Es lamentable para la historia nacional, y también para quienes han adoptado esa postura, mi afirmación está sustentada. En principio aludo a Andrés Manuel López Obrador, quien en las conferencias matutinas que inventó, se dedicó a confrontar, dividir y atacar a algunos mexicanos como si con sus diatribas estuviera sirviendo a México, y cumpliendo con sus obligaciones constitucionales, por lo que no puedo coincidir con la opinión de nuestra Presidenta Claudia Sheinbaum al considerarlo “el mejor Presidente de México”, como lo dijo recientemente en Tabasco, es un auténtico sembrador de odios.
La segunda persona a la que así considero por sembrar divisiones y señalamientos encaminados a confrontar a los mexicanos, es a la actual Presidenta. Seguidora puntual de las directrices de su antecesor, no solo continúo con las conferencias matutinas, sino que también en muchas de ellas con críticas, sin sentido pero dichas en Palacio Nacional adquieren significada relevancia, ocuparon muchos minutos nada baratos, por lo que cuesta salir imagen y voz al aire.
El pasado es eso, ya pasó. Es irremediable lo sucedido, me refiero a lo hecho y destruido en el primer piso de la cuarta transformación, considerando que este gobierno está dedicado a edificar el “segundo piso”.
Es entonces, que lo aquí he escrito es con la exhortación respetuosa a la doctora Sheinbaum de que abandone las líneas marcadas por su antecesor, quien es, además de un político ineficiente y mentiroso, un padre que no educó a sus hijos en los valores que pregonó y que fueran felices como él, con un billete de 200 pesos en la bolsa como decía.
Señora Presidenta deje a un lado los ataques al neoliberalismo que tanto le incomoda, sin reconocer que de ese sistema, entre otros logros se encuentra el Tratado Comercial con los Estados Unidos que es tan importante para el país.
Con esa conducta inspirada en Palenque, recientemente en una de sus conferencias matutinas, criticó y mencionó los sueldos que percibían ex funcionarios del Banco de México, y fue así como citó a muy brillantes y respetables conciudadanos, como lo son Agustín Carstens, Francisco Gil Diaz, Guillermo Ortiz y Ernesto Zedillo.
Ignoro de verdad ¿para qué lo hizo? Me pregunto fue para que quienes no tuvieron los méritos o la oportunidad de ocupar esos trabajos los odiaran, o acaso en esta Nación maravillosa, pero con tanta inseguridad como baches en la capital, atentaran contra ellos. No me explico el motivo que la inspiró a decirlo.
Aristóteles enseñó que “la esperanza es el sueño del hombre despierto”. Con ese sueño escribo estas palabras, y le digo que en vez de seguir escarbando en el pasado para continuar insultando a Felipe Calderón, nos platique por qué siguió usted con las contrataciones concertadas por López Obrador para que vengan a adoctrinar en el campo médicos cubanos, y no se les pague a ellos sino al gobierno de Diaz Canel, y que ahora se quiere traer a profesores también de Cuba.
Que nos diga la razón del enriquecimiento realmente inexplicable del ingeniero agrónomo a quien nombró su antecesor Director de Pemex, y usted ahora de ingeniero petrolero, lo hace constructor como Director del Infonavit, y que a pesar de dominar por lo menos la aritmética, en sus cuentas, confundió los pesos nuevos con los antiguos, y de su riqueza, ya nada se ha dicho, también del marino que como el tío rico de Disney, a quien han de gustarle las albercas, pudo llenar una de ellas con cientos o miles de monedas que con seguridad le entregaron sus sobrinos almirantes.
*Profesor de la Facultad de Derecho de la UNAM.

































