Literatura y neoliberalismo | El Imparcial de Oaxaca
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Opinión

Literatura y neoliberalismo

 


Por Alejandro de la Garza

El sino del escorpión lo llevó a atestiguar una discusión en los mentideros culturales y las redes sociales en torno a la importancia del dinero en la literatura mexicana contemporánea, o, más precisamente, sobre su utilización como recurso literario en nuestra narrativa. La discusión trajo a la memoria del alacrán uno de los muchos sueños impulsados por el neoliberalismo mexicano: el sueño de un supuesto auge de la literatura mexicana, uno de los viajes oníricos más vendidos en el cambio de siglo mexicano.
Desde principios de los años noventa, la transformación hacia una economía abierta alentó la llegada a México de los grandes corporativos editoriales (sobre todo españoles), como el ogro transnacional del mercado decidido a absorber a las editoriales mexicanas para incluirlas en su nómina multinacional. Esta concentración también impulsó la creación de numerosas editoriales independientes en nuestro país, así como el surgimiento de cadenas de librerías multitareas: cafetería, bar, tienda de discos, ropa y regalos, sala de cine y conciertos, etcétera.
Con este telón de fondo, se habló de la diversificación de las tendencias y subgéneros literarios, y se atribuyó incluso a esta apertura del mercado el haber enriquecido y nutrido el precario horizonte literario nacional. Se agradeció entonces al mercado haber llevado a México a uno de sus mejores momentos culturales y literarios. El nuevo modelo económico neoliberal fue señalado como un factor decisivo en el florecimiento cultural y la renovación de la literatura nacional (y la Patria toda, ¡oh!).
El investigador Ignacio Corona, en su estudio “Monsiváis ante la crítica cultural del neoliberalismo” (2011), nos previene, sin embargo, sobre esta celeridad y abundancia en la publicación de libros, la sobreoferta literaria y la creación de tantas pequeñas editoriales independientes como resultado también del abaratamiento de costos en razón de las nuevas tecnologías de impresión, del creciente número de “escritores profesionales” patrocinados por el Fonca y apoyados por el aparato estatal de publicación y distribución; además, Corona exige tomar en cuenta la situación socioeconómica y el nivel de vida en una sociedad neoliberal en donde el disfrute de los bienes culturales se concentró en una minoría. Estos y otros elementos contribuyeron a la multiplicación de escrituras de todo tipo, desde la llamada literatura light hasta, en menor medida, las escrituras desengañadas y rebeldes.En el inicio de este auge neoliberal del mercado literario mexicano ubica el crítico Rafael Lemus el otorgamiento del Premio Nobel a Octavio Paz, quién escribió: “el Mercado nos condena a desechar lo que compramos ayer y, por la boca ubicua de la publicidad, nos intoxica con la droga infernal de la novedad. Idolatría del siglo XX, la adoración de las cosas nuevas que duran lo que dura un parpadeo. Gran engañifa del Mercado, servidor de la nada, rival de Satanás”. Ante el evidente fracaso de las políticas neoliberales (ampliación de la desigualdad a lo largo del mundo), se sigue analizando con cuidado cómo las transformaciones económicas neoliberales modificaron no sólo el mercado editorial (por ejemplo, mediante el mecanismo de los jugosos premios literarios “de diseño”), sino también en la misma narrativa literaria.
Corona nos habla de ejemplos narrativos como algunos textos de Xavier Velasco (Diablo guardián, premio Alfaguara 2003) y varios de Guadalupe Loaeza, mientras el investigador Ignacio Sánchez Prado refiere a los libros de Ruy Xoconostle (Pixie en los suburbios, 2001 y La vida de Pixie, 2005), e incluso a la novela de Juan Villoro, Llamadas de Ámsterdam (2003). Acaso cabe aquí también el éxito literario de Cindy, la Regia (2006), de Ricardo Cucamonga. Todos textos donde se reivindica la “guardarropía del consumo globalizado en la era neoliberal” y el consumo oblicuo de marcas, autos, ropas, lofts, muebles, músicas, incluso comida… Y cuyos personajes revelan la emergencia de una élite de clase media (publicistas, diseñadores, fotógrafos, directores de cine, editores, promotores de relaciones públicas) “cuya ciudadanía se desarrolla en el espacio posnacional del capitalismo global y cuyas variaciones en capacidades individuales o en el performance de habilidades del mercado intensifican las desigualdades sociales y morales” (Sánchez Prado).
Una exposición sobre virus y pandemias
Los impactos del neoliberalismo en la literatura, más allá del simplista filtrarse de la razón neoliberal a la estética literaria, están en revisión, y el escorpión acudirá a estos análisis para ahondar en su comprensión, pero finaliza con una cita ácida del crítico Guillermo Vega Zaragoza: “…se inaugura en México la novela fast food, la literatura efímera, perecedera, la del ‘úsala cuanto antes porque ahí viene la versión 2.0’, una literatura que muy difícilmente resistirá el paso del tiempo, y que sin embargo hay que leer si queremos enterarnos de una de las angustiantes posibilidades de esta nación…”.