Dignidad humana | El Imparcial de Oaxaca
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Dignidad humana

 


Los derechos humanos son un conjunto de exigencias y pretensiones éticas que favorecen la libertad y la igualdad de todos los seres humanos” “Los derechos humanos son un conjunto de exigencias y pretensiones éticas que condicionan la validez de toda actuación jurídica” Los Derechos Humanos nacen todos, de la Dignidad Humana.

¿Qué es la Dignidad humana?: Gregorio Peces-Barba Martínez Catedrático de Filosofía del Derecho, y rector de la Universidad Carlos III de Madrid en el texto 10 palabras clave para entender los Derechos Humanos dice.- La dignidad humana es el fundamento de la ética pública. Ésta, como paradigma político y jurídico de la modernidad, está conformada por cuatro grandes valores: la libertad, la igualdad, la solidaridad y la seguridad jurídica. 

La idea de dignidad humana, para su realización a través de la vida social, inseparable de la condición humana, se plasma en esos cuatro valores, cuyo núcleo

esencial lo ocupa la libertad, matizada y perfilada por la igualdad y la solidaridad, en un contexto de seguridad jurídica.

La ética pública configura una organización jurídica y política donde cada uno puede establecer libremente sus planes de vida o elegir entre aquellos proyectos de planes de vida institucionalizados, por un grupo social, por una Iglesia o por una escuela filosófica, que parte de la libertad inicial o de elección, como dato propio de la condición humana, y que se inspira y se fundamenta en el valor de la libertad social, de la seguridad, de la igualdad y de la solidaridad.

En este sentido, la dignidad humana se presenta como el referente principal de los valores políticos y jurídicos de la ética pública de la modernidad y de los principios y derechos que de ellos derivan. Por tanto, la idea de dignidad humana constituye, igualmente, el fundamento de los derechos humanos.

La dignidad humana: una construcción de la modernidad:  El sentido actual de dignidad humana, con algún precedente en el mundo antiguo, arranca del tránsito a la modernidad, donde surge el concepto de ser humano centrado en el mundo y centro del mundo, es decir, donde esa dignidad es acompañada por la idea de laicidad.

En la Edad Media, la única dignidad existente, al menos hasta los siglos XIII y XIV, es de origen externo, basada en la imagen de Dios o en el honor, cargo o título, como apariencia o como imagen que cada uno representa o se le reconoce en la vida social. En ambos casos, la progresiva influencia del elemento externo puede incluso difuminar u oscurecer las dimensiones personales de la dignidad haciéndola depender en exceso de esos elementos exógenos. 

La hipertrofia del rango y de la jerarquía privará de dignidad a los inferiores, por eso en las sociedades muy jerarquizadas u organizadas en estamentos, en castas o en órdenes, no es posible la igual dignidad, si ésta pretende ser un mínimo de autonomía personal, un coto vedado a las intromisiones externas. 

Por ejemplo el movimiento ilustrado pretende que el individuo pueda brillar con luz propia. Es el siglo de la devolución de la luz al ser humano, así como de su dignidad propia.

Por eso, el concepto de dignidad humana es propio del mundo moderno, con unos antecedentes en otras culturas, como la china o la clásica greco-romana.

La dignidad medieval de origen externo, heterónoma o derivada, no es propiamente dignidad humana porque no es autónoma, ni impulsa el desarrollo individual de la condición humana, y no arranca del propio individuo.

La dignidad humana en el tránsito a la modernidad comienza a adquirir su perfil moderno y a abandonar progresivamente las dos dignidades dependientes derivadas o heterónomas que se constatan en la Edad Media.

Empieza, en este tiempo de cambio, a señalarse que el valor de una persona debe medirse por su capacidad para desarrollar las virtualidades de su condición humana. Comienzan así a edificarse los cimientos de una gran construcción intelectual con vocación de realización social, donde esa nueva idea de dignidad va a convertirse en el fundamento de la ética pública de la modernidad y del sistema jurídico que deriva de ella.

La modernidad se plantea desde el humanismo, es decir, desde una idea del ser humano que es el centro del mundo y que se distingue de los demás animales, con unos rasgos que suponen la marca de su dignidad. Y ese ser humano que es el centro del mundo aparece también centrado en el mundo, es decir, es un individuo secularizado, independiente, que decide por sí mismo, que piensa y crea por sí mismo, que se comunica y dialoga con los demás y decide libremente sobre su moralidad privada.

La vocación mundanal es inseparable de la idea de dignidad que se dibuja tras el tránsito a la modernidad, por lo que las ideas del ser humano, centro del mundo y centrado en el mundo, son igualmente inseparables o, dicho de otra manera, la dignidad humana es el fundamento de una ética pública, laica, que se va construyendo a lo largo de los siglos, a partir del XVI, con una especial relevancia

para el modelo de la gran aportación de la Ilustración.