Los rubros olvidados - El Imparcial de Oaxaca
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Editorial

Los rubros olvidados

 


A poco más de un mes de que concluya el gobierno de Alejandro Murat, es importante subrayar que durante su régimen hubo algunos rubros de la economía que, a diferencia de otros, estuvieron prácticamente en el olvido. Se ponderó mucho al turismo, que no a la cultura. Se atendieron las inversiones, aunque de manera desafortunada, dado que por un lado se hablaba de flujo millonario para la producción de energía eólica, pero, por otro, organizaciones y grupos que dicen defender la tierra y el territorio, ganaban amparos para echar por tierra las inversiones. Es decir, en lugar de otorgarle prioridad a la negociación y a fomentar el apoyo de las comunidades se dejaron sueltos a grupos, cuyos dirigentes no buscan más que el beneficio económico. Y lo vimos recientemente con el cierre de la empresa refresquera Gugar, en San Bartolo Coyotepec, promovida por conocidos pájaros de cuenta.

Otros sectores de la economía a los que les dieron sólo minucias fue a la agricultura, la ganadería y la industria forestal. Se trata del sector primario. Las estadísticas no reportan algún incremento en la producción de maíz, frijol, caña de azúcar u otros. Se echaron las campanas al vuelo para festinar la exportación de mango o piña, pero sin un crecimiento o apoyo real a los productores. Poco se supo de giras de trabajo del gobernador Murat Hinojosa para echar andar grandes proyectos productivos. En cambio, cada viaje, cada gira, era para ponderar el flujo turístico, las artesanías, el mezcal, los destinos de playa o los pueblos mágicos, pero nada sobre los grandes recursos que tiene la entidad como la minería, la pesca o la acuacultura. De los más de 600 kilómetros de litoral que tiene el estado y su gran potencial para la pesca ribereña o mar adentro, de camarón y otras especies, sólo se escucharon quejas.

Mucho se dijo de las carreteras a la Costa y al Istmo, para toparnos con pared. Este gobierno terminará sin haberse inaugurado ninguna de ellas. En los últimos meses se mencionó a menudo de un crecimiento económico superior a la media nacional, sin embargo, en los hechos seguimos tan mal como hace seis años. Es decir, ni resultados ni el “modelo Oaxaca” se han concretado. Todo ello lo único que ha alentado es el morbo social. He ahí el por qué se espera del siguiente gobierno un plan de desarrollo realista y basado en lo que falta hacer, no especulaciones ni buenos propósitos.

 

Seguir los protocolos

 

El pasado 11 de octubre, el gobierno federal que siempre desestimó el uso del cubre-bocas para paliar los contagios y muertes que trajo consigo la pandemia de Covid-19, afirmó que dicho elemento de contención ya no era obligatorio. Los noticiarios nocturnos y otros medios de comunicación que siempre criticaron la falta de consistencia y contradicciones de las autoridades sanitarias federales, en especial al doctor Hugo López Gatell, Subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, conocido también con el apelativo de “Doctor Muerte” o “El Zar anti-Covid”, respecto al uso del cubre-bocas o mascarilla, se sorprendieron de dicha medida, dada así de botepronto. Si bien es cierto que la pandemia ha aminorado su carga mortal y la saturación hospitalaria, gracias a la aplicación intensiva de la vacuna, también es cierto que aunque los casos son pocos, sigue entre nosotros el virus del SARS-CoV2.

Por fortuna las autoridades sanitarias de Oaxaca asumieron una postura de madurez y mesura, por lo que han sugerido mantener el uso de dicho elemento de prevención por un tiempo más, habida cuenta de que tenemos encima la temporada invernal, cuando se recrudecen los males respiratorios. Además, es factible que con ello, aunque para muchos resulta molesto, se puedan evitar otros males. En efecto, las gripes y los males de garganta son altamente contagiosos, por lo que urge que en espacios cerrados se siga utilizando el cubre-bocas. No se trata de una medida arbitraria. Si hemos sobrevivido más de dos años y medio capoteando un mal tan letal como fue al principio el Covid-19, que en Oaxaca dejó más de 6 mil decesos, nada cuesta tolerar otros meses, aplicando los protocolos preventivos que, en el corto o largo plazo, nos salvarán la vida.

No es un secreto que el levantamiento de la prohibición tuvo poco impacto en la entidad, en donde una parte importante de la ciudadanía había dejado de usar la mascarilla desde hace tiempo. Sin embargo, otro sector importante se lo sigue aplicando de manera obligatoria, como por ejemplo las escuelas desde nivel básico hasta profesional; los bancos, hoteles, restaurantes, salas de cine, centros comerciales, etc. Nada, absolutamente nada es exagerado cuando lo que está de por medio es la vida. Resulta paradójico pues que aquellos que tanto soslayaron las medidas sanitarias, como los tapetes, el uso de gel o el multicitado cubre-bocas, ahora, con bombo y platillo anuncien su no obligatoriedad.