Lo que inició como una misión de paz terminó en tragedia. La mañana del 27 de abril de 2010, Bety Cariño Trujillo, directora del Centro de Apoyo Comunitario Trabajando Unidos (CACTUS), y el observador finlandés Jyri Antero Jaakkola, partieron del Parque Independencia en Huajuapan de León con destino a la región Triqui. Su objetivo era entregar ayuda humanitaria en un San Juan Copala sitiado.
Sin embargo, la caravana nunca llegó. Al avanzar por los caminos de la Mixteca, el convoy fue emboscado por sujetos armados que dispararon ráfagas de fuego contra los activistas. Bety y Jyri perdieron la vida en el sitio, dejando además un saldo de varios heridos y desaparecidos en un ataque que conmocionó a la comunidad internacional.
CONTEXTO Y CONMEMORACIÓN

A 16 años de aquel fatídico día, el eco de las balas sigue resonando en la Mixteca y en Europa. El 27 de abril, integrantes de MAIZ se movilizaron desde diversas comunidades para tomar las oficinas de la Secretaría de Gobernación en la Ciudad de México. De manera paralela, en Finlandia, colectivos y ciudadanos se manifestaron para recordar que la sangre de un ciudadano europeo y una líder indígena sigue manchando la relación diplomática entre ambos países por la falta de sentencias condenatorias.
EXIGENCIA DE JUSTICIA
El Congreso Nacional Indígena (CNI) y diversas organizaciones sociales se han sumado al pronunciamiento, denunciando que la “escalada de violencia” contra los pueblos originarios no ha cesado. La demanda es clara: castigo a los autores materiales e intelectuales. Para los familiares y compañeros de lucha, estos 16 años no representan resignación, sino la prueba de una impunidad sistemática que el Estado Mexicano no ha querido resarcir.
Edwin García / IGAVEC







































