Siguiendo con el tema del Bicentenario de la UABJO y de la apertura del Instituto de Ciencias y Artes del Estado de Oaxaca, afirmo que, históricamente, está probado que su creación fue un logro extraordinario, al procurar, por medio de la nueva casa de estudios, el acceso a las instituciones de justicia, que eran los nuevos tribunales de la República, ya que la nación mexicana los requería. Por ello, hacían falta letrados y expertos catedráticos en Derecho que interpretaran lo que emanaba de la Constitución de 1824, así que se llamó a los dominicos, a los clérigos liberales y a los centroamericanos llegados a Oaxaca como desterrados.
Hoy en Oaxaca estamos de fiesta, ya que celebramos los 200 años del I.C.A.E. (1826-2026), a partir del decreto que lo creó el 26 de agosto de 1826, cuando la Cámara de Diputados decretó, mediante la Ley de Educación, la apertura de la máxima casa de estudios. El gobierno lo hizo sin improvisar, sino recurriendo a algunos de los centroamericanos que se avecindaron en Oaxaca e invitándolos a dar clases en el Instituto de Ciencias y Artes.
De los catedráticos fundadores (1827-1834), la mitad fueron centroamericanos. Así, con ellos, el Instituto de Ciencias y Artes de Oaxaca abrió sus puertas en enero de 1827, todo por iniciativa del Lic. José Ignacio Morales, quien, al percatarse de que no había suficientes letrados liberales en Oaxaca para impartir clases, enfrentó el vacío del Seminario de la Santa Cruz, que era realista, y solo logró captar alumnos provenientes de él.
Fue entonces cuando el gobierno oaxaqueño volvió la mirada hacia los desterrados centroamericanos que habían llegado a Oaxaca con la anexión de Chiapas al Imperio de Iturbide y, posteriormente, con el destierro del que fueron objeto. Seis son los nombres de los jurisconsultos que sostuvieron las cátedras fundadoras; uno de ellos sería el primer director del I.C.A.E.
Por su importancia, mencionaré quiénes fueron los catedráticos que transmitieron sus conocimientos en el Instituto de Ciencias y Artes del Estado, nacido a partir del 26 de agosto de 1826, fecha en la que se creó, por medio de un decreto, la institución educativa que abrió sus puertas el 8 de enero de 1827, en la casona ubicada en el número 8 de la calle de San Nicolás, hoy avenida Hidalgo núm. 806.
El destino trágico de muchos eminentes abogados fue el destierro de sus países, ya que eran criollos, pudientes y liberales. Algunos eran guatemaltecos; otros, nicaragüenses y costarricenses que vinieron a Oaxaca, pues nuestro estado no era precisamente un bastión de la democracia y tenía un obispo paisano.
En lo referente a la apertura de la carrera de Medicina y Cirugía, prácticamente no existían médicos, por lo que fueron traídos de Veracruz y Puebla médicos militares. El primer médico del Instituto egresó en el año de 1834.
En esos años, aquí en Oaxaca, se abrió el Instituto de Ciencias y Artes. Era el momento en que el gobernador necesitaba 18 catedráticos letrados, pero no había muchos abogados de origen oaxaqueño. Como ejemplo, en el libro de actas de enero de 1827 solo se menciona a José Juan Canseco, Manuel María de Ortiz, Manuel Goytia, José María Ramírez, Miguel Castro y al Lic. Manuel López de Ortigoza. Este último era el propio gobernador, sacerdote y licenciado en Derecho Canónico, aunque no ejercía. Ante la falta de abogados oaxaqueños, contrató a estos centroamericanos ilustrados.
