Las Telenovelas | El Imparcial de Oaxaca
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Opinión

Las Telenovelas

 


Sí, sí vi recientemente una telenovela de Televisa y le voy a explicar por qué.

Me refiero a una serie del Canal de las Estrellas, y aunque la historia y la selección de parejas no es muy exitosa, tiene esta comedia una particularidad de lo más interesante.

Se habla el español en cinco formas diferentes, cinco léxicos muy particulares.

Destaca la forma de hablar de los barrios de las ciudades grandes, especialmente los de la Ciudad de México, en el que se usan una serie de modismos y retruécanos de lo más variado, que hacen las delicias de quienes ponemos atención a este género. Esta forma de hablar propia de las clases medias bajas con mínima educación, la pone el autor en la voz de la mayoría de los personajes.

Dicen:

Pásele a lo barrido. Se desconchinfló el coche. Me va usted a descuacharingar. Ya la regué. No me haga de chivo los tamales y mil más de la lengua cotidiana de esa ciudad.

A la madre, a la mamá, le llaman mi jefa o jefecita, a los amigos con el mexicanismo cuate, en nahuatl Coatl, o carnal, y repito, todos entendemos en México, pero en otros países de habla hispana parece que hablamos en chino.

Convive esa forma de hablar, en la telenovela, con el lenguaje normal de las clases acomodadas y educadas y que se escucha en voz de varios actores y actrices.

Simultáneamente, en boca de dos personajes venidos de Madrid, se escucha el español peninsular en el que por ejemplo llaman pasta al dinero, billetes a los boletos de avión, majo al hombre guapo y en un coloquio muy curioso, el personaje que es chofer de una de las señoritas de la casa, llama “Padrotito de banqueta” a un españolito que explota a su novia, y cuando el ofendido pregunta “Qué me dijo” la novia traduce: “Chulo barato”, y así por el estilo.

El mayordomo de la casa grande habla con un lenguaje distinto, español es cierto, pero marcadamente  grandilocuente, rebuscado y culterano, que contrasta con las otras formas de hablar.

Pasamos casi sin darnos cuenta de Quevedo a Góngora y Argote.

Por si fuera poco, nos presenta el guionista el idioma que hablan los jóvenes, los chavos, en expresiones muy en boga, ya que al encontrarse no dicen buenos días o cómo está usted, vaya, ni siquiera el desaparecido “Quíubole”, ahora dicen al saludarse: Qué onda, qué chido estuvo el paseo, la neta la fiesta estuvo padrísima y muchas otras expresiones.

Si usted amiga lectora enfoca su atención a esas cinco distintas formas de hablar, la telenovela será mucho más interesante.

Todos o casi todos entendemos esos modismos, y el mérito de la telenovela es reunirlos en una sola historia.

Por lo demás es una narración banal con buenos y villanos, con la estructura invariable y sin imaginación de Televisa de este género en donde toda la audiencia conoce desde el principio los secretos, pero los protagonistas no.

En fin que a pesar de todo y francamente por el idioma, cuando puedo no me pierdo esta clase de bodrios de comedia.

Se me olvida, el nombre que le ponen a un auto de carreras es muy curioso, porque en vez de imponerle el nombre de algún bólido que denote velocidad, el rayo, la saeta o ya de perdis la flecha, no, le llaman al auto “El patotas”, así que imagínese amigo lector como están la serie de modismos y expresiones de los distintos personajes de barrio, que en cierta forma pretenden imitar, digo, a los muñequitos de la Familia Burrón, o a las expresiones de la Chimoltrufia del  Chavo del Ocho.

Bueno, usted dirá y ahí me platica.

Yo también soy Pueblo.

Por ahí nos encontraremos.