El otro trabajo no remunerado para las mujeres | El Imparcial de Oaxaca
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Opinión

El otro trabajo no remunerado para las mujeres

 


En ediciones anteriores ya hemos hablado del trabajo doméstico y de cuidados, que por los roles de género patriarcales termina siendo impuesto sobre los hombros de las mujeres sin remuneración alguna, en perjuicio de su salud, y con falta de acceso a oportunidades y tiempo para el descanso y la recreación. Como si fueran poco las 39 horas que en el promedio global las mujeres dedican a los cuidados (en el caso de las mexicanas son 50 horas), hay otro tipo de trabajo “voluntario” que en nombre del amor las mujeres terminan realizando y que tampoco es pagado.
En su columna en el New York Time, Roxane Guy autora de “Mala feminista”, escribió sobre el caso de una mujer dedicada a temas de marketing y desarrollo de empresas; su marido empezaba un emprendimiento así que se le hizo fácil a él y a su socio asumir que ella haría ese trabajo.
Resulta que cuando a la protagonista de la historia se le ocurrió preguntar sobre qué tipo de convenio tendrían o cual sería el acuerdo económico, el marido se ofendió tremendamente y se dijo lastimado “al darse cuenta de la falta de apoyo de su propia esposa”. Evidentemente esto provocó una crisis de conciencia en ella que la hizo cuestionarse sus decisiones.
¿A cuántas de nosotras nos ha pasado una situación similar? Ya sea para el esposo, para un amigo o familiar, se asume que las mujeres debemos apoyar incondicionalmente, pasando por alto que los saberes, capacidades y el tiempo que se dedica a cualquier tarea tienen un costo personal, pues nos quitan tiempo, descanso, espacio para actividades personales e incluso tiempo con nuestras hijas e hijos y nos aumetan la carga mental, el estrés y el cansancio físico. ¿Cuántas mujeres no terminan siendo empleadas sin paga de sus parejas?
Roxane Guy opina que si bien es comprensible que el marido se sintiera decepcionado pues en su sistema de creencias el apoyarlo implica un involucramiento incondicional a su proyecto, porque “así ha sido siempre”, lo ideal es hablar honestamente para buscar un equilibrio, empezando por diferenciar entre lo que es un apoyo de tipo emocional e inclusive a nivel de consejos, de lo que implica un trabajo profesional con acciones específicas a realizar, tiempos y responsabilidades destinadas a ganar dinero. No se trata de abrir un frente, ni de dañar la relación, sino de dejar de normalizar el trabajo no remunerado, de la índole que sea.
Se trata de entender que ese tipo de “incondicionalidad” se aleja del amor sano, pues en realidad esas situaciones son herencia de orden patriarcal, generadoras de relaciones asimétricas, que pueden terminar derivando en abusos e injusticias normalizadas, que afianzan las desigualdades de género y hasta explotación de las mujeres. Y esto se da en todas las clases sociales y entornos, porque el orden social patriarcal persiste en todas las culturas y sociedades, en mayor o menor medida.
Hago votos porque como sociedad revisemos los mandatos derivados del amor “romántico” que tanto daño ha hecho a tantas relaciones. Que los hombres asuman sus corresponsabilidades en las familias, y que las mujeres desde nuestros diferentes contextos, conozcamos nuestros derechos y aprendamos a defenderlos con naturalidad sin recriminaciones ni culpas de por medio, hasta que la igualdad y la justicia se vuelva costumbre.