Relación
Don Florencio Castillo Solano era bachiller y deán de la catedral. Nació el 17 de octubre de 1778 en Ujarrás, Costa Rica, y llegó a la Ciudad de Antequera el 19 de mayo de 1815. Fue el primer catedrático de Derecho Público y de Gentes, con textos en francés e inglés. Don Florencio falleció en la ciudad de Oaxaca el 26 de noviembre de 1834. El lugar de su fallecimiento fue el Palacio Episcopal, a las 12:00 a. m., mientras examinaba a los seminaristas, a sus 56 años, y presidía la mesa de sinodales. A los 32 años ya había sido presidente de las Cortes de Cádiz, en 1810. Al llegar a Antequera, a los 37 años, ocupó el cargo de chantre, dignidad de la Santa Iglesia, y gobernador de la diócesis. El Palacio Federal era la sede del obispo don Manuel Isidoro Pérez Sánchez, español de Pozo, Guadalajara, quien sustituyó a Bergoza y Jordán en 1819, ya que este último salió de Oaxaca en noviembre de 1812, ante la llegada de Morelos.
La vida del deán de la catedral de Oaxaca fue muy interesante. Imagínense ustedes a un hombre joven que viajó en 1808, a los 30 años, de Costa Rica a España, saliendo de Nicaragua y llegando a Cádiz tres meses después; posteriormente, viajó de España a México en 1815, pues llegó a Oaxaca, la Antequera virreinal, el 19 de mayo de ese mismo año.
Le tocó ver, en la aún Nueva España, la guerra y la consumación de la Independencia, el 31 de julio de 1821, fecha en la que entraron a Oaxaca las tropas de Antonio de León, así como la firma del acta de Independencia en la Villa de Guadalupe, en México, el 28 de septiembre de ese mismo año.
Don Florencio procuró la constitución del estado, fechada el 10 de enero de 1825, y participó en lo concerniente al Código Civil de Oaxaca, el primero de Iberoamérica, inspirado en el napoleónico, elaborado y promulgado en Oaxaca entre 1827 y 1829, con 1,415 artículos. Fue el tercer director del Instituto de Ciencias y Artes del Estado y vivió en la contraesquina del Seminario, entre la calle del Correo y El Sagrario. Sus restos fueron llevados a Costa Rica y fueron robados.
El Lic. Juan José Quiñones nació en La Antigua y era guatemalteco. Pertenecía al mismo círculo Aycinena-Beltranena. Llegó desterrado en 1829 y el Lic. Juan Ignacio Morales lo nombró catedrático de Filosofía y Derecho en el Instituto, donde impartió clases durante años, hasta su muerte. Vivió en el Portal de Mercaderes y su personalidad era tan fuerte que, durante el resto del siglo XIX, se conoció al portal con su apellido: Portal de Quiñones, hoy Benito Juárez. Su expediente de defunción debe obrar en el Sagrario de Oaxaca.
Otro catedrático fue el Lic. Demetrio Castillo Solano (1779-1849), hermano de don Florencio y también originario de Ujarrás. Era licenciado en Leyes. En México fue diputado y senador por Oaxaca. Fue padre de dos juristas liberales: don José María y don Florencio M. del Castillo.
Uno más fue el Lic. Miguel Larreynaga Balmaceda, nacido el 29 de septiembre de 1772. Era originario de Telica, León, Nicaragua. Fue prócer de la Independencia de Centroamérica, declarada el 15 de septiembre de 1821. Se desempeñó como magistrado de la Suprema Corte de Justicia de Oaxaca y llegó a ser su primer presidente; además, actuó como asesor legal del Gobierno de Oaxaca. En 1828 donó al Instituto su biblioteca, con más de 3,000 volúmenes anotados por él mismo, que seguramente deben estar en la Biblioteca Francisco de Burgoa. Larreynaga, retirado del Derecho, salió hacia Guatemala como lugar de paso rumbo a Nicaragua, donde falleció el 18 de abril de 1847.
El Lic. Pedro José Beltranena y del Llano (1783-1833) era de origen guatemalteco y murió en Oaxaca. Su padre fue don Pedro José de Beltranena y Aycinena Navarro de Irurita, nacido el 21 de abril de 1743 en Irurita, Navarra, y fallecido el 26 de septiembre de 1821 en Guatemala. Fue hijo de doña María Josefa del Llano. Pertenecía a la familia Aycinena-Beltranena, la más acaudalada de Guatemala. Antes de venir a Oaxaca, fue asesor letrado de la Intendencia de Sonora. Fue desterrado de su patria en 1829, tras la caída de su hermano Mariano de Beltranena y del Llano, nacido el 6 de diciembre de 1783, quien fue vicepresidente de la Federación Centroamericana.
