La igualdad (IV y última) | El Imparcial de Oaxaca
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La igualdad (IV y última)

 


Por Eduardo Aragón Mijangos

El género y la sexualidad genera desigualdad, ¿por qué habría que segregar entre hombres y mujeres y las diferentes preferencias sexuales? Desde el momento en el que nos dividen entre hombres y mujeres ya estamos mal, de hecho, por eso, hasta algunos movimientos feministas caen en el error de remarcar la segregación.
El hecho necesario y fundamental de reconocer nuestras distintas características, nuestras distintas formas de ver la vida, no es motivo suficiente para segregarnos y seguir el injusto juego de roles que el patriarcado pernicioso impone. Al contrario, sólo reconociendo nuestras múltiples e infinitas características humanas, personales, sexuales y dándoles el mismo tratamiento social, jurídico y político, podemos alcanzar una verdadera igualdad.
Que hoy en día las mujeres no puedan acceder a las mismas condiciones laborales, a los mismos puestos de decisión y liderazgo social y político, a las mismas libertades sexuales y sociales que los hombres, sólo por poner algunos ejemplos de las terribles desigualdades que hemos generado, no tiene explicación, es absurdo, es una barbarie. Y ni hablar de los distintos tipos de violencia ejercidos por el hombre sobre las mujeres, no sólo impunes sino normalizados, que como género sólo nos debería causar una enorme vergüenza, pero abundan los infelices que prefieren buscar justificaciones ridículas.
Las nacionalidades, hablando del Estado-Nación, son otra ilusión creada para proteger la macropropiedad y los intereses de las noblezas “divinas” (viejas) o de facto (nuevas); las fronteras son artificiales, los nacionalismos no existen, son invenciones de la humanidad que crean diferencias y categorías de humanos.
El hecho de reconocer nuestra variedad/diversidad cultural, étnica, racial, cromática, lingüística, ideológica, etc., los diferentes usos y costumbres de cada pueblo que los hacen una comunidad, no son suficiente razón para establecer diferenciaciones, clasificaciones, fronteras y desigualdades como lo hacemos al creer que somos de un país determinado, que es una simple demarcación arbitraria del territorio.
Piensen en el siguiente ejemplo, supongamos que mañana Texas regresa a México, ¿por ello las personas que nazca en Texas pasado mañana, serán ahora mexicanos? Más a fondo: México como nación es un invento, en todo caso, si tuviéramos que hacer diferencia, distinción o clasificación en este sentido, que tampoco lo veo adecuado, tendríamos que distinguir entre la nación Zapoteca y Mixe o la Tarahumara, Maya, Náhuatl o Yaqui, esas son más nacionalidades que la llamada México. La categoría de mestizo surgió para justificar la Nación mexicana que es artificial; lo mismo pasa en todo el mundo, la división arbitraria que el Capital hace para apropiarse de los territorios, porque no se trata más que de eso, apropiarse del territorio, del patrimonio de los pueblos y del capital humano; y preservar privilegios y desigualdades a nivel macro.
Con esto no se quiere decir que el maya o el mixe o el yaqui tienen que renunciar a su percepción de la vida, a sus usos y costumbres y generar estándares de percepción o percepciones estandarizadas, no, por el contrario, lo único que significa es que hay que reconocernos como zapotecos, como mayas, incluso, quizás ahora, como mestizos (indios sin pueblo, eso es lo que somos los mestizos), con nuestras formas de ver la vida, nuestra cultura, nuestros usos y costumbres, todos igual de validos en un mundo verdaderamente igualitario, donde ningún pueblo imponga nada.
Podrán estar de acuerdo o no en la injusticia que pueda existir en cada una de las instituciones de la desigualdad que aquí he presentado, es decir, podrán estar de acuerdo en que es justo o injusto dividirnos por familia, en si es justa o no la propiedad privada y la división del trabajo; en que es justo o no el derecho de algunos a estudiar y comer en razón al dinero; en dividirnos en hombres y mujeres, católicos y budistas, mexicanos, triquis y guatemaltecos, etc. Pero, creo que en lo que estamos de acuerdo todos, y que es lo que trato de demostrar, es que no vivimos en un mundo igualitario, en que la igualdad es un discurso demagógico, que hasta ahora nadie se ha planteado realmente abolir las desigualdades.
La próxima vez que hablemos de igualdad pensemos en el significado de la palabra y no en un simple discurso político que sirve para tratar de justificar las desigualdades institucionales creadas por un sistema cuyo motor es precisamente la desigualdad.
Sí, el motor del capitalismo es la desigualdad, no habría explotados en un mundo igualitario, por eso el capitalismo necesita, como nosotros del aire, desigualdades y privilegios.
Termino como empecé: Para poder ser felices tiene que reinar la bondad; para que reine la bondad tiene que haber justicia; para que haya justicia tiene que haber igualdad. Si no hay igualdad, no habrá justicia, si no hay justicia no habrá bondad, si no hay bondad no vamos a ser felices en comunidad.