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El ladrón entró a la tienda, en China, y sacó un arma. Apuntando a la cajera, le exigió que le entregara todo el dinero de la registradora.
Con notable tranquilidad, la mujer obedeció. Abrió la caja, apiló los billetes y luego los llevó ante el delincuente.
Entonces lo dejó perplejo. Al mismo tiempo que le entregaba el fajo con una mano, utilizó la otra para sustraerle la pistola con gran precisión.
Para completar un trabajo perfecto, también corrió la mano de los billetes justo antes de que el ladrón pudiera tomarlos. No le dejó más alternativa que irse de la tienda, desarmado y sin botín. La Policía lo busca intensamente.






