El Lic. Beltranena se avecindó en Oaxaca en 1825 y ocupó las cátedras de Derecho Civil y Derecho Canónico en el recién abierto Instituto de Ciencias y Artes del Estado, el 8 de enero de 1827. También fue presidente del Segundo Congreso Constitucional de Oaxaca (1827-1829). Su otro hermano, Manuel de Beltranena y del Llano, nació el 1 de noviembre de 1786 en Guatemala. Su segundo apellido era del Llano, por línea materna, y Aycinena, por línea paterna; por eso aparecen juntos en la lista. No eran oaxaqueños de nacimiento, sino exiliados centroamericanos a quienes el Instituto acogió como catedráticos de Derecho, Filosofía y Cánones entre 1828 y 1834.
Cuando, en abril de 1829, el general liberal Francisco Morazán entró en Guatemala y derrocó al gobierno conservador, desterró al resto de la familia Aycinena-Beltranena. El texto señala: «Desterrado de Centroamérica, residió durante varios años en Cuba. Regresó a Guatemala al disolverse la Federación… Luego sería traicionado y después exiliado a México».
Don Pedro José Beltranena no regresó a Guatemala; murió aquí, en el exilio oaxaqueño. Por eso no aparece en los libros de Guatemala. Para saber dónde vivía y cuándo murió exactamente, habría que consultar el Libro de Catedráticos del Instituto, correspondiente al periodo 1827-1840, que se encuentra en la Biblioteca Francisco de Burgoa, así como los libros de defunciones del Sagrario Metropolitano de Oaxaca de 1830 a 1845.
He dejado al último al primer director del Instituto, el dominico regular fray Francisco Aparicio, nacido en Cartago. Llegó a Oaxaca procedente de Michoacán; primero estuvo en Teposcolula y, de ahí, pasó a San Pedro y San Pablo. Posteriormente, llegó a Oaxaca como lector. En Antequera fue canónigo y lector de Teología en Santo Domingo antes de 1810. Fue un eclesiástico ilustrado y afín a la Independencia. Su nombramiento también fue el 26 de agosto de 1826, mediante el decreto del Primer Congreso Constitucional. Dejó la dirección del Instituto a finales de 1828 o principios de 1829. El motivo fue su avanzada edad, una enfermedad y sus diferencias con los liberales. Murió en 1832. Se estima que nació entre 1760 y 1770, aunque no se conoce la fecha exacta, pues no existe su partida de nacimiento porque los libros de Cartago se quemaron en 1822.
Sin estos seis centroamericanos, no hubiera habido Instituto. Fueron ellos quienes trajeron a Oaxaca las ideas de las Cortes de Cádiz, la Constitución y el Derecho Público moderno que habían aprendido. Entre quienes recibieron esa formación estuvieron Benito Juárez García, Porfirio Díaz Mori, Tiburcio Cañas, Félix Romero, Miguel Méndez, Marcos Pérez, Ignacio Mariscal, Matías Romero Avendaño, Manuel Ruiz y José María Díaz Ordaz, quien llegó a ser presidente de la Academia de Derecho, entre otros.
A todos ellos, sin distinguir a alguno, Oaxaca los recibió; nos dieron cátedra y Oaxaca les dio sepultura. Nicaragua, Guatemala y Costa Rica los reclaman como próceres, pero también son fundadores de nuestra hoy Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca.
Oaxaca de Juárez, 12 de octubre de 2026.
JORGE BUENO
Cronista de Oaxaca
Presidente de la A.E.C.O.
Secretario General de la Federación Nacional de Asociaciones de Cronistas Mexicanos A.C.
































