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La lectura es un mundo accesible: María Isabel Grañén Porrúa

María Isabel Grañén Porrúa* comparte su pasión, aprendizaje y vivencias a través de la lectura

“Una herramienta fundamental para la educación es la lectura. La lectura es un mundo accesible, que amplía aquello que se revisa en el aula, quiero decir, no siempre lo que se aprende en las aulas funciona en el día a día, y en cambio, con los libros sí puede enriquecer mucho lo que se aprende en las aulas, y se ve reflejado en nuestra experiencia.

Tanto la cultura, el arte, el deporte, aquello que nos hace ser más humanos se basa en nuestras emociones, en las historias que vivimos…

El arte, es decir, cuando al entrar a una exposición que produce en ti una catarsis, toca fibras muy sensibles que te producen agradecer el estar vivo; al estar frente a una obra de arte, te produce de manera espontánea esta sensación de bienestar, lo mismo puede suceder al leer poesía, o una novela.

No concibo la lectura como una fuente para hacer más culto o enciclopédicamente más preparado, sino como elementos que te humanizan. Casi todos estamos muy necesitados de estas herramientas, que también las da la educación; nos hacen más humanos, y menos irracionales, constructivos.

La lectura te vuelve perceptivo, más intuitivo, comprensivo del otro, del mundo. Los libros son herramientas muy sólidas que fortalecen la educación y la cultura, y el arte. La otra parte es el deporte. Creo que para muchos el deporte les permite encontrar un camino de expresión, y los deportes también resultan ser propuestas de encuentro con nuestra humanidad. El deporte es fundamental no solo por tener una buena salud y una buena condición, sino también es un entretenimiento, es emocionalmente muy nutritivo”.

 

El arte y la naturaleza van juntas

“El arte y la naturaleza van de la mano. Es un mutuo trasvasije. Ver un atardecer es algo tan bello, tan a la mano, tan hermoso; es el arte al natural. Y también puedes percibir la oscuridad de la noche en un cuadro de Tamayo se vuelve algo vital, te mueve una emoción muy grande, cuando uno contempla esos cuadros de la noche del maestro Tamayo. Un artista no puede vivir sin la naturaleza. No hay nada en la vida que no sea la naturaleza. Cualquier invento humano tiene su origen en naturaleza; es decir, no podemos aislarnos de ella. Estuve leyendo un libro muy hermoso de Alexander Von Humboldt, y ahí él describe cómo se da cuenta de que todo está conectado; concibe a la naturaleza como un todo. Hay micromundos, sí, pero en el momento en que nosotros, los humanos, empezamos a talar un bosque, en ese momento comienza un desequilibrio en la naturaleza, que a los humanos también nos afecta. El mismo Leonardo Da Vinci decía que arrojar una piedra en el mar, cambiaba el mundo totalmente. Un acto tan diminuto puede repercutir en el planeta entero. Me acuerdo muy bien cuando fuimos al CERN, que es un centro de investigación en Física, que está en Suiza, nos estaban contando cómo buscan separar en partes al átomo; lo que me pareció increíble: en una partícula tan minúscula, la más pequeña partícula imaginable; pues paradójicamente, al separarse esa nada de nada, pudo originar el Big Bang, o el inicio del universo. Lo micro te lleva a lo macro y lo macro a lo micro. Así es también el arte. No lo puedes separar de la naturaleza. Del mismo modo, la cultura y la educación. Van de la mano”.

 

La impronta de la lectura y los libros

“A mí me encantaba ir a trabajar con mi abuelo. Mi abuelo fue una figura muy cercana y muy querida. Tenía su librería en 5 de Mayo del centro histórico de la ciudad de México, y yo le decía siempre: te acompaño a trabajar. En mi familia, tanto como papá, como mamá, como mi abuelo. Para mí la vida también es trabajo, es importante estar produciendo, y lo viví desde niña y así soy. Íbamos cuando niña a su librería, y nunca dejaba de sorprenderme su memoria, porque en ese entonces ¡por supuesto que no había computadoras! y le preguntaban por un título u otro; y mi abuelo sabía exactamente en qué pasillo, en qué montoncito de los cinco pisos de libros que tenía la librería, se encontraba. Era sorprendente. Una de las cosas que más disfrutaba era platicar con sus clientes; era de esos libreros que ahora hay muy pocos, que platicando con sus clientes, encontraba sus intereses y les hacía recomendaciones de títulos, de versiones, de ediciones. Y los lectores se iban felices. Yo lo miraba, lo observaba. A él le daba mucho gusto llevar a quienes valoraban los libros a compartir con él sus tesoros; los invitaba a subir al quinto piso de la librería, ahí tenía su biblioteca personal que llamaba El cuchitril; disfrutaba enseñar sus tesoros, hablar del contenido de los libros, de las ediciones. Eso quedó muy grabado en mí”.

