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Arte y Cultura

La fotografía: imagen e identidad

Afromexicanos, chicanos e istmeños, objetos de análisis en torno a la que “pareciera la más objetiva de las artes”

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Quizá no exista un mejor instrumento para la construcción de mentiras que parecen realidad que la fotografía. Con esas palabras, Citlalli Zavala se refiere a la que “pareciera ser la más objetiva de las artes”, pero en la que el encuadre (pensado quizá como la pantalla rectangular o el visor de la cámara) define cómo “se juega todo”.

La participante del programa Colección en vivo, que desarrollan el Centro de la Artes de San Agustín (CASA) y el Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo (CFMAB), piensa que la imagen fotográfica sirve para la construcción de identidades, porque representa “la realidad”. Sin embargo, sigue oscilando entre la realidad y la ficción.

“La imagen fotográfica es pura captura del referente, es pura realidad, o al menos eso pareciera, pero no. En el encuadre se juega todo”, añade una de las invitadas al conversatorio en que Martha Sorensen, Javier León y Edward McCaughan hablan sobre imagen e identidad.´

Para ella, la fotografía cobra poder en tanto ha creado una identidad de, por ejemplo, la mujer tehuana o lo oaxaqueño, como se percibe en las fotografías etnográficas que de diversos profesionales se tienen en la Colección Toledo. A partir de este acervo, que sirvió para el programa, Zavala también deja a la reflexión la identidad, muchas veces vista y creada a partir de lo extranjero.

Basada en los trabajos de Tony Gleaton y Maya Goded, quienes trabajaron con comunidades afromexicanas, Martha Sorensen se avoca en pensar la imagen como el reflejo de los autores. Primero a partir del trabajo que en los años 80 llegó a hacer Gleaton a la Costa chica de Oaxaca, donde el fotógrafo afroamericano pudo explorar sus raíces. En tanto, con Maya Goded, a partir de las imágenes que llevó al libro Tierra Negra y en las que retrató la feminidad.

“Fuera del mundo oscuro de la prostitución retratado en el filme, me conmovieron sus expresiones prohibidas de la feminidad, a las que nunca había sido expuesta de una manera tan directa y sensible, rompiendo la barrera de la otredad”.

Aunque Tony Gleaton ni Maya Goded se conocieron, cada uno tuvo encuentros que cambiaron sus vidas mientras trabajaban en la Costa chica, fue la reflexión de Sorensen, quien entre los fotógrafos que han retratado a estas comunidades afromexicanas, ve en ellos a dos que “encontraron ahí reflejos de sí mismos desconocidos hasta entonces”.

Si la fotografía ha ayudado a crear una identidad, un ejemplo de ello es la hecha sobre la comunidad chicana, aquella conformada por personas con raíces mexicanas en un territorio a veces ajeno y hasta racista, como Estados Unidos.

Edward McCaughan va sobre esa línea al reflexionar sobre las imágenes empleadas en la exposición La Raza, de la cual es curador, y de otras de la Colección Toledo, con fotografías del movimiento de la COCEI en el Istmo, en los años 70 del siglo pasado.

“Toledo y otros artistas asociados con el movimiento entendieron muy bien la importancia de las imágenes visuales y lingüísticas como herramientas para forjar una identidad colectiva fuerte y digna de las comunidades zapotecas”, comenta quien considera algo similar con las imágenes del movimiento chicano de esos mismos tiempos, en Estados Unidos.

A través de las luchas de las familias chicanas (México-americanas), en los años 60 y parte de los 70, señala varios elementos que los vinculan con México, a partir de las fotografías del diario La Raza, que se publicó de 1967 a 1977.Y en las que los fotógrafos estuvieron involucrados no solo como periodistas, sino como artistas y activistas “para capturar los momentos definitorios, personales, claves, y los signos y simbolismos del movimiento chicano”.

Al igual que el movimiento zapoteco, el chicano –expone Edward- luchaba tanto por el poder político como por afirmar su cultura, su identidad, en un país extremadamente racista.

“Y la fotografía ayudó a constituir la identidad de los chicanos en el siglo XX, a través de retratos de íconos mexicanos, imágenes de la cultura popular chicana y los símbolos revolucionarios latinoamericanos”.

Javier León, otro de los participantes del conversatorio, se basó en un trabajo propio (la serie It is exactly what you think it is) para abordar las identidades masculinas, el desnudo y la intimidad, a partir de una propuesta que raya en el morbo o el “voyeurismo”.