Sin miedo, sin ambición y sin expectativas | El Imparcial de Oaxaca
Oaxaca
La Capital Los Municipios
El Imparcial del Istmo El Imparcial de la Costa El Imparcial de la Cuenca
Nacional Internacional Súper Deportivo Especiales Economía Estilo Arte y Cultura En Escena Salud Ecología Ciencia Tecnología Viral Policiaca Opinión

Opinión

Toltecáyotl

Sin miedo, sin ambición y sin expectativas

 


La vida, podríamos decir, es solo un sueño fugaz. Una realidad que, cuando tomamos conciencia de ella, es un instante antes de la muerte. Cuando no se tiene conciencia de la vida, no se tiene conciencia de la muerte. Vivimos en la inconsciencia, como zombis, y morimos totalmente conscientes. ¡Qué paradoja!, vivimos inconscientes y morimos con la totalidad de nuestra conciencia. En efecto, parece que en el último instante antes de perder la conciencia frente a la muerte, se conectan todas nuestras neuronas, encendiéndose en un haz de luz que nos funde con la totalidad del universo, regresando a ser parte del Todo, pero sin la conciencia del yo individual. Resulta terrible tener que morir sin haber vivido.

Cuál es entonces el desafío del estar vivo, indiscutiblemente recuperar la conciencia de ser y estar, en el aquí y en el ahora. Los Viejos Abuelos toltecas alcanzaron esa sabiduría, y en el vértice superior de su sabiduría y conocimiento, podían llegar, superando dificultades suprahumanas, para cruzar ese “puente”, entre la conciencia humana y la conciencia energética. Es decir, fundirse con el Todo, sin perder su conciencia individual, para penetrar otras realidades inimaginables desde nuestra limitada percepción humana del mundo, la vida y el universo.

Esto explicaría el por qué, a diferencia de otros pueblos menos evolucionados que estaban, y siguen estando, reducidos en el limitado mundo material del tener y del poder, en los placeres materiales y sus aberraciones deshumanizadas. Explica, el por qué, de la razón de la existencia del Estado y los pueblos del Anáhuac, no era la guerra ni el comercio; aquí no se construyeron fortalezas, murallas, castillos ni palacios, el por qué, aquí, no existió la propiedad privada, ni el dinero, y el bien común estaba por encima del interés privado, donde la aspiración comunitaria era el desarrollo de la espiritualidad. Finalmente, explica, la razón por la que nuestros antepasados construyeron el mayor número de pirámides en la historia de la humanidad, en el llamado mundo antiguo, y explica también, la razón por la cual existe en el territorio nacional, el mayor número de zonas arqueológicas que, no eran ciudades, palacios y menos fortalezas, sino, por el contrario, centros de investigación y estudio, llamados tollan, donde se trabajaba esta sabiduría que es conocida como Toltecáyotl en la civilización del Anáhuac.

Pero, amable lector, volviendo al aspecto filosófico de esta entrega, el desafío en el mundo moderno, en donde se han trastocado los valores perennes de la vida, en el que TODO es dinero, en donde la mentira, los antivalores, la deshumanización, la individualidad, el consumismo, nos llena de un enorme vacío existencial que, pretendemos inútilmente, llenarlo de objetos, algo así, como pretender quitar la sed bebiendo agua de mar.

Hemos perdido, en el mundo y la vida moderna, la esencia misma de la vida, su sacralidad y su razón de ser. Todo se reduce a una visión material, solo poseer dinero a cualquier precio, para comprar y tratar de realizarse en la vida poseyendo objetos o ejerciendo el poder sobre el mundo que nos rodea. La vida moderna es, en síntesis, un puñado de expectativas de poseer para poder Ser. Las expectativas son aquellas ideas que el sistema nos ha metido en la cabeza y el corazón. Nuestra conciencia queda saturada de estas expectativas como razón de vida, como proyecto de realización personal. Cada día creamos más y reforzamos las anteriores. Nos convertimos en un puñado insatisfecho de expectativas frustradas. Porque el mundo y la vida, según estas expectativas, tiene que ser “así y asá”, pero la realidad no se ajusta a ellas.

Se deben deshacer las expectativas. Tratar de ser humildes y agradecidos por todo lo que tenemos, comenzando con la vida y la salud. Entender que no se puede uno aferrar a nada, que, “solo estamos un poco aquí”. Debe uno “parar al mundo”, veloz y vertiginoso, que siempre nos apremia urgentemente a ir rápidamente a ninguna parte. Detenernos a SENTIR y percibir la maravilla del ser y del estar. Percibir a los seres vivos con los que compartimos el aquí y el ahora, los árboles, los animales, las montañas, el cielo, la noche, pero, en especial, los seres que amamos, nuestros compañeros de vida.

Hacer lo que hacemos, con pasión, con una lujuria callada, no porque sea algo importante, nada es importante frente a la inevitable muerte, sino es importante, porque hemos decidido ser responsables de nuestra decisión de hacerlo, sabiendo que nada es importante en el mundo material, porque todo es pasajero, como nosotros mismos. Así, vivir intensamente, sin miedo a perder y sin ambición de ganar, sin expectativas. Solo agradecidos íntimamente por la dicha de poder percibir y estar conscientes de que estamos VIVOS. Filosofía tolteca. Educayotl AC. Educar para el futuro con la sabiduría del pasado. www.toltecayotl.org