Me hubiera gustado llegar a tener la biblioteca personal de mi abuelo, y no fue posible por problemas de herencia; en realidad, no conozco el pobre destino de aquella biblioteca, pero la vida me fue poniendo en situaciones afortunadas, como si me dijeran: “tú no te preocupes, cuando vayas por Oaxaca, estarán cosas esperando por ti”.

Cuando me encontré con esta biblioteca (la Biblioteca Francisco de Burgoa) reencontré mi vida, encontré ese gran tesoro para México. En la familia siempre nos enseñaron a amar a nuestro país; tengo un profundo amor por él y trabajo por él. Más allá de las instituciones que uno representa, trabajamos por México. He buscado lograr que México tenga las condiciones para que nuestro patrimonio documental, nuestros libros, no se vayan del país. Los mexicanos también sabemos cuidar nuestro patrimonio, no tiene por qué salir y quedar fuera. Se trata de que nuestro patrimonio permanezca con nosotros, cuidado por gente que sabe, que pueda lucirse, y se valore todo ese acervo.

 

La FILO: la infancia, los jóvenes, los oaxaqueños tienen su fiesta en el lugar ideal.

Es muy fácil atraer a los niños a la lectura. Es una vívida experiencia que he tenido con mis hijos. Cada noche nos reuníamos para dialogar, para leer. Yo he aprendido mucho de mis hijos, de sus intereses, y ellos de los míos. Llegando a una librería cada quien escoge los libros que quiere, Santiago los de béisbol, y yo entonces aprendí de los peloteros de la liga negra, de los legendarios jugadores, de los equipos, de las ventas de equipos; cosas que nunca me hubiera imaginado que aprendería. O del básquet, no sé… y al revés, yo escogía libros de Da Vinci, o cuentos, de todo tipo; y el leerlos no había ninguna otra distracción, y ellos admiraban los temas afines a mí, y yo los suyos. Me recuerdo contándoles cuentos de Las Mil y una Noches, estaban embobados. Con María Isabel también me pasa que siendo tan chiquita y niña, compartamos los mismos intereses y gustos.

Oaxaca es una tierra fértil para la lectura. Cada vez se manifiesta con mayor fuerza, cada vez hay más lectores en Oaxaca, cada vez tenemos mejores plumas, y bueno, es increíble. Hoy en Seguimos Leyendo tenemos más de doscientos lectores voluntarios, y enormes cantidades de niños involucrados en la lectura. La FILO es una oportunidad excepcional para convivir con quienes aman la lectura. No solamente que haya novedades y talleres, sino cuando estás en la FILO te encuentras rodeado de un público que comparte contigo el gusto y el placer de la lectura. Cuando estás con autores que crees que ya conoces, se te presentan en un diálogo abierto y directo contigo y los demás. Con el público también se entabla un diálogo múltiple.

Tener una sede como el Centro Cultural y de Convenciones (CCCO) para la FILO, con el éxito que tuvo este fin de semana que inició, es una fiesta. Ha sido un hermoso evento. El nuevo lugar que la alberga es ideal: espacios cubiertos, atractivos, que están hechos para la fiesta de los oaxaqueños: un lugar pleno que permite la confluencia y la creación, sin duda. Es muy emocionante ver los pasillos llenos de niñas y niños, de jóvenes, de madres y padres… Las presentaciones llenas; abres los periódicos y hablan de la Feria del Libro, es muy emocionante. Ha sido un esfuerzo de organización increíble, y hasta rutas se ofrecen para llegar de todas partes de la ciudad. No se la pueden perder.

*María Isabel Grañén es una prolífica impulsora de la cultura, la lectura y el libro en México. Directora de la Biblioteca Francisco de Burgoa, Presidente de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca, creadora del programa Seguimos Leyendo, impulsora de bibliotecas en Oaxaca y en la ciudad de México. Fundadora de ADABI, Apoyo al Desarrollo de Archivos y Bibliotecas de México. Recibió el Premio al Bibliófilo, 2012, entre algunas de sus acciones.

 

 

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