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Arte y Cultura

Desmitifica a Juana Cata Romero

A través de una exhaustiva investigación, Julia Astrid Suárez y Raciel Sánchez engrandecen la figura de la tehuana

Desmitifica a Juana Cata Romero | El Imparcial de Oaxaca

“Ojalá que a partir de esta investigación desaparezca la leyenda de la que le hacía sus garnachas a don Porfirio para dar paso a la verdadera Juana Cata, aquella a la que estas páginas hacen justicia desde el título: Una mujer extraordinaria en la historia de México”.

Estas son las palabras con las que la escritora, activista y periodista mexicana, Elena Poniatowska, termina el prólogo del libro de la investigadora istmeña Julia Astrid Suárez Reyna, quien en mancuerna con el también investigador Raciel Sánchez Rivas, tratan de mostrar a México y al mundo quién fue la verdadera Juana Catalina Romero Egaña.

Para lograr este objetivo, Suárez Reyna y Sánchez Rivas mencionan que se tuvo que realizar un trabajo de investigación muy metódico y cuidadoso, ya que no hay mucho escrito sobre este personaje, por lo que tuvieron que buscarla en archivos históricos, diocesanos, parroquiales, notariales y jurídicos del estado y de la Ciudad de México para poder encontrar a la verdadera Juana Cata.

“Soy tehuana y la vida de Juana Cata siempre me llamó la atención, y al estar estudiando antropología me nació el interés de saber más de su vida, pues vi muchos claro-oscuros en su historia; así desde mi rebeldía de no creer todo lo que se dice y escribe sobre este personajes, me di a la tarea de investigar su vida”, mencionó la antropóloga.

Uno de los puntos que más llamó la atención de Suárez Reyna fue que lo más destacado que se decía de Juana Cata era que fue la amante de Porfirio Díaz Mori.

“No sabemos a ciencia cierta quién y por qué se quiere minimizar la figura de este personaje, encajonándola en una leyenda colmada de muchas imprecisiones; por qué quieren solamente ligarla a la figura de Porfirio Díaz de una manera tan burda y sin bases”, comenta la antropóloga Suárez Reyna.

Una mujer adelantada a su época

En su libro Una mujer extraordinaria en la historia de México los historiadores quieren demostrar que Juana Cata fue una mujer “adelantada a su tiempo” y por ello es considerada un parteaguas en la historia de la mujer en México, fue una mujer que trascendió.

Si nos remontamos a la Villa de Guadalcazar, específicamente en la fecha en la que Juana Cata vivió (1837-1915) nos podremos dar cuenta de la clase de educación que recibía una mujer, pero el carácter heredado de su abuelo (Juan Romero, quien fue miliciano de los reinos de Castilla, España), y de su madre, trazaron otro camino para Juana Cata, el cual labró y caminó a su muy peculiar manera de ver las cosas.

Fue una mujer reconocida mundialmente, ya que crea un ingenio azucarero en el cual implementa todo los conocimientos adquiridos de una visita a Cuba y comienza a producir azúcar de alta calidad, fue tal su éxito en la producción azucarera, que en 1904 ganó una medalla de plata del Grand Prize, en Louisiana Purchase Exposition en Saint Louis Missouri, Estados Unidos; posteriormente, en 1908, gana el primer lugar a nivel mundial en la competencia Crystal Palace en Londres, Inglaterra.

Pero además, se tiene el conocimiento que Juana Cata era una mujer noble, que realizaba constantes donaciones, entre ellas la restauración de la Catedral y el cementerio de la localidad. También fue una mujer bondadosa, pues fue madrina de una gran cantidad de niños

Creó el Colegio de Artes y Oficios para Señoritas en lo que actualmente es la Escuela de Idiomas de la UABJO. El 19 de mayo de 1906 las hermanas Josefinas de México llegaron a Tehuantepec por llamado de Juana C. Romero, para fundar la escuela para niñas, hoy la Escuela Istmeña.

De igual manera fundó la Vela Bini, un acto de esplendor y lujos, con estilo afrancesado y grandes bailes donde hacía muestra de su generosidad y fervor religioso.

“Es por todo lo que hemos encontrado acerca de Juana Catalina Romero que queremos desligar a este personaje de la leyenda sin sustento que la rodea”, menciona la antropóloga.

Y la leyenda que cuentan los viejos, esa que dice que “los niños corrían desde la estación siguiendo aquella caravana de vagones lujosos con gruesos cortinajes de terciopelo rojo y galones de hilo de oro para ver cómo se estacionaba frente a la casa de Doña Cata, y ver bajar a Porfirio con su espada escrupulosamente pulida y sus bigotes bien peinados, mientras los cadetes arrojaban monedas de plata a los niños mirones.

“Aquel personaje por todos conocido ingresaba a la casa mientras los criados cerraban las pesadas rejas de hierro forjado y nadie más sabía qué ocurría en el interior de aquella casona. Pero los vecinos se encargaban de inventar diciendo que aquella mujer, que ya no vestía rabona y guipil (trajes típicos del Istmo de Tehuantepec), sino unos vestidazos de cuello alto repleto de encajes confeccionado en seda importada, le complacía con sus manos sobre el piano de cola con los sones de La Sandunga, mientras Porfirio perdía su fuero y Doña Cata lo seducía con su música regional y sus encantos femeninos…”

Esta leyenda se viene abajo con datos históricos que son inamovibles:

En 1907, llega el ferrocarril a Tehuantepec. Juana Catalina tiene la edad de 70 años y Porfirio Díaz 77. Cuatro años después, en 1911, se construye el Chalet de Juana Catalina, pero se debe de recordar que en 1911, a la edad de 80 años, Porfirio Díaz renuncia a la presidencia de México, para exiliarse en Europa, donde muere en 1915.

Así que esos encuentros que tanto se mencionan, al menos en el tiempo, no pudieron llevarse a cabo.