El gobierno de Morena-4-T ya agarró a la soberanía por su cuenta. La soberanía como estandarte para salvar a la patria de amenazas del exterior o de intervenciones extranjeras; la soberanía como discurso nacionalista y patriota que -supone- encenderá el ánimo de todos los mexicanos al grito de guerra para defender a la patria frente a cualquier enemigo externo.
En cualquier foro, bajo toda circunstancia, al mínimo pretexto, hasta el fastidio, la presidente de México, Claudia Sheinbaum, enarbola a la soberanía como parte de su discurso de gobierno. Y, por supuesto, como al Flautista de Hamelin, el resto de Morenistas-4-T, su gabinete, funcionarios públicos, legisladores en las Cámaras, gobernadores, presidentes municipales, líderes sindicales progobierno, todos al escuchar estas arengas gritan en defensa de la soberanía nacional…
¿Y bien entendida qué es la soberanía? Simple y sencillamente es el poder político supremo y la autoridad que tiene un pueblo para gobernarse a sí mismo y tomar decisiones libres, tanto dentro de su territorio como frente a otros países.
Soberanía significa que la autoridad de un país nace de sus ciudadanos y no de fuerzas o gobiernos extranjeros. Representa la libertad de una nación para elegir sus propias leyes y someter a sus propias leyes, bajo procedimientos justos y sin ocultamientos, a quienes dañen la soberanía nacional desde actividades macro-criminales.
La soberanía significa la propiedad y autoridad sobre su territorio y su seguridad nacional. Representa la igualdad del país frente a otras naciones del mundo, sin reconocer un poder superior al de su propia ley fundamental (la Constitución).
La soberanía se defiende en los momentos en que la autonomía o la libertad del país se ven amenazadas; cuando otro gobierno o agente externo intenta imponer leyes, decisiones económicas, políticas o militares, cuando se busca proteger los recursos naturales estratégicos para que beneficien a la población y no a intereses ajenos.
Se defiende al informar al pueblo con verdad y con responsabilidad, al participar en la vida democrática y mantener la unidad nacional frente a violaciones a la ley, a la Constitución y las leyes que de ella emanan, sin crear de forma subrepticia una Constitución a modo del régimen en turno.
El Capítulo I de la Constitución (Artículos 39 al 41) destaca los pilares de la soberanía y la forma de gobierno: Artículo 39: La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo; todo poder público dimana del pueblo y se instituye para su beneficio; el pueblo tiene en todo tiempo el derecho inalienable de alterar o modificar la forma de su gobierno.
Artículo 40: Establece la voluntad del pueblo mexicano de constituirse en una República representativa, democrática, laica y federal; refuerza el principio de que México es un país libre e independiente que rechaza cualquier subordinación, presiones o actos lesivos a su integridad e independencia provenientes del extranjero.
Artículo 41: El pueblo ejerce su soberanía por medio de los Poderes de la Unión, en los casos de la competencia de éstos, y por los de los estados y la Ciudad de México, en lo que toca a sus regímenes interiores.
[Esto porque, supone este pueblo soberano, los legisladores son sus representantes y sus defensores frente a abusos o ilegalidades o abusos de autoridad de cualquiera de los tres poderes de la Unión y no se transforman en defensores del régimen vigente en contraposición a los intereses nacionales.]
Como se ve, esta soberanía nada tiene que ver con defender a presuntos delincuentes. Nada tiene que ver con estimular la defensa de una soberanía para proteger a mexicanos que han cometido delitos magnos en contra de los intereses mexicanos, como es el vínculo con narcotráfico, con el crimen organizado, con el huachicol fiscal, con delincuencia común y con todo acto de violencia en contra de la vida de otros y su patrimonio, su seguridad y estabilidad familiar.
Es cierto que de un tiempo a esta parte del gobierno de Donald J. Trump-EUA, ha urgido a México poner a disposición de sus leyes a gobernadores, funcionarios públicos, legisladores de alto nivel que -según su criterio- se han vinculado con agentes que trafican con enervantes, con drogas, con estimulantes por los que -siguen ellos- han muerto miles de estadounidenses en su país.
Y que detectó a quienes en México -según sus sistemas de inteligencia- están vinculados con tareas criminales. A algunos les han retirado las visas para evitar que pisen territorio de EUA; a otros se les ha señalado y ha pedido al gobierno mexicano su extradición para fines de procedimientos legales.
Como respuesta, el gobierno federal mexicano ha contestado que quiere que envíen pruebas fehacientes para hacer ciertas estas acusaciones, y aun así, deberán ser las leyes mexicanas las que decidan culpabilidad o no.
Sin embargo, a sabiendas de que muchos de ellos están involucrados en casos criminales, narcotráfico, crimen organizado, huachicol fiscal… el gobierno Morena-4-T no hace nada -absolutamente nada- para someterlos a las leyes mexicanas. En todo caso se insiste en que no se encuentran elementos para someterlos a procedimiento judicial. Y que “México es soberano”; “No es piñata de nadie” …
En una mala interpretación de lo que es la soberanía nacional, desde los foros múltiples que el gobierno federal tiene a disposición, incita a los mexicanos a defender esa soberanía mal entendida, en la que esa soberanía se utiliza para defender malandrines que deben ser sometidos a las leyes mexicanas. Y sí, los pillos deben ser sujetos de leyes en México. Pero que sea.
Con esto, se encarnada a la soberanía en sujetos presuntos delincuentes y se propicia impunidad.
Nada peor que esa soberanía mal entendida, encendida y politizada en favor de un gobierno que no la defiende en su propio territorio y con sus leyes y con la justicia que sólo emanan del pueblo.

































