El ayuntamiento no puede - El Imparcial de Oaxaca
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El ayuntamiento no puede

 


Es lamentable el estado de las calles, no solo son las de la periferia que llevan años sin mantenimiento, sino del mismo centro y la zona norte. El poco mobiliario urbano que sobrevive está destartalado o derribado por conductores ebrios.

Los parques de la ciudad son el refugio de los ambulantes, agrupaciones a las que debe tener especial simpatía el edil capitalino porque gustosamente las tolera. El Llano está totalmente invadido, al igual que la calle de García Vigil y otras de la colonia Reforma

Las fuentes, los parques y jardines son los testigos de la falta de interés que cada gobierno siente por ellos. Antes de que cayeran los enormes laureles del Zócalo y la Alameda murieron cientos de palmeras abandonadas. Solo quedan los troncos de muchas de ellas para recordar la indolencia oficial.

Oaxaca es una ciudad sin ley, no tiene manera de aplicar sus propios reglamentos a los antros, bares, salones de fiesta y terrazas que proliferan por la ciudad, mucho menos regular su propio uso de suelo, otorgar una vigilancia apropiada y algo indispensable en estos tiempos: la digitalización de sus servicios, entre otros muchos pendientes.

El conjunto de problemas son el resultado de malos gobiernos que se han sucedido unos a otros y que no han querido hacerles frente y asumir la responsabilidad a cabalidad porque el puesto de presidente Municipal lo usan como un trampolín en búsqueda de otro hueso, ya sea una diputación, senaduría o hasta el sueño guajiro de querer ser gobernador. La presidencia municipal debería ser un fin y no solo un medio.

La instancia municipal, como primer nivel de gobierno, es la que interactúa directamente con la gente, la que atiende y resuelve muchos problemas, por ello, la incapacidad de la autoridad para cumplir con sus obligaciones molesta y afecta tanto a sus habitantes.

Pensando primero en su propio futuro político, nadie de los que ha ocupado la silla municipal ha querido enfrentar con seriedad el principal problema: la falta y distribución eficiente de los escasos recursos. Todos han administrado el problema y han preferido nadar de muertito.

¿A quién sirve el municipio? ¿A sus habitantes o a sus empleados?

El 90% del presupuesto municipal se destina a gasto corriente, es decir, a las erogaciones que se destinan al pago de remuneraciones y servicios al personal, así como a cubrir otros gastos administrativos. En buen español, el ayuntamiento se gasta casi todo en sueldos, pensiones, prestaciones y apoyos a su personal y sólo un ridículo 10% se destina al mantenimiento de la ciudad capital. Sus 2 mil empleados y pensionados contra los 270 mil habitantes capitalinos. En servicios personales, que incluye sueldos, sobresueldos y gastos de representación se va el 72% del dinero. A la ciudad le quedan apenas unos 150 millones al año de los 1500 ejercidos.

Es un caso similar al de la UABJO, que no está al servicio de la academia y sus alumnos sino de sus múltiples sindicatos que, al igual, se quedan con más del 95% del presupuesto anual.

Corregir un problema de esta magnitud no es tarea fácil ni rápida. Han sido años de descomposición en que los ediles han preferido doblar a la ciudad que afectar a sus sindicatos porque siempre han tenido en mente que primero debe estar su futuro personal que el buen destino de la capital por la que suplicaron el voto.

Seguramente la corrección paulatina de tal desequilibrio deba incluir negociaciones que involucren al Congreso, al ejecutivo y al propio cabildo para que se legisle y se ponga un tope a las prebendas de que gozan. La obligación primaria y constitucional de los gobiernos municipales es atender a su población y, por lógica, la mayor parte del presupuesto debe destinarse a obras, mantenimiento, seguridad y otras muchas necesidades de nuestra gran capital.

Necesitamos en la presidencia municipal y en otras instituciones auténticos líderes que estén dispuestos a jugársela por su ciudad, como lo hicieron años atrás quienes construyeron el legado que hoy tenemos. Solo para recordarles que apenas hace 50 años, el municipio casi no tenía dinero y, sin embargo, hizo mucho más que estos últimos gobiernos en que les han entregado cuantiosos recursos.

La prioridad del gobierno municipal debe ser la atención de la ciudad. A partir de ahora deberían modificarse las condiciones de trabajo para que en los próximos años vaya quedando un porcentaje mayor del presupuesto para las necesidades del municipio. Es necesario romper el círculo vicioso en que, a mayor presupuesto, mayor gasto corriente y poca inversión y obras públicas.

Dedicar a Oaxaca solo un 10% del presupuesto es un acto de violencia política en contra de sus habitantes. Las frivolidades y ocurrencias en medio de la crisis son repudiables.

Twitter @nestoryuri


 

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