Contrainteligencia; la inteligencia frente al espejo | El Imparcial de Oaxaca
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Contrainteligencia; la inteligencia frente al espejo

 


(Parte 1)

Antes de meternos de lleno al tema no sobra recordar que, patrullamiento anterior hablamos de “inteligencia”: hoy, desarrollaremos ese mismo asunto pero elevado ya al siguiente escalón; no estará de más recordar que el espíritu de nuestro trabajo periodístico está en la disección del concepto “Seguridad Nacional”; sin más, en este patrullamiento buscaremos respuestas en las entrañas de la “contrainteligencia”

-El espíritu de la contrainteligencia tiene una misión muy simple: combatir, con métodos ya probados, la inteligencia antagónica. Para ser contra inteligente lo ideal es ser primero inteligente. Imagina un espejo: el inteligente debe reflejar una imagen contra inteligente y viceversa. Es el complemento del Jing y el Jang, la otra cara de la moneda, la contraparte, el águila y el sol, el frente y la nuca, un uno mismo en dos, etc.

Aunque han pasado 40 años recuerdo perfectamente las figuras mentales usadas por Moché Polech; el instructor israelí con esa técnica me colocó en el primer escenario académico de la contrainteligencia. –contra inteligencia es no solo saber que tu mujer tiene un amante, sino desenmascararlo, pero de antemano deberás saber con qué fin hacerlo, ¿lo vas a anular y controlar? 0 ¿lo vas a eliminar?- hasta ahora no se si Moché uso esas imágenes para ganar nuestra atención, el punto está que cuarenta años después las recuerdo palabra por palabra, -si eliminas al intruso tendrás que comenzar de nuevo, como sea esos tíos son inevitables- el israelí sentenció –mejor contrólalo para tú beneficio- caras de interrogación no dejaban de ver a Polech- no sé, ideas nuevas en la alcoba…ah, pero que no le pegué a los niños porque entonces ahí sí, que se vaya al carajo- recuerdo que Moché buscó risas entre los cursantes, no consideró que los alumnos éramos latinos-.   

Aunque bizarra, la figura idiomática de aquel instructor hebreo tuvo efectividad; hasta hoy, 40 años después de aquel curso tengo claro que -saber que tienes el enemigo en casa, pero perfectamente identificado y controlado para convertirlo en doble agente es en beneficio de nuestra misión: que el antagónico te dé información que tú le suministras al espía y que el espía te mantenga informado del antagonista, con la clara advertencia de que si te traiciona como está traicionando al que te lo mandó su fin será radical. Y si, definitivamente, la contrainteligencia además de ser un arte, cuesta mucho dinero. Por cierto, otra acción que se debe practicar es la detección de aquellos nuestras agentes de inteligencia cooptados por el antagónico.  

Hasta aquí no sobra un 1er resumen; la contrainteligencia sirve para detectar a la inteligencia antagónica, nos preserva de los efectos dañinos y nos da la posibilidad de anularlos y, lo más importante, durante nuestros actos de contrainteligencia, esa auxilia en los procesos de nuestra propia inteligencia.

 Antes de dar vuelta a la mesa para tomar notas y sumarlas a este trabajo califico como importante definir el perfil ideal de un contra/inteligente, ese debe ser: observador del entorno de la gente, analítico, de sangre fría, dubitativo (siempre dudando), cero protagonista, de bajo perfil, alejado de los reflectores, desconfiado, el talón de Aquiles más que protegido, sin escrúpulos, nada da fanfarronerías, con inteligencia especial (saber dónde está), sin amigos, conocedor de los métodos de inteligencia de campo y académico, conocimiento de la historia, criptógrafo, calculador, conocimiento de la naturaleza humana, sabedor de psicología y sociología, ubicuo, serio, ávido lector, extrovertido e introvertido a la vez, comediante, artista del disfraz físico y de personalidad, sabedor de ingeniería social, con una doble vida, siempre con una coartada, siempre inesperado, poliglota, y varios etcéteras. Ese sería, según mi expertis, el perfil ideal de un ente dedicado a la contrainteligencia.

Ahora, recordemos; al principio de esta plancha deslice la idea de que, el oficio de “actor de contrainteligencia” en su quehacer tiene algo de atractivo e incluso divertido. Sherlock Holmes es un personaje que sabe de inteligencia y mucho de contrainteligencia, sería sin duda un personaje ideal para esa arte. ¿Otro? James Bond, e incluso, no se puede dejar de recordar al mismísimo Súper Agente 86 y para los jóvenes al antihéroe Austin Powers, alias Goldmember. Y como hoy yo habré de cerrar los trabajos pedí a los tenedores de los sillones verdes nos obsequien sus observaciones para yo, desde la columna de la elocuencia, cerrar los trabajos.