquí empezó todo

Tres niños de entre seis y 10 años saltan entre las rocas que conforman la plataforma de lo que según los arqueólogos fue un majestuoso centro ceremonial que inició su construcción hace más de tres mil 500 años. Los pequeños aprovechan la hierba que ha crecido sobre la construcción para atrapar chapulines.

San José Mogote es considerado la cuna de las ciudades en los Valle Centrales, estuvo habitado por más de mil años y fue parte fundamental, de acuerdo a la revista Arqueología Mexicana, para que se construyera la ciudad de Monte Albán.

Como centro urbano, San José Mogote inició su expansión desde 1500 A.C y para 1150 A.C. cuando se iniciaron las construcciones de las grandes estructuras, la ciudad abarcaba hasta 30 hectáreas, siendo en este tiempo el centro urbano más grande de Valles Centrales de Oaxaca, y comerciando con las grandes culturas de Mesoamérica.

 

La majestuosidad perdida

El templo ceremonial que fue de proporciones titánicas hace miles de años, ahora sólo es un objeto más en donde la maleza crece; el tiempo no ha hecho tanto daño como la mano humana, pues ante la necesidad de más vivienda, las casas habitación cada año están más cerca.

Las rocas en lo alto de la estructura, una a una desaparecen, ya sean por las pisadas de los visitantes y locales, o por el desgaste natural, a pesar de esto, recorrer las ruinas de San José Mogote sigue impresionando a propios y extraños.

En la entrada del pueblo, el juego de pelota tiene el mismo problema, pues a pesar de que hubo un trabajo de renovación hace algunos años, la desatención por parte del INAH es evidente, pues no hay personal ni para cortar la hierba.

Es así, como las riquezas heredadas por los antepasados de los oaxaqueños son olvidadas, maltratadas y destruidas por gente que no conoce su pasado.

 

Falta promoción

Joel Cruz Hernández ha vivido en San José Mogote desde su primer día de vida, por lo que ha visto como ha sido el desarrollo de la zona arqueológica y afirma que aunque la gente lo visita, hace falta promoción para aprovechar el recurso que sus antepasados les heredaron.

“Viene la gente, si nos visita pero falta un poco de promoción”, señala el adulto mayor, quien no deja de trabajar con la madera, perfeccionando una mesa, justo enfrente de lo que hace miles de años fue un juego de pelota, “los vándalos borran la señalización”.

El vecino de San José Mogote afirma que los habitantes del pueblo hacen lo que está en sus manos para cuidar las ruinas, aunque a veces no parece suficiente, pues el tiempo los alcanza y debido a las restricciones por parte del INAH, no pueden hacer mucho.

“La hierba crece por el tiempo lluvioso y falta un poco de atención”, dice Cruz Hernández, “se tiene que ver la participación del INAH, quien tiene a sus vigilantes, pero sólo los vemos cuando vienen a hacer trabajos”.

 

Huijazoo

La ocupación de la ciudad es zapoteca y el momento de mayor esplendor ocurre alrededor del 300-800 d. C., durante la fase Monte Albán IIB-IV. Los edificios más importantes se construyeron en este momento histórico y el área central cívico-ceremonial lo integran conjuntos arquitectónicos compuestos por basamentos piramidales de forma escalonada y plataformas rectangulares que se agrupan alrededor de espacios abiertos como patios y plazas

 

San José El Mogote

Se ubica al noroeste de la Ciudad de Oaxaca, a 12 kilómetros por la Carretera Federal 190 con destino a la Villa de Etla.

Se presume que los fundadores de Monte Albán fueron también habitantes de San José Mogote. Las inscripciones halladas en el sitio documentan una de las formas más antiguas de escritura de Mesoamérica, datata alrededor del año 500 antes de la era común.

 

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