Policía violó a una niña en Putla de Guerrero | El Imparcial de Oaxaca
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Policía violó a una niña en Putla de Guerrero

El agresor era de su comunidad y la amenazó de muerte a punta de pistola si decía algo


Policía violó a una niña en Putla de Guerrero | El Imparcial de Oaxaca

Casos de violación a niñas o mujeres no son denunciados por las amenazas que reciben de sus atacantes, como sucede con Elizabeth, quien fue violada cuando tenía 12 años, en San Andrés Cabecera Nueva, Putla de Guerrero.

“Fui violada a los 12 años”, narra Elizabeth, hoy con 28 años de edad. Pasaron 16 años desde el ataque y nunca denunció por miedo, dejó la escuela y su comunidad, después de varios años de haber sido ultrajada le platicó a su mamá lo sucedido.

Con pistola en mano fue atacada sexualmente por un policía de la comunidad, un adulto de más de 40 años, complexión robusta. Tras violarla, le dijo que la mataría si lo denunciaba.

La agresión sucedió cuando la víctima caminaba por un camino solitario entre el bosque que la conducía a casa, donde vivía con sus demás hermanos.

Después del abuso se sintió sucia, con asco. Tenía miedo, odió la sensación de la sangre corriendo por sus piernas.

Esa noche esperó que sus hermanos se durmieran y entró a la habitación que compartían, se acurrucó entre las cobijas de su petate, uno de sus hermanos le reprochó que había llegado muy tarde, le dijo que le contaría a su mamá.

Al día siguiente todos sus hermanos se fueron a la escuela, menos ella. Se quedó debajo de las cobijas, no quiso destaparse cuando sus hermanos le hablaron, no quería que la vieran, sentía vergüenza.

Aun apocada, decidió contarle a su hermana, con ella se puso de acuerdo y se fue a la ciudad de México, abandonó la escuela, lo hizo porque estaba paralizada por el miedo.

Después de dos años de haberse marchado de su comunidad, regresó para continuar sus estudios en la secundaria y luego la preparatoria.

Cuando estaba en al bachillerato supo, por sus compañeros, que su agresor decía que él había sido el primer hombre en su vida: de nuevo quedó deshecha.

Han pasado 16 años desde que Elizabeth sufrió la agresión y aún la persigue el miedo, su agresor está libre, el crimen está impune y ni siquiera ha sabido sacudirse la vergüenza que la envuelve para denunciar ante la Fiscalía la violación que cometió un policía que actualmente está encargado de preservar el orden en la comunidad que habita.


 

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